Una tarde de un día lluvioso, oscuro y frío se encontraba un conejito debajo de un árbol esperando que la lluvia cesara para irse a su casa con su mamá y su hermanito.
El conejito desesperado por que la lluvia no cedía, comenzó a dar vueltas y vueltas alrededor del árbol y al volver la vista hacia arriba vio que en las ramas se encontraba un ave que limpiaba su pico con sus garras.
El conejito se dijo a sí mismo:
Esta ave come conejos y me quiere comer, pero, no lo va lograr porque soy un conejito valiente y listo y se cómo defenderme de su pico y de su garras.
De pronto el ave extendió sus alas y comenzó a papalotear en señal que estaba lista a emprender su vuelo.
El conejito lo vio y espantado no sabía si quedarse o salir corriendo.
Pero para su tranquilidad en ese momento la lluvia cesó por completo y el solo salió en toda su plenitud que aprovechándose de la ocasión, el conejito contento y feliz se dirigió al ave y le dijo:
- Tú eres un ave que come conejos, pero a mí, no me comerás, porque yo sé cómo defenderme:
El ave admirada del conejito valiente dijo:
- Mi pico y mis alas no me sirven, no puedo volar y no te quiero comer, porque ya lo hice, pero si mañana te veo, te comeré, así que puedes irte a tu casa.
De modo que el conejito se fue a su casa y al llegar comenzó a llamar a su mamá y hermanito diciendo:
¡Mamá! ¡Mamá ya llegué! sal hermanito vamos a jugar.
El conejito insistiría e insistiría llamando a su mama y hermanito, pero ellos nunca salieron por que no estaban en casa.
Y así pasaron las horas, hasta que llegó la noche y el conejito se quedó dormido.
Al día siguiente por la mañana el conejito salió muy temprano a buscar su mamá y hermanito por lo lugares adonde ellos suelen ir a pasear.
Pero todo fue inútil el conejito no encontró a su familia y muy triste comenzó a resignarse creyendo que su mamá y hermanito habían sido comidos por el ave que había visto un día antes en ese árbol y con sus lágrimas moviendo sus orejas exclamó:
- Ave come conejos te has comido a mi mamá y hermanito, lo único que tengo en esta vida, voy a enfrentarte para acabar con tus alas para que nunca vuelvas a comer conejos.
En ese instante el conejito valiente emprendió el camino a donde había visto al ave.
El conejito al encontrarse al ave le dijo:
- Ave come conejos te has comido a mi familia baja de ese árbol y lucha conmigo.
El ave hambrienta se lanzó como una flecha hacia donde se encontraba el conejo, pero el conejo astutamente dio un enorme salto que al caer al suelo cayó sobre las alas que se las rompió; el ave ya nada pudo hacer para defenderse.
El conejito valiente totalmente feliz y contento se regresó de vuelta a su casa y al llegar, se percató que en su interior, se encontraba su mamá y hermanito, totalmente sanos y salvos.
El conejito valiente preguntó a su mamá:
- ¡Mamá! ¡mamá! ¿dónde estaban los he andado buscando?
La madre del conejito respondió:
- Hijo mío salimos a buscarte con tu hermanito, creímos que algo malo te había sucedido y tú ¿donde andabas?
El conejito mostró signo de arrepentimiento y dijo:
- He hecho algo malo mamita, creí que una ave se los había comido y fui buscarla y la desafié y luché con ella y la lastimé al grado de romperle sus alas, de alguna forma tenía que vengar la muerte de mis seres queridos.
La mamá del conejito valiente dijo:
- Hijo mío te has portado como un conejo valiente y adulto que defiende el honor y la vida de sus familiares, pero te has equivocado al enfrentar a un ave que por su naturaleza como conejos y haz alterado el orden alimenticio de la vida, dime hijo mío ¿qué vas a hacer?
El conejito se quedó quieto y en silencio respondió:
- Voy a cuidar de esa ave, hasta que sane y pueda volar.
Y de esa forma el conejito valiente estuvo al lado del ave, no importando lo que pudiera pasar o sucederle, tenía que reparar su error y daño que había cometido.
Al pasar los días el ave fue sanando de sus alas, que en un instante emprendió su vuelo hacia su nido y se llevó entre sus garras a ese hermoso conejito valiente.
Mensaje: en algunas ocasiones la imaginación engaña a la razón y cuando esto sucede y causamos un daño a otro, debemos de repararlo, no importando lo difícil que este sea.

*Leobardo Cruz Magariño es abogado, amante de la poesía y la lectura.








