Un hombre entre mucha gente, en un bar.
HOMBRE:
Diez años que no la veía.
Sonríe y se le dibujan pequeñas arrugas alrededor de los ojos. No le quedan mal. En esencia es la misma. Interrumpe la conversación cada tanto para correr detrás de su pequeña hija. Tiene dos. Se parecen a ella. Como calcos. Aunque son de padres diferentes. Cuando la conocí, la mayor debía tener la edad que tiene ahora ésta. Deja vû. Corre escaleras arriba del bar a controlar que la niña no se caiga. Desde allí me hace un gesto gracioso. Si estuviera sola le diría que intentáramos estar juntos otra vez. Baja y sienta a la niña sobre su falda, le insiste para que coma un pedazo de pizza. Le cuento que estoy viviendo en Atlántida. Le brillan los ojos. Era su sueño tener una casa cerca del mar.
Mañana le voy a decir que nunca la pude olvidar. Si podemos encontrarnos a solas, sin toda esta gente. Hay algunos pocos amigos comunes, todos los otros, amigos suyos, desde que se vino a vivir a Buenos Aires. Sabe hacerse querer.
Tal vez le cuente que estuve internado, con un stress agudo.
Debería pedirle perdón, por haberla perdido.
Si fuera su marido no la dejaría encontrarse conmigo.
Soy celoso yo.
Mañana le voy a ofrecer mi casa para las vacaciones. Que vaya con su familia. Voy a estar en Ámsterdam para esa época. Seguro va a llorar.
Se ríe ahora. Alguien dijo algo. Me perdí el chiste. Me mira. Debe pensar que estoy triste. Me mira y siento lo mismo que cuando me tiré por primera vez de un tobogán.
Alguien pide la cuenta. Los mozos retiran los platos sucios. Me doy cuenta que todo el tiempo hubo música detrás de las voces. Su hija llora. No se quiere ir. Le digo que la llamo mañana para tomar un café. Porque a la noche me vuelvo a Uruguay. A mi casa cerca del mar. Mi casa deshabitada de ella. Que tal vez se parezca a la casa que ella armó en algún lugar de su ilusión.
Tal vez le cuente que estuve internado, con un stress agudo.
Debería pedirle perdón, por haberla perdido.
Si fuera su marido no la dejaría encontrarse conmigo.
Soy celoso yo.
Mañana le voy a ofrecer mi casa para las vacaciones. Que vaya con su familia. Voy a estar en Ámsterdam para esa época. Seguro va a llorar.
Se ríe ahora. Alguien dijo algo. Me perdí el chiste. Me mira. Debe pensar que estoy triste. Me mira y siento lo mismo que cuando me tiré por primera vez de un tobogán.
Alguien pide la cuenta. Los mozos retiran los platos sucios. Me doy cuenta que todo el tiempo hubo música detrás de las voces. Su hija llora. No se quiere ir. Le digo que la llamo mañana para tomar un café. Porque a la noche me vuelvo a Uruguay. A mi casa cerca del mar. Mi casa deshabitada de ella. Que tal vez se parezca a la casa que ella armó en algún lugar de su ilusión.
* Los Cuadernos de las Gaviotas Nº27/cuento/poesía/teatro/hiperbreves/Madrid/Mexico D.F./2011
Cátedra Iberoamericana Itinerante de Narración Oral Escénica. Comunicación, Oralidad y Artes
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