La casa de la calle iluminada
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En una bonita ciudad, conocida por sus volcanes,  de noches frías y de madrugadas congeladas, hay una bonita casa, grande de estilo colonial.  Al frente existe una calle que lo mismo es de noche o de día,  siempre está iluminada.

Sorpresa  me llevé  al acercarme a esa casa,  muy lujosa por fuera  y con granizos de mármol blanco, la casa no tenía  alguna puerta o entrada tan sólo había una ranura en la pared.

Por lo que en ese momento y con sutileza precavida por el temor de un regaño ajeno, comencé a observar hacia adentro, mi sorpresa fue enorme,  encontré en el interior una casa con muebles abandonados y antiguos.  La casa parecía totalmente deshabitada. Sobre la vista directa se encontraba un enorme sillón roto y descolorido por el sol y la lluvia que, en él se absorbía.

Sólo el tiempo era sabio de lo que  había sucedido del dolor, de soledad o de olvido.

En ese momento me quedé vislumbrado,  no podía creer lo que mis ojos veían, por más esfuerzos que hacía no comprendía que acaso no tenía dueño o quizá una familia, inútil fue mi esfuerzo por encontrar a alguien, la casa estaba vacía, como el corazón de un asesino que carece de amor, como el alma de un niño que le falta cariño o de un anciano que le falta consuelo, que vacía es la vida cuando no existe  quien la haga feliz.
Así era la casa de la calle iluminada misteriosa, hermética le hacía falta sueños, la falta de eso la transformó en un ejemplo de una existencia material real, pero al mismo tiempo invisible.

Mi curiosidad despertó en mí, lo equivocado  que a veces estamos al rodearnos de belleza o de adornos.

Hay quienes tienen corazón, pero éste no les anima, por ello la opacidad es su característica. La soledad a nuestro cuerpo interno, es la falta de corazón que la haga feliz a nuestro ser interior.

Debemos permitir que entren a nuestro ser las buenas voluntades aunque sean curiosas.

Como a aquel  individuo que busca hacer de su cuerpo su casa interior y su templo y que  por dentro esté  lleno de luz y de bellos sueños, hay que llenar la vida de felicidad antes de que pasen los años y te  quedes como la casa sola, abandonada y sin que habiten los sueños.

Leobardo_Cruz_Magario_3*Leobardo Cruz Magariño (Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.) es abogado y amante de la lectura y la poesía.

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