Cuentos de hombre y altura - Francisco Garzón Céspedes
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Francisco Garzón Céspedes
 
 
HOMBRE Y PUENTE

El hombre cruza el puente de norte a sur. Y lo vuelve a cruzar de inmediato de sur a norte. Y lo cruza y lo cruza. Es su manera de viajar.



HOMBRE Y MULTITUD

El hombre, montado en los zancos poderosos, contempla a la multitud, diminuta, allá abajo. Cada ser humano, tan insignificante. Tan desprotegido. El hombre intenta alzar uno de los zancos. Allá abajo muchas manos atrapan los zancos y los zarandean.



HOMBRE Y RESCATE

El hombre desea que le presten atención. Bordea con lentitud la cima del edificio. Gritará. Agitará los brazos. Amenazará con suicidarse. Esperará a que alguien lo rescate. El hombre tropieza. Se precipita dentro de un camión de basura. Desaparece camino
del vertedero.



HOMBRE Y ÁRBOL

El hombre, sentado en la copa del árbol, lo deshoja. Agobiado por el calor, sudoroso, frenético, el hombre, hoja a hoja, ha comenzado a adelantar el otoño.



HOMBRE Y DINERO

El hombre suelta un billete tras otro desde el último piso del banco. Fuera, el viento se arremolina. El hombre contempla cómo ascienden los billetes. Quizás suba el valor del dinero.


HOMBRE Y HUMO

El hombre cuelga por los pies del techado de los andenes. Balancea el cuerpo y aguarda. La locomotora se detiene. El hombre aspira con placer el humo como si aspirara el de un gigantesco cigarro. El hombre se intoxica y cae. El humo no consigue hacer flotar al hombre.



HOMBRE Y COPO

El hombre mueve la trampilla de emergencia. Coloca el copo de algodón sobre la cabina del ascensor. En este momento la cabina está en la planta baja. El hombre aprieta el botón de subida, ávido por escuchar el crujido del copo al ser aplastado.



HOMBRE Y ANTENA

El hombre, en la azotea, abre los brazos como un espantapájaros. Ha adelgazado hasta parecer un tubo. Dos, cuando abre los brazos. El hombre está decidido a descubrir quién le roba una antena tras otra.



HOMBRE Y ENERGÍA

El hombre necesita recargar sus baterías. Aumentar su potencia. Cargarse de energía. Lo ha probado todo. Excepto esta quietud durante el temporal, de pie en lo más alto, con el pararrayos prolongándole la cabeza.


HOMBRE Y ESPEJO

El hombre mira al hombre mientras, encima de la cúpula,  el espejo frente a sí con las dos manos. El hombre se lanza al vacío con los brazos extendidos y el espejo delante. Finalmente ha hallado el método para matar a su doble.