Cuentos de hombre y altura - Francisco Garzón Céspedes
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francisco garzon cespedes.jpgCUENTOS DE HOMBRE Y ALTURA*
 Treinta cuentos hiperbreves 
 
Francisco Garzón Céspedes**

HOMBRE Y VELETA

El hombre está en la punta de la torre. La ha escalado porque se cree una veleta. Para sorpresa de los curiosos y del viento, cuando ve a quien ama, el hombre gira. Gira.



HOMBRE Y EMBALSE

El hombre cree que el agua podría embalsarse si, cada vez que llueve, muchos hombres y mujeres de boca grande subieran al tejado y de cara al cielo, como un embalse, la abrieran.



HOMBRE Y LLUVIA

El hombre escupe desde la terraza a la calle. Escupe con abundancia y sin descanso. Ha decidido convocar la lluvia. Por lo pronto, refresca la cabeza de cada uno de los paseantes.



HOMBRE Y MAR

El hombre pinta las fachadas. Un pedazo de mar cubre la parte superior de cada pared. El hombre está convencido de que puede acercar el mar al cielo. Pasa de un andamio con forma de gaviota a otro que parece volar.



HOMBRE Y CIELO


El hombre quiere despejar el cielo de nubes. Sube la escalera.
Sopla.



HOMBRE Y FUEGO


El hombre se sienta en el borde de la chimenea. Se asoma por sus fauces y ve ascender las llamas. El hollín lo ahoga. El calor es insoportable. El hombre hace una mueca al fuego. El Infierno se anuncia.



HOMBRE Y LUZ

El hombre en el extremo de la farola enciende y apaga la luz. Enrosca y desenrosca la bombilla. El hombre musita: "Hágase la luz". Y la luz se hace.



HOMBRE Y DIOS


El hombre desde el balcón lanza el lazo hacia la bóveda celeste. Si enlaza a Dios pedirá rescate.



HOMBRE Y MANZANA

El hombre muerde la manzana. Por la ventana del campanario escupe cada trozo sin masticarlo. En la plaza, otras bocas atrapan los pedazos y los saborean. El hombre repite: "Amaos los unos a los otros.



HOMBRE Y NUBE


El hombre apoya las uñas de sus manos en el asfalto. Cabeza abajo estira el cuerpo. Unas uñas largas, muy largas de ansia. Una nube roza sus pies desnudos. El hombre siempre ha deseado que, entre las estrellas, una nube la acaricie los pies.



HOMBRE Y APUESTA

El hombre ha introducido el gancho de la grúa entre su cinto y la tela del pantalón. En las alturas, el hombre se regocija. Cuando el cinto se parta, habrá ganado la apuesta acerca de la escasa resistencia del cuero.



HOMBRE Y MIRADOR


El hombre asciende por la colina hasta el mirador. Al llegar, se venda los ojos. La tela es oscura, gruesa, ancha. El hombre imagina el paisaje.



HOMBRE Y TECHO


El hombre sobre la columna, agachado, con las manos en alto, las palmas hacia el firmamento, sostiene la techumbre. Protege un techo para su cabeza y se siente reconfortado. El hombre sólo confía en sus fuerzas. Lo incómodo de la postura y del peso lo sobrelleva como un mal menor.



HOMBRE Y LENGUA

El hombre, en la cornisa, saca la lengua. Esa lengua temida por tantos. Después comienza a descender por su lengua. Con cuidado para no herirse con los filos. El hombre resbala en su propia saliva.