Tu segundo cerebro
Minuto a Minuto

RADIO Sabersinfin.com

11 de agosto de 2017

Todo hombre puede ser, si se lo propone, escultor de su propio cerebro.

Santiago Ramón y Cajal

El título de esta columna se refiere a uno de los capítulos del interesante libro de la Dra. Irina Matveikova titulado “Inteligencia Digestiva: Una visión holística de tu segundo cerebro”, en el que se establece que además del cerebro de la cabeza, poseemos un segundo cerebro -el digestivo-, siendo éste imprevisible, a pesar de que lo utilizamos todos los días en varias ocasiones y cuya función neuronal, se indica, es muy parecida a la actividad cerebral de la cabeza.

Se establece que el sistema digestivo posee una extensa red de neuronas, que se encuentra entre las dos capas musculares de sus paredes, cuya estructura digestiva es completamente idéntica a la estructura de las neuronas cerebrales y tienen la capacidad de liberar los mismos neurotransmisores como la acetilcolina, la dopamina y la serotonina, además de hormonas y moléculas químicas. 

En consecuencia, el cerebro digestivo es el responsable de la producción y del almacenamiento de los neurotransmisores, la mayoría de los cuales son idénticos a los que se encuentran en el Sistema Nervioso Central, regulando nuestro ánimo, bienestar emocional y psicológico y constituyen un grupo de sustancias esenciales para la correcta comunicación entre las neuronas y el sistema de vigilancia. “Evidentemente, existe una conexión entre la psique y el estómago, por lo que muchas molestias intestinales podrían explicarse por el incorrecto funcionamiento del cerebro intestinal. Por lo que en el segundo cerebro pueden originarse el miedo, la ansiedad, la fobia, el control excesivo, la obsesión, también generar el presentimiento y la intuición”. Matveikova sostiene que el cerebro digestivo puede memorizar ciertas emociones, sufrir estrés y tener sus propias psiconeurosis. 

La importancia del sistema nervioso entérico (que controla directamente el aparato digestivo) se ha puesto de manifiesto con la publicación de los estudios de Michael Gershon, profesor y director del Departamento de Anatomía y Biología Celular de la Universidad de Columbia, en Nueva York, y precursor de la nueva ciencia denominada “neurogastroenterología”. Sus estudios revelan que el 90 por ciento de la serotonina se produce y se almacena en el intestino. Y solamente el 10 por ciento restante se sintetiza en las neuronas del sistema nervioso central, es decir, en el cerebro superior. Esta cantidad mínima de serotonina cerebral tiene una importancia vital para el ser humano ya que cumple diversas funciones como la regulación del estado de ánimo (la sensación de calma y bienestar), el apetito, el sueño, la contracción muscular, e interviene en funciones cognitivas como la memoria y el aprendizaje. 

No obstante, las observaciones científicas del profesor Gershon permiten considerar que existe un proceso de influencia en ambos sentidos; una comunicación continua entre dos cerebros: el que se encuentra en nuestro cráneo y el otro que reside en el intestino. No tenemos posibilidad alguna de controlar con la mente nuestras funciones digestivas, nuestro poderoso control mental se termina en el momento de tragar y recobra su poder en el momento final de expulsar. 

La Dra. Matveikova establece que hay muchas sustancias químicas que nosotros producimos y que si no somos capaces de liberar, manifestamos depresión, ansiedad o cansancio crónico y para liberarlas requerimos de pequeños cambios como: comer bien y con paz. Ir al baño sin prisa, unos 15 minutos ya que nuestro intestino se mueve un centímetro en un minuto, es una ola de movimiento muscular lenta, tranquila y equilibrada por lo que hay que respetarlo. Además es muy beneficioso hacer un automasaje en el intestino, movimientos muy suaves empezando por el lado derecho y avanzando en el sentido de las agujas del reloj; eso relaja el sistema digestivo y propone hacerlo diariamente durante por lo menos diez minutos.

La autora del libro recomienda: “a media tarde, cuando aparece el cansancio, respirar con el estómago durante diez minutos. Tomar un vaso de agua caliente en ayunas con unas gotitas de limón o menta ya que activa la función muscular del estómago, vesícula e intestino. De vez en cuando un fin de semana de depuración a base de licuados de verduras es recomendable y realizar ejercicio regularmente”.

Es por ello, amable lector, que con la fuerza de voluntad y la inteligencia podemos cambiar el mundo, pero de ninguna manera nuestra propia digestión. 

Jorge Rodriguez y Morgado 2Autor: Jorge Rodríguez y Morgado (Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.) es catedrático universitario, conduce: ConoSerbien en Sabersinfin.com

Twitter @jarymorgado

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Imagen: feldenkraisbarcelona.files.wordpress.com

  1. Facebook
  2. Twitter
next
prev
next
prev

Hay 2745 invitados y ningún miembro en línea