Salud Social
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RADIO Sabersinfin.com

 

 

01 de agosto de 2017

 

La salud perfecta es parte de la felicidad y una parte muy importante de ella, es la buena convivencia con todo aquello que nos rodea: la familia, los vecinos, el ambiente, la higiene, el trabajo y desde luego, la sociedad. Según la OMS, la salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades. Y yo me pregunto si la convivencia social que tenemos los mexicanos en este momento es saludable y la respuesta es NO; porque vivimos con miedo, con desconfianza, con estrés, inseguridad, cuidándonos los unos de los otros, desconfiando de todos y por otro lado, no faltan los abusivos, los vivales, que esperan cualquier descuido para dañar al prójimo. 

Dicen que los mexicanos somos el peor enemigo de los mexicanos pero yo no lo creo, porque somos más, los que trabajamos con honestidad, los que queremos verdaderamente ayudar al prójimo a ser felices. Definitivamente, los buenos somos más pero no hacemos ruido; los que roban, mienten, matan y violan, son pocos pero hacen mucho ruido para disminuir su inseguridad, su miedo, su falta de inteligencia, de humanidad y honestidad, y los medios de comunicación solo resaltan lo malo que sucede, porque lo bueno dicen que no vende; por eso creemos que el mal nos rodea, pero esto no es así. Hablemos muchos mexicanos que respetamos las filas y no gastamos inútilmente el agua; votamos por conciencia y no por conveniencia y hacemos nuestro trabajo con la mejor intención de servir a los demás y poner nuestra pequeña participación para tener un país mejor.

Si bien es cierto que hay muchos mecánicos que dan gato por liebre, albañiles que cobran un trabajo mediocre y mal hecho como si fuera de primera, constructores que siempre quieren sacar ventaja poniendo los peores materiales, pagando poco a su gente y cobrando mucho; abogados que se venden al mejor postor sin entender ni remotamente el concepto de justicia y médicos que inventan cirugías o enfermedades para cobrar mejor; no pierdo la fe en mi país ni en mis paisanos, porque sé; bien que se, que México retomara muy pronto su camino; un camino de valores, de honestidad, de confianza, de tranquilidad. 

Todo el mundo habla de corrupción, de impunidad, utilizando las redes sociales en criticas mordaces contra el gobierno, contra los diputados, senadores, gobernadores, pero en su casa esconden al hijo secuestrador, al violador, al ratero, recibiendo un dinero ensangrentado, producto del dolor y el sufrimiento o del hambre y miseria de los demás. Entonces con que cara le reclamamos al gobierno sus robos sinvergüenzas, si en nuestra propia casa estamos encubriendo a los bandidos y viviendo de un dinero mal habido que jamás traerá felicidad consigo, solo penas y tristezas con falsos lujos y placeres.

Cuando veo a los indigentes sin techo y sin comida, buscar restos de alimento en los botes de basura, pienso que en su vida pasada fueron altos empresarios, desalmados y abusadores, o secretarios de gobierno que generaron miedo y hambre en lugar de servir como era su función, o lideres panzones y corruptos que jamás se preocuparon por aquellos que le entregaron su confianza, y creo, que los secuestradores, los hambreadores, los que venden arroz plástico y medicinas inútiles solo para llenarse los bolsillos, tendrán también que pagar en otras vidas.

Estoy cierto que México es un gran país y su gente; hermosa gente. No tardaremos mucho en regresar a nuestros orígenes, a nuestros verdaderos valores, de antes de que vinieran a envenenarnos con la peste y la codicia, bajo la sombra de la cruz y la tortura, mostrándonos solo barbarie, suciedad y falta total de valores y principios. 

Estamos destinados a ser la luz del mundo, la guía espiritual de las naciones, pero tendremos que iniciar con nosotros mismos, demostrando puntualidad y verdad; respetando al prójimo, su religión, su opinión y el fruto de su trabajo y esfuerzo. Cuando encontremos en la calle una billetera, un teléfono o un cualquiera y busquemos con verdad al propietario; cuando el ama de casa no acepte dinero manchado para comprar su mandado y no permita que el hijo ratero y descarriado comparta el mismo techo con el buen hermano; Cuando entendamos lo que dicen los ancestros, que yo soy tú y tu eres yo; cuando el por favor y el gracias regresen a nuestro lenguaje cotidiano; cuando seamos responsables como antaño de mantener limpia nuestra banqueta y nuestra calle, aunque la basura provenga de otros lares.

México creo en ti; tengo una fe inquebrantable de que tu solución no está en las altas esferas, sino en el humilde rincón de los hogares. No pidamos honestidad arriba, sin que sea una verdad en el núcleo de nuestras familias, pues es ahí de donde tiene que surgir el cambio verdadero, de predicar con el ejemplo, para que con la cara el alto podamos exigir lo mismo que estamos dispuestos a dar. 

Por lo tanto, ese estado de completo bienestar físico, mental y social depende de todos y cada uno de nosotros, los mexicanos, de cómo actuamos de manera individual, la forma como eduquemos a nuestros hijos, de los valores que inculquemos con el ejemplo en nuestros hogares y no de la actuación de los que están arriba, pues ellos sirven a otros intereses. Es cuánto.

 

Hugo Enrique Meneses Cervantes médico del cerca y del junto

Imagén: Edición Saber Sin Fin 

 

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