Las lágrimas de Afrodita (Artículo)
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8 de enero de 2022

 

Sabersinfin

 

Las lágrimas fueron puestas por Dios en los ojos para deshacer las penas del corazón.
José María de Pereda.

En muchos de los eventos ocurridos al finalizar el pasado año (2022), pude observar que las lágrimas jugaron un papel importante en varios sucesos, por ejemplo, en el futbol, cuando en el rostro, tanto de los que ganaron, como en el de los que perdieron, aparecían lágrimas en sus ojos.

Muere Pelé, el Papa Benedicto XVI fallece y en las imágenes presentadas por los medios de comunicación se aprecia a mucha gente con lágrimas.

En los días de fiesta y en algunas de las reuniones familiares, al tomar la palabra alguno de los asistentes y el recordar los sucesos ocurridos, sean estos buenos o malos, también de los ojos de los asistentes brotaban lágrimas y, aún más, si se mencionaba algo que había afectado la amistad o el recuerdo de algún ser que se nos había adelantado.

Una de las formas más naturales de comunicación y de expresión del sentir del ser humano son las lágrimas, las cuales fueron descritas por el literato, filósofo y estadista español Baltasar Melchor Gaspar María de Jovellanos y Ramírez ((1744-1811), como: “Si las lágrimas son efecto de la sensibilidad del corazón, ¡desdichado de aquel que no es capaz de derramarlas!”.

Desde la antigüedad la lágrima era considerada como algo de alto valor. Las discusiones sobre el origen de las lágrimas se daban desde dos posturas: la cardiocéntrica y la cerebrocéntrica. La primera consideraba que las lágrimas venían del corazón y, la segunda, creía que su origen estaba en el cerebro.

El Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua (RAE) nos indica que la palabra lágrima proviene del latín lacrĭma y este del griego dákryma, dándole, entre otros, los siguientes significados: 1. Cada una de las gotas que segrega la glándula lagrimal… 5. Pesadumbres, adversidades, dolores.

En nuestro caso, la lágrima es una gota de líquido transparente que segregan las glándulas lacrimales y que se desprende del ojo a causa de la irritación o de una emoción intensa, haciendo énfasis en que la lágrima se genera a partir de “una emoción intensa”.

Los antiguos griegos creían que las lágrimas endurecidas, de la alegría provocada en Afrodita, la diosa del amor, eran el origen de las perlas, conocidas también como “lágrimas de la Luna” o “lágrimas de los dioses” ya que éstas, además de su belleza, eran reconocidas por sus propiedades curativas, tanto físicas, como metafísicas.

Nuestros antepasados consideraban que “en las profundidades del mar se encuentra una joya (la perla) oculta por una concha que la protege. Su forma esférica nos habla de lo infinito, de lo que no tiene principio ni fin, de la eternidad, de la unidad, de la creación desde el núcleo, de su origen. Su color blanco, lunar, es el símbolo de la pureza y la feminidad”.

En su vertiente espiritual, las perlas ayudan a calmar y centrar, así como a nutrir la fe, lealtad, integridad y pureza. También se le atribuye la propiedad de calmar la mente inquieta y controlar la ira.

En la Biblia también se aprecia el valor de las lágrimas, en el Salmo 56:8, vemos, “Mis andanzas tú has contado; pon mis lágrimas en tu redoma (recipiente de vidrio); ¿no están ellas en tu libro?”.

En este versículo leemos que el Señor tiene en cuenta toda nuestra tristeza y todo nuestro dolor, todas las lágrimas saladas que brotan de nuestros ojos. Él ha recogido cada lágrima que ha mojado nuestro rostro y ha registrado cada suspiro silencioso de nuestro corazón herido, y ha colocado cada lágrima en su redoma y ha registrado cada dolor en su corazón, debido a su gran amor por cada uno de los suyos.

Grandes artistas, en sus obras, han dejado testimonio de las lágrimas, por ejemplo, en el siglo XV, Rogier van der Weyden, fue el primer pintor que imprimió emoción a la pintura, en su obra “Lágrimas en el descendimiento” (1435), produjo el portento de pintar las emociones, se dice que nunca se habían derramado lágrimas como las que hizo resbalar por las mejillas de la Virgen en su descendimiento, lamentaciones y demás escenas de la Pasión. Lágrimas de perfecta apariencia cristalina que, como escribió un poeta, “humedecían los ojos de los que las contemplaban”.

Asimismo, en el óleo del Greco, realizado alrededor de 1587, “Las lágrimas de San Pedro”, se reproduce la imagen del apóstol en un estado de contrición, en la escena evangélica del arrepentimiento del discípulo de Jesús tras negarlo tres veces durante la pasión (Mt 26:69‐75).

En la pintura del Greco, Simón Pedro une sus manos en un gesto devocional, en uno de sus brazos cuelgan las llaves, símbolo del papado y atributo del ministerio de Pedro, al tiempo que alza la mirada con ojos lacrimosos. En el fondo se entrevé la escena de la resurrección de Cristo con el sepulcro vacío y María Magdalena atestiguando el milagro.

Una de nuestras ideas más firmemente arraigadas respecto a la masculinidad es que los hombres no lloran. Pueden derramar una lágrima discreta, pero se espera que se controlen de inmediato. Desde pequeños, los hombres aprenden que, si derraman una sola lágrima en público, parecerán débiles. Pero el llanto solía ser varonil. Hasta Jesús lloró (Juan 11:32-36), (Lucas 19:41-42), (Hebreos 5:7).

Se ha observado que aquellos países cuyos habitantes lloran con mayor frecuencia tienden a ser más democráticos y su población más extrovertida.

Es así, amable lector, que los seres humanos no fueron diseñados para tragarse sus emociones y hay razón para creer que contener las lágrimas puede afectar nuestro bienestar, es por lo que, sus lágrimas, como en Afrodita, pueden convertirse, alegóricamente, en perlas.

Y como dice el Antiguo Testamento, en Salmos 126:5: “Los que sembraron con lágrimas, con regocijo segarán”.

Twitter @jarymorgado
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conoSERbien; www.sabersinfin.com