La fama o el eco (Artículo)
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Ana María Rabatté y Cervi

 

29 de mayo de 2022

 

 El mundo iluminado


¿Qué se necesita para ser un gran poeta? ¿A qué llamamos grandeza en la poesía? ¿Es la fama de un poeta lo que determina su triunfo? ¿Quién es más grande, un poeta de renombre que nadie repite o un poeta casi anónimo cuyos versos todos saben casi de memoria? La fama o el eco, es decir, ser del conocimiento de muchos o ser repetido por muchos. ¿Cuál de estas dos formas de ser en el mundo es más provechosa? A primera vista podríamos decir que la primera opción es la más adecuada, puesto que la fama permite, para bien y para mal, estar en boca de todos, sin embargo, la fama, la gloria, el éxito son un sueño pasajero que se acaba con la muerte y una vez en la tumba, nadie recuerda más a quien en vida fue motivo de dichas y desdichas.

Sin temor a errar, podríamos afirmar que las más grandes obras humanas son anónimas, resultado de talentos cuyo nombre se perdió en el tiempo, mas por razones inexplicables han resistido a la fuerza implacable del acaso. Hay casos también de grandes obras que no son anónimas y que a pesar de todo prevalecen transgeneracionalmente. Estas obras magníficas muchas veces opacan al nombre de su creador, generando un efecto de paulatino olvido de su nombre, es decir: todo aquello que está llamado a trascender, más pronto que tarde aniquilará el nombre de quien lo engendró, pues lo que nace de uno, tan pronto como es entregado al mundo adquiere una posibilidad de ser desligada de su origen; este es el caso de la poesía.

La fama o el eco, a pesar de lo anteriormente dicho, éste es todavía un dilema. Y es que si bien la consecuencia de la fama es el olvido postmortem, mientras se vive ésta deleita a quien la posee, en cambio, el eco no otorga ninguna virtud, al menos no en vida, pues el efecto útil del eco viene después de la muerte, cuando el cuerpo corrompido en tierra, a pesar de su podredumbre, fertiliza mistéricamente los espíritus de quienes lo advierten.

Grandes poetas de talla mundial podríamos citar aquí, premios Nobel cuyos agudos versos viraron para siempre la historia de la literatura, mas cuántos de nosotros podríamos recitar de memoria no ya sus poemas, tan sólo alguna de sus estrofas, una pizca de sus letras. Por el contrario, qué fácil resulta recitar las adivinanzas, los refranes, los dichos, los trabalenguas y demás artificios del lenguaje cuyo autor desconocemos, incluso podríamos agregar a la lista poemas enteros, estrofas o versos que no sabemos por qué mano inspirada fueron escritos y que inexplicablemente llevamos grabados, cual marcas de fuego, en nuestra memoria.

De entre los muchos poemas anónimos o casi que podríamos recitar de memoria o que al menos conocemos fragmentariamente, citemos uno de la poetisa Ana María Rabatté, distinguida mujer del siglo pasado que en su haber tiene más de veinte libros, entre otras publicaciones, pero de quien increíblemente tan sólo conocemos uno sólo de sus poemas. Seguramente, al escuchar el nombre de Ana María Rabatté nada se nos venga a la mente, a pesar de las cuantiosas publicaciones que se le atribuyen, sin embargo, el problema de nuestra falta de memoria cambia cuando leemos los versos del único poema de ella que hasta hoy ha trascendido; leamos:

Si quieres hacer feliz a alguien que quieras mucho… díselo hoy, sé muy bueno en vida, hermano, en vida… No esperes a que se mueran, si deseas dar una flor, mándalas hoy con amor, en vida, hermano, en vida… Si deseas decir ‘te quiero’ a la gente de tu casa, al amigo cerca o lejos, en vida, hermano, en vida… No esperes a que se muera la gente para quererla y hacerle sentir tu afecto, en vida, hermano, en vida… Tú serás muy venturoso, si aprendes a hacer felices a todos los que conozcas, en vida, hermano, en vida… Nunca visites panteones, ni llenes tumbas de flores, llena de amor corazones, en vida, hermano, en vida…

Seguramente el poema nos es conocido y si no, al menos el estribillo «en vida, hermano, en vida» ha retumbado en nuestra cabeza alguna vez en la vida. Cierto es que el poema carece de un lenguaje sofisticado, que sus versos son retóricamente pobres, que sus imágenes son exageradamente coloquiales y que su tema va más allá de lo que llamamos cursi, pero a pesar de todo ello sus versos han penetrado en todas las clases sociales, pues más allá de buscar ser un ejemplo de lirismo, lo que el poema pretende es situarnos en el aquí y el ahora advirtiéndonos de los peligros del tiempo y de la crudeza de la muerte. Cierto, el tema no es nuevo, ya desde Horacio con su ‘carpe diem’ lo encontramos, incluso antes, pero Ana María Rabatte supo, como pocos, llegar hasta la más íntima fibra del corazón humano e instalarse ahí para la posteridad. El poema de Rabatte permanecerá, mas no así el nombre de su autora, cada vez más olvidado.

La mayoría de los escritores necesitan de una vasta obra para alcanzar renombre, citemos para el caso a Octavio Paz, sor Juana Inés de la Cruz o Jorge Luis Borges; pocos se encumbran con apenas unos cuantos escritos, por ejemplo, Juan Rulfo, quien con apenas tres libros se mantiene como uno de los maestros del relato; pero casi nadie, y de esto puede jactarse Ana María Rabatte, va más allá de su siglo con tan sólo un poema. Se dice que Rabatte, quien por cierto es de Tamaulipas, escribió más de veinte libros, sin embargo, es casi imposible encontrarlos. Rabatte fue doctora Honoris Causa, dictó conferencias internacionales, perteneció a la Asociación de Escritoras de Poesía de la UNAM, pero a pesar de ello, casi nada hay de su obra y es tan sólo un poema lo que realmente queda de ella.

No es casual que el poema se mantenga casi como un arquetipo del inconsciente colectivo. Nuestra sociedad está enferma y lejos de rendirle culto a la vida, lo hace a la muerte. El poema de Rabatte podrá ser literariamente simple, pero es también por ello que sus palabras son tan transparentes para quien las escucha. Los muertos, podredumbre son y es a los vivos a quienes debemos entregarnos. Sabiendo esto, elijamos a nuestro guía: la fama o el eco.

 

Miguel Ángel Martínez Barradas, académicamente tiene estudios de posgrado en literatura. Profesionalmente se ha dedicado al periodismo, a la edición de textos y a la docencia. Como creador tiene publicaciones en poesía y fotografía. En cuanto a sus intereses investigativos, éstos se centran en la literatura y filosofía grecolatinas; el Siglo de Oro español; el hermetismo; y la poesía hispanoamericana.