No sirve para nada (Artículo)
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12 de marzo de 2022

 

El mundo iluminado

 


¿Educar, para qué? Para saber más (¿o para ignorar menos?), para enseñar a pensar (¿lo hemos conseguido?), para liberar (¿quién nos hizo esclavos?). La educación hoy es un derecho, pero no siempre fue así, en el pasado solamente podían gozar del privilegio de la educación quienes poseían los suficientes recursos económicos para destacar; hoy el mundo funciona de otro modo y práctica y teóricamente cualquier persona puede acceder a la educación, sin embargo, y a pesar de que sabemos que por la educación nos hacemos mejores personas (más conscientes), son muchos los que desprecian la oportunidad que tienen de aprender, de saber, de liberarse y esto es así porque, sencillamente, no les ha costado ningún esfuerzo merecer la oportunidad de educarse; desde que nacieron la educación ya estaba allí y por eso se dan el lujo de despreciarla.

Muchos son los que no quieren educarse y otros pocos, los que no quieren que las mayorías se eduquen y esto es porque un pueblo ignorante es más fácil de someter. La educación libera, mas debemos de preguntarnos si los actuales planes educativos avanzan realmente hacia la liberación y dignificación de las personas, o son, por el contrario, caminos hacia un callejón sin salida que, en el peor de los casos, conllevan a la ruina de quienes se confían a ellos. Cierto es que, a pesar de los deplorables modelos educativos con que podamos encontrarnos, nunca faltarán los docentes que se entregan con toda su vocación a la labor que desempeñan, mas, a pesar de los esfuerzos de éstos, no dejan de sorprender aquellos que desprecian la oportunidad de educarse, así como los que se oponen a la educación de las personas.

¿Cómo es que la educación puede cumplir con su objetivo de dignificar la vida de las personas? Enseñando que, además de la propia, hay otras maneras de ver el mundo, de entender a la realidad y de comprender a los demás; en pocas palabras, la educación (la verdadera y no la que se imparte en las aulas) es aquella que nos lleva más allá de nosotros mismos, que nos arrastra fuera de nuestra burbuja en la que nuestro ‘yo’ se regocija y que nos hace realmente humanos, pues el ‘ser humano’, más que ser una condición que se adquiere por nacer bajo la forma de la especie animal a la que pertenecemos, es una distinción que se adquiere mediante el perfeccionamiento de uno mismo y en esto la (despreciada) educación es fundamental.

La paulatina eliminación de la filosofía en los planes educativos no es fortuita y más bien responde al desinterés de muchos por educarse y al interés de pocos por evitar que esos muchos se eduquen. En este sentido, la relación entre los primeros y los segundos es perfecta en tanto que los verdugos no tienen realmente que hacer mucho para evitar que sus ‘víctimas’ se eduquen, pues éstas aceptan gustosas la condena con tal de que les otorguen cualquier placer mediocre. En este sentido, la filosofía no sólo es un estorbo para la educación actual, sino, además, perniciosa en tanto que otorga a quienes se acercan a ella herramientas sólidas para enfrentarse a los verdugos que favorecen la mediocridad y obstaculizan la posibilidad de ser plenamente humanos. Esto lo explica Fernando Savater en “Las preguntas de la vida”, un libro dedicado a aquellos profanos que tienen la intención de iniciarse en el estudio de la filosofía, sin importar su rango de edad, sexo, ni grado de estudios mediante temas como el porqué de la filosofía, la muerte, la verdad, la razón, el yo, el símbolo, el universo, etcétera. Leamos unas líneas:

«No se puede enseñar filosofía sino sólo a filosofar, pues no se trata de transmitir un conocimiento, sino de enseñar una forma de mirar y de argumentar. No es lo mismo saber de veras que limitarse a repetir lo que comúnmente se tiene por sabido. La filosofía, antes de proponer teorías que resuelvan nuestras perplejidades, debe quedarse perpleja. Antes de ofrecer las respuestas verdaderas, debe dejar claro por qué no le convencen las respuestas falsas. Una cosa es saber después de haber pensado y discutido, otra muy distinta es adoptar los saberes que nadie discute para no tener que pensar. Antes de llegar a saber, filosofar es defenderse de quienes creen saber y no hacen sino repetir errores ajenos. Antes de saber por qué afirma lo que afirma, el filósofo debe saber al menos por qué duda de lo que afirman los demás o por qué no se decide a afirmar a su vez. ¿Acaso, humanizar de forma plena, no es la principal tarea de la educación? ¿Si filosofar es la dimensión más humana, puede la educación prescindir de la filosofía y seguir siendo humanizadora en el sentido libre y antidogmático que necesita la sociedad democrática en la que queremos vivir?»

‘Si la filosofía no se puede enseñar, entonces es necesario sacarla de los planes de estudio’, esto es lo que con seguridad dirán los detractores de la misma, aquellos que desean anular el derecho a dignificarse de las personas, sin embargo, esto es mentira, pues la filosofía no debe de ser parte de los modelos educativos para que los docentes enseñen filosofía, sino para que quienes la estudien aprendan a filosofar, a ser críticos con su realidad, a ser conscientes de sus límites y principalmente de su ignorancia, tal y como el filósofo Sócrates lo dijo con su famosa frase ‘Yo sólo sé que no sé nada’. ¿Pero, entonces, la filosofía no es para saber más? No. La filosofía es para ser conscientes de la ignorancia propia, pues sólo así se llega a ser humanos.

El debate sobre la enseñanza de la filosofía, aunque actualmente da mucho de qué hablar, no es nuevo, pues ya desde la antigua Grecia, cuna de la filosofía, no faltaban quienes la miraban con desprecio, a manera de ejemplo, Savater nos habla de Calicles, quien rebatía a Sócrates. Calicles argumentaba que la filosofía conduce a las personas a su ruina, pero lo cierto es que él era un hombre práctico que le daba valor a las personas en función de cuánto poseían. La pregunta es ¿cuántos de los actuales dirigentes de la educación no son más que unos Calicles disfrazados? ¿Y cuántos de los que hoy desprecian su derecho a educarse no son más que adoradores de estos Calicles y fieles creyentes de que la filosofía no sirve para nada?

 

Miguel Ángel Martínez Barradas, académicamente tiene estudios de posgrado en literatura. Profesionalmente se ha dedicado al periodismo, a la edición de textos y a la docencia. Como creador tiene publicaciones en poesía y fotografía. En cuanto a sus intereses investigativos, éstos se centran en la literatura y filosofía grecolatinas; el Siglo de Oro español; el hermetismo; y la poesía hispanoamericana.
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