En el centro del monstruo (Artículo)
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20 de febrero de 2022

 

El mundo iluminado


Cuántas veces no hemos estado convencidos de que si la vida diaria no marcha como quisiéramos es porque tenemos “mala suerte” (algunos, de tendencia astrológica, dicen “mala estrella”), y es que hay momentos en que todo cuanto hacemos parece ser en vano, cual castillos de naipes empecinados en hacerle frente al aire, sin embargo, más que ser víctimas de la mala fortuna, cuando los asuntos cotidianos no van como esperamos en realidad es, la mayor de las veces, por las malas decisiones que tomamos, así como por nuestras omisiones. El magistrado de la antigua Roma, Apio Claudio, dejó escrito: «Cada quien es artífice de su propia suerte», a veces traducido como «cada quien es arquitecto de su propio destino», dando a entender que los hechos a que nos enfrentamos son una serie de causas y consecuencias encadenadas entre sí, por lo que si queremos que nuestra “suerte” mejore, deberemos de hallar la causa primera de nuestra desdicha, es decir, el momento en el que tomamos la primera mala decisión.

Muchas son las razones por las que no estamos dispuestos a cumplir con el deber que tenemos, por ejemplo: la pereza, la búsqueda del placer, el conformismo, el egoísmo, la desobediencia y la cobardía, etcétera. Cuando la “mala suerte” nos asalta, solemos culpar y responsabilizar a quienes nos rodean, al tiempo que nos desafanamos de nuestra responsabilidad y es por este no reconocimiento de nuestras faltas que las situaciones tienden a problematizarse, pero, es comprensible (mas no justificable), pues la moral social, centrada en la competencia, indica que quien se equivoca es débil y nadie está dispuesto a ser tomado como tal.

Ejemplos de personajes con “mala suerte” abundan en la literatura. El italiano Carlo Collodi nos da uno en su más que conocida novela ‘Las aventuras de Pinocho’, cuya historia se centra en un muñeco de madera que cobra vida gracias a la intervención de un hada y que buscará los medios para convertirse en un niño de carne y hueso que pueda vivir feliz y apaciblemente con su creador, el carpintero Gepetto, lo cual es imposible, pues el mundo no es feliz ni apacible (tampoco lo contrario) pero son tantas las desgracias a que uno se expone que si el espíritu es débil, más pronto que tarde uno queda decepcionado.

Aunque la historia de Collodi es hoy conocida como un cuento para niños, lo cierto es que su autor difícilmente estaría de acuerdo con esto, pues la novela no sólo contiene innumerables escenas de crueldad en las que Pinocho es torturado, sino que, además, pareciera que la posible adherencia de Collodi a sociedades secretas herméticas hace que el texto deba de ser leído desde una perspectiva más simbólica que literal en la que el carpintero, Gepetto, sería la representación del alquimista y Pinocho, la conquista de la Gran Obra, de la Piedra Filosofal.
De los treinta y seis capítulos que componen a la novela, con seguridad son el treinta y cuatro, y el treinta y cinco los más enigmáticos, pues es en ellos en donde el personaje de la ballena que se come a Pinocho aparece, aunque, vale la pena decirlo, Collodi no la llama “ballena”, sino “dragón” y la razón por la que Pinocho es tragado por éste no es su “mala suerte”, sino su desobediencia a cumplir con lo que se le manda para buscar el placer banal. Leamos la explicación de Pinocho: «Sepa usted que yo era antes un muñeco de madera, como lo soy ahora; pero por mi poca afición al estudio y por seguir los consejos de malas compañías, me escapé de mi casa, y un día me desperté siendo un burrito, con unas orejas así de grandes y una cola así de larga… si Dios ha dispuesto que debamos morir, al menos tendremos el consuelo de morir abrazados».

El dragón en que se halla Pinocho mide más de un kilómetro de largo y su interior es iluminado por Gepetto, que también ha sido tragado, con la única vela que le queda después de dos años de vivir en el interior del monstruo. La historia que Collodi nos cuenta no es del todo nueva, pues recuerda a otro personaje con “mala suerte” que ya antes había aparecido en la literatura y éste es Jonás, el profeta que por su cobardía termina siendo engullido por una ballena que lo mantiene en su interior durante tres días y tres noches. A resumidas cuentas, la historia de Jonás dice así: Jehová manda a Jonás al pueblo de Nínive para anunciar que el final está cerca, pero Jonás, por temor a Dios, desobedece y se embarca al océano; Jehová lo castiga enviando una tormenta que obliga a Jonás a lanzarse al mar, en donde es comido por el monstruo.

Las coincidencias entre la historia de Pinocho y la de Jonás son interesantes por sus implicaciones simbólicas. Por un lado, Pinocho es devorado por el dragón debido a su desobediencia, él mismo confiesa que en lugar de entregarse al estudio confió en los embusteros encarnados por el gato y la zorra; en el caso de Jonás, él es comido por la ballena a causa de su cobardía a cumplir con lo que Dios le demanda al elegirlo como profeta. En cuanto al animal marino, sin importar si es dragón o ballena, éste tiene la misma función simbólica de la tierra y del inframundo: devorar a la vida corrompida a fin de acercarla a su purificación, misma que Jasón consigue luego de tres días y de tres noches entregado a la oración, y Pinocho adquiere gracias a que mantiene viva la luz de la única vela que le queda, ¿la luz de la consciencia?

Decíamos al inicio que hay momentos en los que todo en nuestra vida parece caérsenos de las manos debido a nuestra “mala suerte”, sin embargo, y considerando que cada uno es artífice de su propio destino, vale que nos preguntemos hasta qué punto esa “mala suerte” no es más bien consecuencia de nuestra desobediencia, como Pinocho, o de nuestra cobardía, como Jonás y si no será necesario que para lograr nuestra purificación nos vayamos preparando para lanzarnos al mar, atravesar por el oscuro esófago y habitar en el centro del monstruo.

Imagen: Nihil sub sole novum

 

Miguel Ángel Martínez Barradas, académicamente tiene estudios de posgrado en literatura. Profesionalmente se ha dedicado al periodismo, a la edición de textos y a la docencia. Como creador tiene publicaciones en poesía y fotografía. En cuanto a sus intereses investigativos, éstos se centran en la literatura y filosofía grecolatinas; el Siglo de Oro español; el hermetismo; y la poesía hispanoamericana.
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