Y tú, ¿padeces del mal del abandono? (Artículo)
Minuto a Minuto

 

 

 

6 de febrero de 2021


“El mal del abandono”

 

Me dijo. “Estoy enfermo del mal del abandono” y guardó silencio. En su jadeo pude entender que estaba grave. Aquel hombre amable, siempre dispuesto para los demás y de caminar ufano, era una piltrafa. Sus ojos hundidos en cuencas oscuras denotaban un agotamiento atroz, manos decrepitas de movimientos involuntarios se aferraban a una sábana mugrienta que lo cubría. El médico había dejado en un mueble junto a su cama, varios frascos con medicamentos y por su apariencia; deduje que no habían sido utilizados. “El mal del abandono” pensé; estaba frente a un hombre derrotado que moría. Usted lector entenderá que los sentimientos afloran en diversas emociones que no controlamos, Las ideas e impulsos de mi mente, buscaron acción y mis manos asieron aquel cuerpo flaco para sacudirlo. Estaba muerto. Realmente estaba muerto.

¿Quién dice que no se muere de tristeza, decepción o “del mal del abandono”? Historias como éstas existen. Como cuento es bueno, pero no es cuento.

El síndrome del abandono es una condición de comportamiento emocional somatizado. Las experiencias de abandono se arrastran desde la niñez revelando pensamientos erróneos, dolor y frustración. Dicen los psicólogos que no es un trastorno mental, sin embargo sus causas no atendidas, pueden terminar en una emoción negativa de escape. La pérdida crónica sin protección física y ayuda emocional se interioriza. Desde niño se representa como angustia, ansiedad, temor, inseguridad, miedo intenso a la soledad. Síntomas físicos y mentales se arrastran hasta la vida adulta, manifestando un patrón de comportamiento inapropiado que conllevan a una distorsión de la realidad y al fracaso en relaciones afectivas. Lastimar antes de ser lastimado, evitar frustraciones en apegos y desapegos con conductas evasivas; para no comprometerse es mejor. La vergüenza, frustración, desamor, bajos estados de ánimo, con ideas irracionales de autodefensa o sumisión como una obsesión para no sufrir desamor y abandono son comunes. El abandono físico es palpable, el abandono emocional es un fenómeno silencioso, y se manifiestan de diversas maneras en la edad adulta.

Cuando se experimentan sentimientos de abandono constante, se adoptan pensamientos catastróficos. “Ya no me importa la vida”.

Seres sin reconciliación con su pasado, pensamientos recurrentes de “no importarle a nadie y mejor dejar de existir”, son correspondidos con la realidad; porque la mente va dando forma a ideas fijas y así sucederá.

¿Las experiencias de sufrimiento y abandono se pueden curar?
Sí, si entendemos que:

“El control emocional se aprende”

Identificando nuestras emociones y siendo conscientes de aplicar voluntad para modificar actitudes, creencias erróneas que nos marcaron y cimentaron nuestra personalidad.
La terapéutica considera al ser humano una identidad flexible que permite dirigir sus pasos al bienestar.
Buscar apoyo con sicólogos y psicoterapeutas es bueno.

Frente a los estudios de sufrimiento y dolor se postulan diversas teorías. Los fundamentos de la Algodicea metafísica, examinan consecuencias del hecho de pensar en el dolor como un elemento del cuerpo y al sufrimiento como un elemento de la mente. Postulan que en el dolor físico, existe un creciente sentido común ético en la sociedad, mientras que en la psique individual se presenta un sentido ambivalente de amor y odio al sufrimiento.

¿Cuánto nos amamos? ¿Cuánto nos cuidamos? ¿Cuánto creemos merecer? Y cuánto ayuda la familia y el servicio de la sociedad en que vivimos?

“Todo lo que se resiste al claro poder del entendimiento, recibe el nombre de sufrimiento”.

 

Merced Sarahí Jarquín Ortega es originaria de la Sierra Sur del estado de Oaxaca. Autora de múltiples cuentos, ensayos, poemas y novelas. Ha participado en diversas antologías literarias. Es integrante del Círculo de Escritores Sabersinfin.
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