La alegría de vivir (Reflexión)
Minuto a Minuto

 

 

 
25 de diciembre de 2020

 

¿Quién no ha escuchado decir ama la vida, sé feliz, vive, sonríe, ámate…?

Y bien, podríamos contestar: “yo amo la vida”, “soy feliz”, “vivo y me amo”, pero algo cosquillea dentro de mí, suspiro, y me alejo.

La alegría de vivir, no requiere de una receta, no tiene un manual que al leerlo nos dará la felicidad que suspiramos, y nos va a mantener sonriendo todo el tiempo en completo bienestar. Veamos.
Dice Erick Fromm en su libro “El arte de amar”, que el amor es un arte, y como tal debe practicarse, y también para ser felices debemos practicar la alegría de vivir. A lo anterior, significando la felicidad, existen diversas teorías que concluyen debe ser una filosofía de vida, para lograr un estado emocional positivo que nos permita pensar en lo hermoso de existir, tener ideas que nos ilusionen, e incluso nos permitan dormir con una sonrisa.

Para ser felices, a veces no es necesaria ninguna condición previa, hay personas que siempre son felices, se sienten a gusto con la vida que llevan y lo que poseen, u otras que a pesar de que pudiera decirse tienen todas las condiciones para sentirse realizadas, son profundamente infelices.

La felicidad es un regalo, aunque fugaz y efímero concede la alegría de vivir y da sentido a nuestra existencia. Desde luego en medida de la capacidad que hay en cada persona para reconocerla, según las actitudes que maneja, la predisposición, apertura, la construcción que hemos hecho de nuestro carácter, la tendencia a hábitos adquiridos en nuestro medio ambiente, y las experiencias manejadas que muchas veces nos anclan, para seguir igual, ceñudos, enojados, amargados, estancados en nuestros puntos de vista y creencias que nos trae infelicidad. Investigaciones afirman y definen que las actitudes son estados propicios para ciertos tipos de conducta, representando estereotipos o imágenes en nuestra cabeza, que ejercen notable influencia en la percepción de hechos. Predisposiciones cognitivo afectivas desarrolladas en relación con personas, situaciones emocionales y que manifiestan nuestro carácter.

Las actitudes con su característica bidimensional, racional y emotiva pueden manejarse dentro de parámetros de direccionalidad, preferencia, e intensidad a partir de sus categorías bipolares esto es: aceptación- rechazo, agrado-desagrado, acercamiento-alejamiento, a favor en contra, aprecio-desprecio. En el criterio de intensidad que se refiere a el grado de fuerza de una actitud, podremos darnos cuenta cuánto influye en nuestra conducta los valores de: fuerte-débil, mucho-poco, más-menos, mayor–menor. Ahora si observamos la duración o permanencia otorgada a una actitud que nos daña, se determina en que no necesariamente ha de ser permanente y definitiva, sino que con nuestra voluntad puede modificarla o evitarla para hacernos sentir mejor.

En pocas palabras, podemos modificar nuestras actitudes y disfrutar de la alegría de vivir; que nos traerá la felicidad anhelada.

La gente valora a las personas estables con principios y valores definidos.

¡Amemos la vida! ¡Seamos felices! ¡Sonríe! ¡Dale sentido a tu vida! Es cuestión de actitud. 

Sarahí Jarquín Ortega es integrante del Círculo de Escritores Sabersinfin
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