El virus del miedo (Artículo)
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23 de marzo de 2020

Hoy más que nunca el miedo está presente en toda la humanidad, pareciera ser que es algo nuevo y que también surgió de repente con un virus, pero no es así, el miedo es tan antiguo como el hombre mismo, de hecho nace con él; es una emoción que ha permitido su supervivencia. Imagina por un momento al hombre de las cavernas sin miedo, viendo a las bestias salvajes venir hacia su cueva, el sentado tranquilamente les muestra los dientes… seguramente yo no estaría escribiendo este artículo ni tú leyéndolo.

Desde el punto de vista biológico, el miedo es un mecanismo de preservación y de defensa, surgido para permitir al individuo responder ante situaciones adversas con rapidez y eficacia. Desde el punto de vista psicológico, es un estado emocional, necesario para la correcta adaptación del organismo al medio, que provoca angustia y ansiedad, ya que la persona puede sentir miedo sin que parezca existir un motivo claro.

El problema con la emoción del miedo es que no hemos entendido qué es, para qué sirve, y a menudo lo confundimos con un sentimiento. Emoción significa: mover, retirar, sacudir. Sentimiento significa: percibir, consentir, expresar. Una emoción es un movimiento del ánimo, algo que nos sacude o nos conmueve. Un sentimiento es la expresión que se produce gracias a la impresión de un acto o situación. A menudo tendemos a confundir los sentimientos con las emociones, ambos si están correlacionados pero no poseen el mismo significado, la diferencia radica en que los sentimientos derivan de una emoción para poder expresarse o interpretarse.

Ahora que ha brotado el virus COVID-19 (coronavirus), por la ignorancia colectiva, surgen varias interpretaciones, complementadas con lo que llamo la cultura del opinionismo (sin argumentos), y la desinformación de gran parte de los medios de comunicación. Es una triada maquiavélica: ignorancia, más opinión, más desinformación, igual a una verdad a medias, la cual ha permeado nuestra mente de confusión e histeria.

Las epidemias o pandemias, han existido, a todo lo largo de la historia de la humanidad, millones de personas enfermaron y murieron. Basta citar tres: la peste bubónica que asoló todo el continente europeo desde mediados del siglo XIV, la viruela introducida por los conquistadores en América en 1796, el cólera de origen asiático que llego a Europa en 1830. Estos virus surgen por la simple y sencilla razón de que son parte de una condición natural del ser humano. Nacemos, envejecemos, enfermamos y morimos.

Es importante señalar que al entrar en caos por cualquier situación, afloran nuestros miedos básicos: miedo a perder la libertad, miedo a la soledad, miedo a morir, y empezamos a vivir preocupados, agobiados. El no comprender el miedo en toda su dimensión, nos desconcierta y desconcertamos a los demás, manifestándose nuestra personalidad neurótica. El doctor en psicología Karl Albrecht afirma: “el miedo al miedo probablemente causa más problemas en nuestras vidas que el miedo en sí mismo”.

Nuestro miedo actual no es por el virus en sí, es por nuestra fragilidad humana, por nuestra mortalidad, de las cuales no somos conscientes. Ahora con esta enfermedad, de repente nos enteramos que existe la posibilidad de morirnos. De todos modos, sin la enfermedad podemos morir en cualquier momento. Nos cuesta trabajo reconocer que somos frágiles y que la muerte nos puede llegar hoy, la semana que viene o el año que entra. La muerte es un proceso natural de la vida y no tenemos porque negarla, simplemente debemos reconocerla, siendo conscientes de que nada es para siempre, no dejando ningún tipo de pendientes y viviendo más enfocados en la experiencia presente.

Existen miedos reales (racionales) y miedos que no son reales (irracionales). El miedo real es el que nos pone alerta cuando percibimos cualquier peligro; gracias a esta reacción hemos adquirido la capacidad para escapar de situaciones en las que peligra nuestro bienestar físico. Por ejemplo: miedo ante ciertos animales que nos pueden causar lesiones, ante armas, ante enfermedades terminales, etc.

En cambio, el miedo no real proviene de nosotros mismos. Es fruto de nuestra inseguridad, es el que nos induce imaginar que algo malo nos va a pasar sin tener ninguna prueba válida, hace que una falsedad imaginaria, en vez de la realidad, domine nuestros pensamientos. Por ejemplo: tomar nuevas decisiones, a emprender un nuevo proyecto, el temor a que nos pueda ocurrir algo malo, etc.

El miedo racional puede ayudarnos en nuestro día a día como un mecanismo de alerta protector. El irracional solo logra paralizarnos y sufrir sin sentido.

Para superar los miedos irracionales el primer paso es aceptar que existen, segundo paso es empezar a salirnos de la triada maquiavélica. Una vez que somos conscientes de ello, debemos descubrir a lo que tememos y de qué manera está influyendo en nuestro estado actual. Sólo enfrentándolos podremos detener esta espiral que nosotros mismos hemos creado en nuestra psique y vencerlos para recuperar nuestra libertad.

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Dany Dharma
Es escritor, conferencista, coach de vida e instructor de meditación

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