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- COLECTIVO A FAVOR DE LA INFANCIA -
ASOMBRADO, APORTO INTERROGANTE
Luis Fernando Paredes Porras*
Cuatro caminos hay en mi vida
¿cuál de los 4 será el mejor?;
tú que me viste llorar de angustia,
¡dime paloma! ¿por cuál me voy?
José Alfredo Jiménez
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Asombro.
(De asombrar).
3. m. Persona o cosa asombrosa.
El asombro, según la definición, tiene varias acepciones:
Si me espanto, o asusto entonces me asombro. Si algo provoca mi admiración, puedo decir que me asombra, ya sea persona o cosa.
A partir de ello es imposible vivir sin asombrarse, pues el hombre se mueve, entre otros factores, a partir de temores, siendo el temor que le causa su finitud, el mayor. Pero no sólo la muerte nos asombra, también lo que los vivos hacen sintiendo placer al hablar de ello, disfrutando del chisme; chismeamos para asombrar a otros con nuestras revelaciones y deseamos sentir la experiencia de poseer información privilegiada de otras personas; y si estas personas son públicas, pues más asombro: ¿vas a creer que perenganito….?; llegando a extremos los cuales aborda magistralmente Mario Vargas Llosa en su ensayo “La civilización del espectáculo” .
Si asombrarnos es asustarnos, basta enumerar las situaciones que actualmente nos espantan para constatar que tan asombrados vivimos; ¡dios mío, me espanté! es una frase cotidiana motivada por múltiples factores, todos ellos potenciales detonadores de nuestro asombro.
Por otro lado, extraviar, de acuerdo a la definición, tiene que ver con camino, salirse de la vía; aplicando entonces lo dicho hasta ahora a la pregunta del Dr. Abel Pérez (en su colaboración “aportemos interrogantes”) “recuerda usted amable lector: ¿Dónde extravió la capacidad de asombro?”, difiero con en la forma en que realiza el cuestionamiento.
El Dr. Pérez nos habla de que “se extravía la capacidad de asombro”. Pienso que, tal vez como abogado, se refiera a la aptitud legal para ser sujeto de derechos y obligaciones, si es que está tomando como un derecho y un deber el cuestionarnos todo lo que sabemos o creemos, pues como él mismo dice, “pasa a ser nuestra herencia”. O quizá se refiera a la capacidad - desde su quehacer educativo- , entendiéndola como la “aptitud, talento, cualidad que dispone a alguien para el buen ejercicio de algo”, al cuestionarnos: ¿cuándo fue la última vez que planteó una pregunta que lo orilló a cambiar su visión de la vida?; ¿cuáles son las interrogantes que ha aportado usted a quienes lo rodean?; que desde mi visión, se relaciona con los fines de la educación.
Pero si no fuera desde el sentido jurídico o el educativo, el Dr. Pérez habla de extraviar dicha capacidad de asombro desde un criterio que no especifica y que me ha permitido al inicio de esta reflexión, afirmar que no se puede vivir sin dicha capacidad, pues es inherente a la condición humana. Por lo tanto, conociéndole le agradeceré que disipe mi ignorancia para dejar de considerar inadecuada la forma en que realiza su cuestionamiento, puesto que considero que la capacidad de asombro no hay que recobrarla, como si una mañana nuestra psique la encontrara en el rincón de nuestro inventario.
A la capacidad de asombro, como a cualquier otra, hay que orientarla, dirigirla, entrenarla, instruirla y el mejor de los casos, educarla. Es lo que hacen las personas que deciden lo que nos debe asombrar y mucho se ha hablado de ello, de los temores que nos enseñan a mantener y de las personas o cosas que hay que admirar. Es decir, tenemos que aprender a educar–nos el asombro. Distinto es a que se diga que por no realizarme determinados cuestionamientos (como lo que propone el Dr. Pérez) tenga extraviada dicha capacidad. Incluso si se parte de que dicho extravió se refiere a que actualmente me asombro por situaciones que no se deben o no son benéficas frente a lo que se debe o es recomendable. Porque ese juicio de valor responde a un proyecto y tendría que profundizar el Dr. Abel en los objetivos del mismo, ya que sitúa como más valiosos los cuestionamientos que propone, frente a los que actualmente tengo, o bien quizá me invite a añadir su propuesta a mi inventario, sin invalidar mis intereses aceptados por mis circunstancias.
Si me hablan de que he extraviado algo – en este caso la capacidad de asombro - y mi experiencia me indica que no lo requiero para vivir, resultaría complicado que reflexione en los niveles a los cuales nos invita el Dr. Pérez, o sienta el deseo por ello, sólo por el hecho de que me sugieran hacerlo, sin mostrarme los beneficios y una vez que los valore como tal, me acompañen en el proceso de desarrollar mis competencias para mantener ese grado de reflexión.
Situación distinta si se reconoce que me asombro, igual que aquel que se espanta o admira por los posibles pensamientos y designios de su deidad preferida; o siente gran admiración por los logros o posturas de personajes que orientan un proyecto educativo distinto, como por ejemplo, admirar los triunfos deportivos o escándalos rosas, frente o al que propone el Dr. Abel, entre líneas. Si me dicen que no formo parte de ese grupo selecto que tiene la capacidad de asombrarse, será más complicado despertar mi interés en ello. Incluso la idea de que algunos se asombran y otros no, puede alentar una discriminación que justifique todo lo que una premisa de esa naturaleza permite.
Pareciera, según los planteamientos del Dr. Pérez Rojas, que “solo y solo si” me asombro, teniendo el interés y la competencia (que es más que una capacidad) para plantearme y discurrir preguntas como las ya señaladas (“¿qué ha hecho usted para responder a las preguntas que le intranquilizan en lo más profundo de su ser?”).Sinceramente no creo que sea esa su intención, pues todos tenemos una percepción distinta de lo que debe intranquilizarnos en la profundidad de nuestro ser y es desde ahí, desde esa particular percepción, que se orienta mi capacidad de asombro.
Estoy seguro que el Dr. Pérez compartirá su concepto de asombro y el proyecto de hombre que subyace a sus interrogantes, entonces, como otras veces me asombraré, pues supongo tiene que ver con esa espiral que implica saber sin fin…. pero solo es un supuesto.
* Luis Fernando Paredes Porras es director del proyecto Las 1001 Voces y Colectivo a favor de la infancia , el cual consiste en desarrollar el pensamiento crítico de los niños a través de la comunicación. Luis Fernando Paredes Porras es conferencista y facilitador en educación.
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