¿QUÉ ES EL AMOR?
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¿QUÉ ES EL AMOR?

Por: Isabel Specia Cabrera

“El amor es considerado como un conjunto de comportamientos y actitudes involuntarios y desinteresados, que se manifiestan en seres capaces de desarrollar inteligencia emocional o emocionalidad. El amor no es privativo del género humano, sino que incluye también a todos aquellos seres que puedan desarrollar nexos emocionales con otros, como por ejemplo, animales como los monos, los delfines, los perros, los elefantes, etc.

 

Habitualmente se asocia el término con el amor romántico, una relación pasional entre dos personas con una influencia muy importante en sus relaciones interpersonales y sexuales mutuas. Sin embargo el término se aplica también a otras relaciones diferentes, tales como el amor platónico o el amor familiar, y también en un sentido más amplio se habla de amor hacia Dios, la Humanidad, la Naturaleza, el Arte o la Belleza, lo que suele asociarse con la empatía, y otras capacidades. En la mayoría de los casos significa un gran afecto por algo que ocasiona felicidad o placer al que ama…”. (es.wikipedia.org/Wiki/amor).

Al parecer la definición citada deja claro que todos, absolutamente todos los seres humanos somos capaces de amar, y lo que es más, podemos ser felices cuando amamos.

¡Ah el Amor! Que sentimiento tan puro cuando recibimos el abrazo de nuestra madre, que alegría y seguridad proporcionan sus amorosas caricias, que determinación crean sus consejos, quien pudiera albergar tanto amor en un solo corazón. Y el amor paterno, que maravilla es compartir su sonrisa llena de amor, que dicha sentarse en sus rodillas y sentir, muy de cerca los latidos de su fuerte corazón, que consuelo cuando recibimos su abrazo en señal de un “te quiero” o un “te lo advertí”, quien poseyera ese amor disfrazado de fortaleza para poder cubrir a los demás…

¡Ah el Amor! Ese caprichoso sentir que provoca todo ser con quien compartimos nuestra vida, hermanos y hermanas, abuelos y abuelas, tíos y tías, primos y primas. Esos seres que, de una manera obligada, forman parte de nuestra vida, de nuestra historia, quienes estarán presentes en momentos de alegría y tristeza, aquellos seres que nos verán crecer o crecerán a lado nuestro. Esos seres que roban parte de nuestro corazón y que al partir nos dejan un hueco en el alma y jamás, jamás encontramos cómo llenarlos, esos seres que, como Chayito y Maru, nos dieron sólo amor, pero que al final, se van y si aún quedamos, no paramos de extrañarlos. Quien como esos seres, capaces de reír junto a nosotros, sólo por amor a la familia.

¡Ah el Amor! Ese no se qué, que llega cuando establecemos amistad con un  ser humano al que jamás habíamos visto. Ese compartir de juegos y risas, de burlas y enojos, esa complicidad en la escuela, los apodos a los maestros, los acordeones, las respuestas al aire en el examen, ese crecer y sentir el nudo en la garganta al momento de terminar la preparación escolar, la etapa laboral, o bien el camino. Ese mismo sentir que no se va, que se queda en los recuerdos y lo mejor, en aquellos que aún son nuestros amigos. Quien como ellos, los que dieron vida a nuestra vida, los que quedan en el más dulce recuerdo, los que al llegar a nuestra mente nos arrancan la más hermosa carcajada y el más profundo suspiro…

¡Ah el Amor! Esa emoción extraña que se presenta justo en el momento en que no la esperamos, ese revolotear de mariposas en el estómago que nos hace reír y llorar sin saber qué pasa con nuestro cuerpo, con nuestra mente y más aún con nuestro corazón. Ese extraño “hacer de las nubes terciopelo” por el sólo hecho de pensar en aquel ser que provoca un cambio inesperado en nuestro comportamiento, que ha invadido nuestro existir, que nos lleva a hacer lo impensable, que nos separa del resto del mundo, que nos hace ver la vida color de rosa, quien tuviera el don de modificar la vida de un ser, sólo con Amor…

¡Ah el Amor! Ese desconcierto que se hace manifiesto al sentir en nuestros brazos un pequeño ser, fruto del amor, que llora incesante, que busca la luz y unos senos que lo alimenten, ese sentimiento que provoca alegría, miedo, temor, ¿qué hacer?, ¿cómo?, que sensación más reconfortante sentir sus labios en nuestro seno y el cesar de su llanto, darnos cuenta que lo único que hay que hacer es amar, amar sin reservas, amar sin temor, amar con alegría, amar, como en su momento nos amaron, quien  gozara de ese momento en que dos grandes amores se funden en un cálido abrazo…

¡Ah el Amor! Ese sentir placentero cuando nos damos el tiempo de observar a nuestro alrededor en medio de un bosque, que luz indescriptible llega a nosotros a través de los árboles, que calor tan rico nos otorga el sol, que frescura proporciona el pasto y la hierba bajo nuestros pies, que aroma tan grato llega a nuestro olfato, que grandeza, que libertad y que paz provoca sentir a la “madre naturaleza”. Que placer apreciar los sabores de la naturaleza, sus amaneceres y atardeceres, sus paisajes azules, verdes, dorados, sus cálidos veranos y sus fríos inviernos, su furia, su despertar, su natural movimiento y sus transformaciones geológicas. Quien como ella para proporcionar tanto y tanto bienestar…

 

¡Ah el Amor! Ese, ese que sentimos por el ser al que no conocemos, al que nos han presentado desde siempre y al que han mostrado de diversas maneras al mundo. Ese ser que puede amarnos y castigarnos por ser su creación, ese ser que nos consuela cuando lloramos amargamente ante la pérdida del camino o de un ser amado, ese ser enorme, gigante, que todo lo ve y todo lo puede, ese ser que nos envío a su hijo, ¿para que muriera por nosotros?, ese ser que vive en el cielo, en nosotros mismos, en el prójimo, ese ser que nos lleva en sus hombros cuando la vida casi nos vence. No sé, pero como escribiera Jaime Sabines: a mi, me encanta Dios”…

¡Ah el Amor! Reflexionar sobre este comportamiento o sentimiento, no sólo del hombre, me lleva a una serie de cuestionamientos y, la verdad, no tengo respuesta. ¿En dónde se encuentra el amor en los secuestros?, ¿a dónde se fue en actos como pedofilia o violación?, ¿qué hacía el amor en el momento en que un ser le quita la vida a otro, por beneficio propio?, ¿Que diablos hace el amor que no se encuentra en las guerras?, ¿Por qué no se aparece en la muerte injustificada de miles de niños?, ¿Por qué no está cuando más lo necesitamos? Acaso el Amor también goza de vacaciones, o será que no a todos los humanos nos provoca felicidad el amar….  

* Isabel Specia Cabrera es periodista, académica y escritora mexicana radicada en el Distrito Federal. 

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