La fabricación del “mexicano”
Minuto a Minuto

RADIO Sabersinfin.com

 

 

 

- La Historia Jamás Contada -

28 de agosto de 2015

Una cápsula del recientemente fallecido Jaime Almeida retransmitida en Radio UNAM como homenaje, me dio la clave de algo que sospechaba hacía mucho, pero que a pesar de haber avanzado histórica y sociológicamente en su demostración, faltaba aún el elemento catalizador que lograra la síntesis.

Para esto, hace ya 30 años que tenía muy claro el papel que juegan la Arqueología y Etnografía oficiales, con su permanente búsqueda del “espíritu de lo mexicano” en lo profundo de la tierra o lo recóndito de la sierra –o selva-, respectivamente, bajo el supuesto de que, cuanto más lejanos o inaccesibles sean los vestigios, más genuinos serán. Afirmación que me valió la antipatía de mis amigos estudiantes de Antropología al hacerles ver que con su labor legitimaban al partido en el poder, del que se consideraban críticos acérrimos.

Recuerdo haber caracterizado el año siguiente al régimen político del país como “clerical-priísta” –en ese orden-, con los maestros de Educación Básica como sus principales agentes ideológicos, más aún en el medio rural, donde prácticamente estaban al servicio del cura y el cacique. Esto en cuanto al adoctrinamiento formal, forzoso de la educación escolarizada, que casi por naturaleza o biología rechazamos al llegar la adolescencia.

Pero está el otro, imbuido en la cultura popular, abrazada indiscriminadamente por muchos, que interiorizan individualmente los modelos de conducta y pensamiento colocados allí, sin posibilidad de cuestionarlos racional y objetivamente dado que forman ya parte de su personalidad y supuesta expresión auténtica personal: la famosa “identidad”.

Aquí es donde encaja la aguda observación del musicólogo y periodista –entre otras cosas- mencionado el principio, señalando explícitamente que Pedro Infante no era ranchero ni pueblerino, sino decididamente urbano. Ésa es la clave: el Estado montó todo un aparato cultural destinado no al habitante del campo, inmerso en su propia realidad, sino al citadino, adoctrinándolo para sentirse de alguna forma campesino, pero colonizado, respetuoso de las figuras –tipos sociales- tradicionales de autoridad, como el patriarca –natural o comunal-, la matrona, el sacerdote y el maestro, que siempre tienen la razón, haciéndoles el juego personajes como el Presidente Municipal borrachín, el tendero-acaparador y otros, moralmente ambiguos, sin faltar por supuesto los villanos como el caporal, el pistolero, el ateo y, en su momento, el sindicalista agitador, que viene a perturbar la beatífica paz del trabajador resignado a su suerte -¿les suena conocido?-.

Todo desde una óptica doméstica, centrada en la familia nuclear idílica – la Sagrada Familia- como principio y fin de las ajetreadas patoaventuras que conducen a ninguna parte. Por eso las impersonations de Pedro Infante como ranchero resultan grotescas al no corresponder a su ser individual ni a su época y mucho menos a la realidad. Lo mismo que las tragedias griegas “a la campirano-mexicana” del “Indio” Fernández y así sucesivamente, no sólo en el cine sino en todos los ámbitos, realizadas con los recursos técnicos y standards del Hollywood de la época, misma que, en el plano académico, vio nacer el Instituto Nacional de Antropología e Historia, de ninguna manera por casualidad.

Lo irónico es que todavía hoy, haya tantos que se empeñan en ser y vivir a imagen y semejanza de esos arquetípicos “mexicanos” que nunca existieron más allá de una cultura popular hechiza y oficialista.

Imagen: armandosantosu.files.wordpress.com

Fernando Acosta Reyes(@ferstarey - es fundador de la Sociedad Investigadora de lo Extraño (SIDLE), músico profesional y estudioso de los comportamientos sociales.
  1. Facebook
  2. Twitter
next
prev
next
prev

Hay 1403 invitados y ningún miembro en línea