La escuela del perro
Minuto a Minuto

 

 

21 de agosto de 2014
 
- Diálogos con la Naturaleza -
 
La luz de Atenas ha sobrevivido la prueba del tiempo. Ilumina la construcción de valores de la misma forma en que Protágoras sostenía que Zeus concedió al hombre tres elementos cruciales para el desarrollo de la polis: eunomía observancia de la ley, díke, justicia y areté virtud. Con estas columnas el mundo griego, construyó una barrera conceptual respecto a sus vecinos, considerados bárbaros, ajenos a la identidad de la lengua y los valores griegos.

A lo largo de los siglos, los valores griegos prevalecieron, pasaron a Roma, se borraron durante el medioevo fueron heredados por los griegos de Bizancio, regresaron a occidente, empujaron el renacimiento y han sido la referencia con la cual las convenciones jurídicas y sociales han caminado la historia, pese a las dicotomías de la expansión colonial europea.

 
Estos valores, sin embargo, a lo largo de los siglos han sido ajenos a los brutos e ignorantes que los colocan inexorablemente junto con los animales.
 
El estimulante y asombroso mundo griego, produjo notables escuelas de pensamiento, el impulso de la búsqueda filosófica abría puertas a las grandes preguntas humanas sobre el origen del Cosmos, y sobre la naturaleza y devenir humano.
 
El perro (kión) en la antigua Grecia, era símbolo de la indecencia, la indiferencia a cualquier valor. Constituía un gravísimo insulto equiparar a un hombre con un perro. En la Ilíada, Aquiles espeta a Agamenón "cara de perro" por la decisión del rey espartano de quitarle al héroe aqueo a la esclava Briseida. Y justo por la figura del kión, que mea los templos y las figuras sagradas, que no se detiene para robar las ofrendas, por su figura contraria a la observancia de la ley y el orden, Antístenes, discípulo de Sócrates, eligió con ironía y orgullo la figura del perro para fundar la gran escuela de los cínicos.
 
En todos los tiempos, ha habido movimientos de contracorriente, de severa crítica a los valores que constituyen la fuerza integradora de la mayoría. Los cínicos solo pudieron surgir en una sociedad avanzada para la época que permitía el libre juego de las ideas. La polis griega se erguía orgullosa por sus propios logros, pero los cínicos exigían libertad y respeto a la individualidad en franca oposición a la moral que los cínicos consideraban hipócrita y, caracterizaba a la familia y la ciudad misma. Los cínicos crecieron en número, utilizaban la sátira, el chiste a costillas de los encumbrados en turno, la total desinhibición y desvergüenza.
Diógenes, Antístenes y Crates entre otros muchos son los personajes que se negaban a rendirse ante lo aceptado por la mayoría; pretendían esencialmente desenmascarar lo inauténtico e hipócrita que se aceptaba por el impulso de la costumbre, y no mediante el razonamiento y el estudio.
 
Justo cuando Alejandro planea la conquista de oriente y pasa por Atenas, la figura señera de Diógenes de Sinope, apodado "el perro", se convierte en el cínico por excelencia. Atraído por la fama de Diógenes y su barril a manera de vivienda, Alejandro se acercó y le dijo: pide lo que quieras. El cínico, sin más e indiferente a la multitud, expresó: quítate de ahí que me cubres el sol. De Aristóteles dijo que se trataba de un meteco conservador.
 
Diógenes, a quien se atribuyen anécdotas de toda suerte, dijo alguna vez con su linterna encendida en el mercado de Atenas y en pleno día, para asombro de todos, gritaba: busco hombres; alguien dijo que allí había muchos, Diógenes simplemente repitió la frase y agregó: no veo a ningún hombre verdadero. Dijo que las guerras, entre las ciudades estado, debían aborrecerse y que él, Diógenes, aboliría a los militares y de paso a los sacerdotes por inútiles. Solía masturbarse en público para consternación de los atenienses, el cínico, pregonaba que un verdadero perro, un cínico, debía buscar la libertad sobre todas las cosas y bastarse a sí mismo. Contemporáneo de Platón, se burló del gran filósofo y causó la hilaridad de todos. Platón declaró muy solemne que el hombre era un bípedo implume, a continuación Diógenes desplumó un gallo y muy ufano, lo soltó para que corriera libremente entre todos los asistentes y dijo: Éste es el hombre de Platón. En la Academia el revuelo fue mayúsculo; en lo sucesivo se añadió "bípedo implume con uñas planas".
 
La muerte de Diógenes es reveladora de su sentido de la vida. Invitado a comer pulpo cocido se negó en redondo ya que "el pulpo cocido es un regalo del fuego civilizador de Prometeo". Comió pedazos de pulpo crudo, como una actitud contraria a la hipocresía civilizadora. A pesar de ser una especie de perro, fue incapaz de digerir el alimento y murió.
 
Al igual que en la Grecia clásica, ahora necesitamos un verdadero cínico, un kión que espete a politiquillos mediocres, vividores y parásitos enquistados en todos los órdenes de la vida, que los verdaderos valores son la sobriedad, la honradez, la sencilla disposición de las cosas que nos hacen reflexionar sobre nuestro quehacer en el entorno social. Nos despedimos con Solón: "...y el pueblo se hunde en la servidumbre de un rey, por ignorancia"
 

alejandro rivera perezAlejandro Rivera Domínguez (Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.) es director de la Estación de Satélites Kosmos Puebla.

next
prev

Hay 389 invitados y ningún miembro en línea