¿Para qué más partidos políticos?
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15 de agosto de 2014

Tres nuevos (y flamantes) partidos políticos obtuvieron su registro el 9 de julio del año en curso: Movimiento Regeneración Nacional (Morena), Partido Humanista (PH) y Partido Encuentro Social (PES).

En un país como México donde la calidad de la educación no importa (ni a dadores ni a receptores ni a legisladores de la misma), donde los servicios básicos (y los no tan básicos) son deprimentes comparados con otras naciones, donde la corrupción nos coloca en un nivel muy alto en las escalas mundiales, donde la religión católica, arraigada ya hasta la médula, funge como un cáncer que cada vez merma más la salud mental de millones de personas a lo largo y ancho del territorio nacional imponiendo ideologías, encausando votos y (apocalípticamente) casi casi legislando a favor de la ignorancia y el atraso que significa esa “institución” divina de ya casi 2000 años de antigüedad símbolo de poder (y de enriquecimiento ilícito).

Después de reflexionar todo esto (y más, si se quiere), surge la incómoda, pero desgraciadamente necesaria, pregunta:

¿Para qué más partidos políticos?

Son la misma escoria vestida de diferente color… perfumada y arreglada… un nuevo slogan (lema publicitario) basta para modificar las formas y contextos (mentiras disfrazadas de cambio).

Al partido en el poder (PRI) le conviene de sobre manera que haya más “¡competencia!” ¡Claro! ¡Se establece la fábula de la democracia!... Es el gran teatro orquestado por las huestes políticas: la puesta en escena que le dice al “público conocedor” (más cordial eufemismo no pude encontrar) que la democracia es una realidad… no hay mayor mentira que esa.

Mientras más actores políticos existan más grande teatro arman.

En ese sentido el poder tiene más poder, ya que sus “adversarios” solo están ahí para reafirmar su poderío de antaño, solamente actúan como “oposición” fingiendo que están en contra. Pero no lo están. Simplemente esperan pacientes su tajada del país que los mantiene como parásitos enmascarados.

El registro de más partidos políticos no es, como nos lo quieren hacer ver los orquestadores, todos, de esta “gran victoria” de México y sus instituciones, un triunfo más de la democracia moderna. Es simplemente un triunfo de la politiquería y el rentismo político que parece no tener fin. La podredumbre política del país saltando de bancada en bancada, de partido en partido o, como logró hacer Andrés Manuel López Obrador, encapricharse y ceder su “lucha” contra la derecha y obtener, como premio de consolación (y para callarle la boca), su propio partico político para hacer y deshacer (como siempre pero con más presupuesto). Las cantidades de dinero que se les otorga a cada partido son ridículas, por más “pequeño” que sea el monto, dependiendo del partido, son una ofensa a los millones de mexicanos que viven en pobreza, en la miseria, sin tener acceso a servicios básicos (ni hablar de precarias comodidades y bienes).

El voto pierde poder (si alguna vez lo ha tenido) y los procesos de elección “democráticos” se hacen más engañosos y costosos.

En México la adición de más partidos políticos al menú de inmundicias no sirve absolutamente de nada. Aumenta el saqueo, el desvío de recursos, el aumento de una clase política que solamente pretende mantener su Statu Quo a costa de la pobreza, de la enfermedad, de la muerte de las clases más azotadas por la desigualdad y el abandono de sus presuntos procuradores.

Lalo MandragoreLalo Mandragore

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