12 de agosto de 2014
- La Historia Jamás Contada -
Un aspecto al que no se presta atención en Demografía –descripción de la población-, Política y ni siquiera Turismo, aun siendo la prioridad declarada de prácticamente todo Gobierno actual, es la libertad de movimiento y permanencia con SEGURIDAD en las calles de las ciudades, precisamente lo que las define como tales. De hecho, la tarea de la Política como “ciencia de la (administración de la) Polis” es saber cómo conseguir y mantener las condiciones para un comportamiento “político” tanto de los habitantes como los recién llegados. (En el habla inglesa aún se conserva la palabra “polite” para designar este comportamiento terso y considerado hacia los demás.)
Hay épocas en que éstas se dan espontáneamente –aunque siempre de manera efímera- y entonces las ciudades rebosan de vida, diurna y nocturna, y florece el comercio en general. Pero la regla es en sí lo contrario, incluso con políticas estimulantes del turismo, que sólo tienen efecto en muy contados lugares y a ciertas horas. Estas circunstancias, en que se realiza –se hace real- el ideal de la Ciudad, son lo suficientemente insólitas para justificar una investigación –“research”- más cuidadosa. (La palabra inglesa “research”, que proviene de “search” –buscar-, denota indagar sobre un fenómeno conocido e incluso recurrente, pero del que se desconoce su mecanismo interno, “rebuscando” en el territorio ya acotado.)
Ésta quedaría perfectamente encuadrada en la asignatura de “Política” si existiera. Como no es así, podría realizarse desde la “Sociología de la Vida Cotidiana”, es decir, cómo vive la gente el día a día de acuerdo a su medio social. Así podría responderse la pregunta fundamental: ¿Por qué hay medios en que las personas conviven “políticamente” mientras en otros prevalece el abuso en las relaciones?
Esta cuestión se abordaba en la materia escolar de Civismo, aunque a través de un enfoque autoritario, pues se enseñaban los deberes del ciudadano con los agentes del Estado, desde policías hasta gobernantes, pasando por todo tipo de burocracia, pero nunca se mencionaban los recíprocos de éstos hacia los ciudadanos: era un civismo “mocho”. Por eso la gran rebelión de la juventud citadina de los años 60, que dio sus frutos liberadores la siguiente década, aunque ya en ésta el debilitamiento indiscriminado del control del Estado, comenzó a favorecer el abuso de grupos procedentes del LUMPEN, tanto el tradicional urbano como el emergente de los recién llegados a las ciudades desde poblaciones pequeñas y cerradas que, por una especie de “efecto de Bernoulli” antropológico, se expandían al llegar a un medio social menos restringido, esto es, caían en un estado de ANOMIA –falta de reglas- que podía prolongarse indefinidamente, incluso por generaciones. (Me comentaba un amigo nativo del Distrito Federal que allá se reserva el término “chilango” para este tipo de especímenes humanos que abusan de los demás por falta de mecanismos de control social.)
Así que un objetivo constante de cualquier actividad legítimamente POLÍTICA, sería garantizar a los ciudadanos poder vivir en las ciudades, libres de abusos tanto de Autoridades como individuos o grupos fuera de control. ¿Se da esto cuando menos mínimamente aquí y ahora? En caso contrario, es urgente determinar por qué y aplicar la máxima: SUBLATA CAUSA TOLLITUR EFFECTUS.
Fernando Acosta Reyes (@ferstarey - Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.) es fundador de la Sociedad Investigadora de lo Extraño (SIDLE), músico profesional y estudioso de los comportamientos sociales.Facebook Social Comments








