La Fuerza Política de la Contracultura
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14 de junio de 2014

- La Historia Jamás Contada -

Al conmemorarse esta semana un aniversario más (el 43) del ataque de los “Halcones”, grupo paramilitar creado, financiado, entrenado y encubierto por el Gobierno no sólo del Distrito sino también Federal –aunque el “sacrificado” fuera finalmente el Jefe del Departamento, Alfonso (“Halconso”) Martínez Domínguez, sólo para resarcirlo después con la Gubernatura de Nuevo León-, periodistas y analistas políticos han especulado sobre una relación entre ese hecho sangriento y otro que no lo fue, ocurrido exactamente tres meses más tarde en Avándaro, Estado de México: el “Festival de Rock y Ruedas”, al que se calcula asistieron unas 250 mil personas, jóvenes en su inmensa mayoría. Personalmente afirmo que había una relación, pero HISTÓRICA:

Tan sólo por su número y tener un interés común, ya se trataba de una innegable fuerza POLÍTICA, pero debajo había mucho más de lo que alcanzaban a percibir organizadores, asistentes y detractores, los “indignados morales” de siempre, no todos derechistas: nada menos que OTRA manera no sólo de ver o entender el Mundo, sino de vivir y actuar en él, lo que el sociólogo Theodore Roszak llamó una “contracultura”. Y había sucedido en México, en la clase media, tan vilipendiada por los intelectuales radicales de izquierda, que aún esperaban un Mesías obrero o campesino -¿de la CTM o CNC priístas?- y también muchos de los que participaron en el malogrado Movimiento de tres años atrás.

Porque controlados eficazmente los trabajadores de la ciudad y el campo por el Partido-aparato de Estado, la oposición floreció entre la clase media no encuadrada laboralmente pero además inmune al influjo del aparato ideológico, sobre todo los medios de masas (prensa, cine, radio y televisión). La constituían básicamente hijos de trabajadores -incluyendo del Estado o “burócratas”- con acceso a la educación superior y trabajadores independientes que hasta cierto punto lo eran también en su modo de pensar. (En 1975, un radiotécnico nos dijo conversando: “Yo por eso me traje mis CASSETTES (mostrando uno), para no oír el Informe”. Después de todo, cada quien tiene su manera de resistirse al adoctrinamiento.)

En una dualidad que sería típica desde entonces, una parte de esa oposición optó por la política, participando en manifestaciones de protesta como marchas y mítines o tratando de organizar a minorías marginadas u oprimidas, para eventualmente terminar enganchándose en el juego electoral, mientras la otra simplemente se negó a jugar con las reglas del Sistema, decidiendo desde adoptar formas no convencionales o “aceptadas” de vestir y comportarse, hasta no acatar más los rituales “patrióticos” o “cívicos”, entre éstos ir a votar.

Por paradójico que parezca, la contracultura, a diferencia de la “mayoría silenciosa”-sometida, resignada… y amargada-, ha sido una fuerza política ACTIVA que ha socavado lenta pero inexorablemente el rígido sistema de convencionalismos y costumbres que sostiene al Poder formal, llegando a revolucionar la vida cotidiana, que no es poca cosa.

En cuanto a Avándaro y por cualquiera haya sido el motivo, lo sucedido provocó el veto gubernamental de manifestaciones contraculturales masivas, que sólo se reanudaron en 1981, irónicamente en Monterrey y Puebla, con la presentación del grupo británico “QUEEN”, cuando esta última ciudad ya vivía su propia “época victoriana”.

Fernando Acosta ReyesFernando Acosta Reyes (Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.) es investigador independiente de fenómenos extraños, amante de la música y estudioso de los comportamientos sociales.