Estado, Diversidad Cultural y Política Formal
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23 de mayo de 2014
 
- La Historia Jamás Contada -
 
El pasado 17 de mayo tuvieron lugar en Puebla dos marchas, cada una representativa de la forma de ser de una parte de la población. Ambas también expresiones locales de movimientos más amplios, incluso internacionales: la primera, contra el aborto, tuvo cuando menos otras paralelas en las principales ciudades colombianas; la segunda, una caminata “drag” (travestí), conmemorativa del Día Internacional Contra la Homofobia y Transfobia (IDAHO-T, por sus siglas en inglés).

Ambas igualmente con intenciones POLÍTICAS explícitas: la primera, echar abajo (aquí en México) la legislación permisiva del Distrito Federal, que amenaza permanentemente la hegemonía del clero católico sobre las legislaturas provincianas –en los dos sentidos- mientras la segunda, recordarles a estas mismas su obligación de actuar con equidad y pasar a discutir, votar y aprobar las iniciativas contra la discriminación que de facto se ejerce sobre las “minorías eróticas” (Lars Ullerstamm) o comunidad LGBTTI (Lésbica, Gay, Bisexual, Transgénero, Transexual e Intersexual), a pesar de los ampulosos discursos de algunos políticos “actualizados”.

Dos posiciones con sus respectivas peticiones a las que el Estado, esto es, el aparato burocrático que regula las interacciones –frecuentemente antagónicas- entre los diversos individuos y grupos que forman la sociedad, permanece indiferente, como si los miembros de su cúpula rectora, el Gobierno, fueran dioses olímpicos que contemplaran serenamente a la Humanidad desde lo alto, mientras deciden su destino a partir de una sabiduría infinita y misteriosa: la “razón de Estado”, precisamente.

A nivel de la Tierra y desde una posición estrictamente materialista, lo que ocurre es muy distinto: los políticos profesionales sólo se atrincheran en el pragmatismo, que en ellos alcanza dimensiones metafísicas al creer que, por algún ignoto mecanismo, permaneciendo donde están y aferrándose tozudamente a una Ley que han convertido en fetiche, las cosas retomarán tarde o temprano su curso normal o cuando menos aceptable, actitud compartida no sólo por los integrantes de los Poderes ejecutivo y judicial, para quienes aquélla es un objeto ya manufacturado que les entregan, sino también los del legislativo, que son quienes la fabrican (a base de retazos y remiendos, por cierto).

Esta cosificación de la Ley por una ínfima minoría privilegiada, atenta contra el desarrollo equitativo de una sociedad, la poblana, que hace mucho llegó a su madurez, pero que este tipo de “representantes” -¿¡de quién?-, a través del conjunto de prácticas que constituyen la POLÍTICA FORMAL (candidaturas, campañas, elecciones, Congreso, comisiones, dictámenes, plenos y votaciones), han venido manteniendo encerrada en los estrechos límites de una concepción cuasifeudal, que niega a los individuos los más elementales derechos sobre sus propios cuerpos, como a las mujeres decidir sobre su embarazo y a todos expresarse eróticamente con libertad, sin temor a represalias oficiales u oficiosas, como las instigadas por la Derecha. ¿Es tan sólo incompetencia o se trata de una conspiración?
 
Fernando AcostaFernando Acosta Reyes (Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.) es investigador independiente de fenómenos extraños, amante de la música y estudioso de los comportamientos sociales.