Para entender el presente
Minuto a Minuto

 25 de abril de 2014

En estos días de asueto, con tantos huecos en nuestra agenda, es inevitable reflexionar en algún momento sobre lo que tenemos frente a nosotros: el presente, cuyo misterio difícilmente desentrañaremos si no acudimos a la Historia. (Una alternativa sería la reflexión existencialista que, en el mejor de los casos, sólo nos aclararía por qué lo sentimos así, ya que se limita a indagar en la propia subjetividad individual.) Pero hay un problema: no existen libros –o medios equivalentes- de eso. Podría haberlos, pero a nadie se le ha ocurrido escribirlos. Sólo contamos con una multitud bastante caótica de observaciones personales y notas periodísticas que, si bien dan cuenta de los hechos actuales, no explican cómo éstos llegaron a ser (la limitación intrínseca del diarismo personal y el periodismo).

Aquí es donde interviene la Historia, pero no para apilar estos elementos en largas listas de hechos, fechas y lugares, que seguirían sin explicar nada, pues cada triada (hecho-fecha-lugar) individual no tiene una relación aparente con las demás. Para dar sentido a esa sucesión de datos, la Historia tiene que constituirse como una teoría científica que logre en su campo lo que las otras en el suyo, en este caso, hacernos capaces de justificar (en el sentido de “entender por qué”) el pasado, explicar el presente y hasta predecir el futuro, a partir de su objeto de estudio: los hechos –ahora ya- “históricos”. Y esto sin necesidad de recurrir a la autoridad de los “expertos”, que muchas veces no pasan de charlatanes.

El eje de la Historia es el tiempo, pues un hecho tiene lugar en algún momento que puede ser anterior, posterior o simultáneo a otro(s) que le(s) sirve(n) de referencia. Por eso, al (re)construir la Historia de algo, lo primero es establecer una “línea del tiempo” sobre la que podamos situar los hechos que suponemos relevantes para la aparición de otro –sus “antecedentes” o “precursores”-, del que tratamos de precisar su génesis. Éstos se convierten entonces en hipótesis que, de ser validadas, pasan a ser teoremas, esto es, elementos de una teoría que explica el hecho final.

Una vez dotada así la Historia de una estructura lógica demostrable, se desprenden de esta última dos observaciones importantes: 1. La teoría histórica se construye en sentido contrario al fluir de la Historia misma, es decir, del presente hacia el pasado y 2. Un presunto hecho que no puede ser validado por una teoría histórica no pasa de ser un mito.

Para terminar, sugiero al lector o lectora ensayar este sistema primero como crítica, tomando un trozo de Historia conocida y verificando si la cadena de hechos relacionados con uno que sería su consecuencia, tiene consistencia lógica, esto es, si está libre de contradicciones. Enseguida, localizar lagunas en la argumentación y tratar de llenarlas, con lo que empleará el método inductivo, que es el método histórico por excelencia. Y ya familiarizado(a) con éste, construir su propia teoría histórica para explicar un hecho reciente, como podría ser, aquí en Puebla, la privatización del Sistema de Agua Potable y Alcantarillado o alguno equivalente en su propio lugar de residencia.
 
Fernando AcostaFernando Acosta Reyes (@ferstarey - Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.) es investigador independiente de fenómenos extraños, amante de la música y estudioso de los comportamientos sociales.