El neopaganismo de hoy
Minuto a Minuto

 

 

1 de abril de 2014

Con motivo del Equinoccio de Primavera, muchos turistas acudieron a las pirámides a “cargarse de energía”. Curioso sincretismo entre la obligada visita a las ruinas prehispánicas y una creencia que estuvo de moda allá por mediados de los años 70: el poder de las pirámides. Aunque según las afirmaciones de la época, esta energía “actuaba” colocándose en el foco de la pirámide, en el interior, por lo que el pretendido beneficiario debía construirse la suya propia, fuera modesta con tan sólo las aristas o bien, ya más elaborada, como tienda de campaña.
 
Claro que si disponía de un poco más de tiempo y dinero, podía conseguir algo más estable y cómodo, como una palapa. Ahora que, si ni uno ni otro recurso escaseaba, podía entonces edificar o, mejor aún, hacerse edificar toda una habitación –usualmente un dormitorio- o hasta una mansión completa, si le apetecía, debajo de la mágica forma.
 
Pero la época de oro del poder piramidal era también la del individualismo como derecho, ya que en principio cualquiera podía buscar su autorrealización personal como lo considerara conveniente, pues no había nada parecido a los “valores” de ahora, de inspiración clerical y la ideología de legitimación priísta – el mal llamado “nacionalismo”- había dejado de operar en la conciencia de  una generación que presenció el genocidio de Tlatelolco.
 
Actualmente las cosas son diametralmente opuestas, pues mientras en esos años de ruptura, vivir  una “experiencia piramidal” era un acto de libertad individual que desafiaba convenciones y convicciones inveteradas, lo que tenemos aquí es otra religión de masas, con oficiantes, liturgia y días santos (¿les suena conocido?), tan sólo una devoción a otras reliquias, aunque monumentales, que no cuestiona, como entonces, las relaciones de poder establecidas. Por el contrario, hasta refuerza las ataduras familiares, anclaje de sistemas de control más amplios, como la televisión y la credencialización universal. La búsqueda personal de nuevos y mejores horizontes de vida, que era el motor de ese y otros experimentos existenciales de hace cuarenta años, no existe más.

Por eso llamé “turistas” a quienes acuden a esas concentraciones “místicas”, que son  como pasar un día de asueto en una playa atestada: tan sólo un RELAX para volver a la monotonía de la vida anterior a la “recarga energética”.  En esto vino a parar lo que hace veinte años parecía un nuevo paganismo liberador por el que vendríamos a recuperar, desde el fondo de nosotros mismos (el esoterismo propiamente dicho), el rumbo de nuestras vidas.
 
Fernando AcostaFernando Acosta Reyes es investigador independiente de fenómenos extraños, amante de la música y estudioso de los comportamientos sociales.
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