10 de mayo de 2013
Con el inicio de las campañas electorales intermedias poblanas, la tradición en materia de conformación previa de escenarios futuros, ha llegado a niveles jamás imaginados; por cierto, muy superiores a los de la era del PRI hegemónico o a los del PRI como partido predominante. La amplia participación ciudadana apostada en hacer trabajo político con el ánimo de acceder al poder municipal, bajo la “sombra” de los partidos políticos más importantes, de pronto esta acción colectiva en los 217 municipios se vio avasallada por pautas y decisiones de poder que pocos entendían, pero que era necesario obedecer, o en el peor de los casos “moverse” seguir las pautas para buscar la protección de partidos “bonsái” y partidos estatales emergentes, para continuar una “lucha política” a la que se le había invertido importantes cantidades de dinero, necesario recuperar.
Para ilustrar este tema, se toma como referencia un municipio. No al municipio de Puebla, o el de San Pedro Cholula, o Tehuacán, o Amozoc, que vivieron los mismos efectos; no, sino el Municipio de Acatzingo que como en otros procesos ha resultado paradigmático. Único municipio mexicano que tiene una escuela primaria que se llama Partido Revolucionario Institucional, a instancia del deseo del primer presidente del CEN del PRI oriundo de San Sebastián Villanueva –Gral. Rodolfo Sánchez Taboada-
Para el proceso electoral federal 2012, el PRI alentó la formación de grupos de ciudadanos para aspirar a la presidencia municipal en 2013, se formaron más de veinte, fenómeno político que facilitó la movilización de la sociedad civil, con recursos privados no partidistas, bajo la aspiración de invertir para después posicionarse y ser “candidatos”. Finalmente Peña Nieto perdió y el Peje ganó, resultado que disminuyó el número de los grupos tricolores aumentando la contienda interna. Mientras en el PRD y PAN, se vivía desde la administración municipal la peor crisis política con la sustitución del alcalde y la entrega de la burocracia al PRI, frente a un cabildo mayoritariamente perredista. Después se alentó desde algún poder –estatal o municipal, o chance federa- una candidatura ciudadana sostenida por una ONG relacionada con la producción y exportación de nopal y tuna. Candidatura que llevó el sello de la confusión: primero sería del PRD, después trabajó para el PRI, finalmente regresó al PRD, para después evaporarse. Por cierto, era la mejor pre-candidatura con una gran visión de futuro.
La confrontación en Acatzingo entre Alejandro Armenta Mier y Javier López Zavala, se notó en el fomento y apoyo de dos aspirantes, sin poner atención en la multiplicación de otros, ni en las encuestas se nombró al zavalista. Zavala se impuso con un aspirante con intención del voto en 15%, obligando al puntero que llevaba 29% que emigrara a buscar cobijo en el PRD. La llegada del priista en lo que sería la Coalición Puebla Unida (CPU), descompuso el trabajo de los ciudadanos que venían buscando alcanzar una nominación, y por ende, se facilitó la administración de la conformación de una planilla churrigueresca como la parroquia de ese lugar. Una “planilla” atravesada por la incredulidad de los sondeos de opinión y de la apuesta ciudadana.
Así como Acatzingo vive un proceso electoral atípico, otros pasan el mismo proceso, por eso, como hay municipios en los cuales más allá de las encuestas está garantizado el triunfo de la CPU, hay otros estratégicos en los cuales no existe la menor duda de que la Coalición Cinco de Mayo ganará sin mayores explicaciones. Los teóricos del marketing están muy lejos de explicar resultados electorales de un tipo de democracia constructivista a la que hoy asistimos...

Raymundo García García es mexicano, catedrático, investigador y doctor en Ciencia Política.








