7 de marzo de 2013
El federalismo mexicano nuevo, como un constructo operacional que cumple con las expectativas del modelo norteamericano, fue posible la terminación de la construcción de su andamiaje institucional, hasta que la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), fue reconocida como tribunal constitucional, en un primer avance con la reforma de 1994 y cerrado el círculo con la reforma electoral de 1996. Y fue posible por las transformaciones que produjeron elecciones competitivas por alcaldías y gubernaturas, provocando el debilitamiento del presidencialismo centralizador el sindicato de gobernadores y la CONAGO, hoy obstáculos para el retorno del presidencialismo que los priistas anhelas; por ello, al PRI pone todas sus energías en evitarla competitividad electoral, convertido el tema en “razón de Estado”.
La debacle del PRI y con ella del presidencialismo, fue por diversas consecuencias resultado del abandono de la ideología de la revolución y la adhesión a los lineamientos del Protocolo de Washington en la construcción de un estado neoliberal, que abrió el camino para un liberalismo e todos los campos de la vida mexicana, por supuesto impactando en la competencia electoral, la disputa por el poder de los municipios y luego el de las gubernaturas, hasta que en 1997 el PRI perdió en 1997 la mayoría en la Cámara de diputados, los cambios institucionales se multiplicaron, el presidencialismo se devaluaba rápidamente, las oposiciones avanzaban en la conquista de mayores poderes¸ los gobernadores encabezados por Roberto Madrazo, y Manuel Bartlett entre otros mediante una organización anti presidente denominado el sindicato de gobernadores, antecedente de la CONAGO. El concepto de Estado constitucional y liberal de derecho democrático, se movía en la base de los reclamos y exigencias de cambio institucional que culminó con una reforma judicial que produjo dos joyas importantes para la coronación del federalismo: la controversia constitucional y la acción de inconstitucionalidad, y con ello, se terminaron las destituciones de gobernadores por el presidente de la república.
Los efectos inmediatos fueron: la derrota del PRI en las elecciones intermedias de 1997; la pérdida progresiva de gubernaturas, que mientras en el periodo salinista tres gubernaturas pasaron al PAN, en el sexenio Zedillista subieron a siete las gubernaturas para el PAN: Baja California, Jalisco, Nayarit, Nuevo León y Querétaro y el PRD, ingresó en los triunfos de: DF, Baja California Sur, Zacatecas y Tlaxcala. Dentro de esta competencia la lucha por los municipios fue simbólica para que en las elecciones entre otros factores, la nueva geografía electoral diera su propia ayuda a la alternancia en la presidencia de la república en el año 2000 para el arribo de Vicente Fox Quezada. El PRI cayó de gobernar veintinueve estados al final de 1994, para que al inicio de la administración federal panista sólo gobierne veintiún Estados. En el foxismo con la propia inercia de cambio político y nuevas expectativas el PRI siguió cayendo para quedarse con 17 gubernaturas, mientras el PRD subió a seis y el PAN a nueve. Empero la recuperación priista en las elecciones intermedias de 2003, le permitió encontrar el camino para el regreso, y este no era otro que la vía electoral evitando perder elecciones locales. Y desde ellas, hacer lo posible por recomponer el retorno a Los Pinos,
Los partidos PRD y PAN, vislumbraron este fenómeno desde las elecciones estatales por las gubernaturas en el año 2004, en el fenómeno de las elecciones de Veracruz, Oaxaca y Tlaxcala. En las elecciones de 2010, las coaliciones buscaron contener lo más posible al PRI y lo lograron a medias; hoy el panorama es descarnado por eso el PRI aisló a Movimiento Ciudadano, en parte al PT, mantiene su alianza con el PMEV, pero le causa pánico la coalición PAN/PRD, porque descompondría la gobernabilidad de la presidencia y dentro de esto el PANAL está siendo sacudido, aunque mantiene su alianza con el PRI y PVEM en Veracruz y Tamaulipas; con el PAN/PRD en Baja California, y va solo en Oaxaca, en Puebla va que va con el PAN, la ley les ayuda.

Raymundo García García es mexicano, catedrático, investigador y doctor en Ciencia Política.








