22 de noviembre de 2012
El presente sexenio federal se cierra enviando una iniciativa que busca cambiar el nombre al país, de Estados Unidos Mexicanos por México, tema nada sencillo, por la presencia de otros enemigos del federalismo, a saber:
a) Los senadores de representación proporcional. La vorágine de los partidos políticos en su cartelización, por la cual privilegian la protección de sus intereses económicos y elitistas, alejándose de la sociedad y dejando de ser correas de intermediación y comunicación ciudadanía y gobiernos o poder político. Este fenómeno se muestra con la perversión de la libertad e igualdad de los estados miembros en la federación, a través del Senado. El pragmatismo de los partidos minoritarios mexicanos, antepusieron sus intereses para crear junto con los partidos grandes, en reforma al artículo 56 de la Constitución , publicada el 22 de agosto de 1996, treinta y dos senadores por el principio de representación proporcional y con ello alterar la representación igualitaria de los estados miembros: (en periodo 2012 – 2018, Puebla tiene seis senadores: 2 de mayoría y 1 de representación proporcional del PRI; 1 de primera minoría del PAN; 1 de representación proporcional del PRD; y 1 de representación proporcional del PT). Para reorientar el modelo federalista original, deben desaparecer los senadores por el principio de representación proporcional.
b) Intento centralizador de cuerpos de seguridad pública; Con la guerra desatada por la administración del presidente Felipe Calderón, en contra del crimen organizado, bajo el criterio de la existencia de debilidad estructural, operativa, financiera, y de corrupción de los cuerpos de seguridad pública municipal, se intentó golpear al municipalismo –base del federalismo en ciernes- y copiando el modelo de una república central a partir de 1991, como Colombia, se impulsó sin resultados, una política de centralización de los mandos policiacos a través de la idea de mando único federal, y mandos únicos estatales. Los presidentes municipales y gobernadores a través de sus secretarios del ramo de gobierno interno y seguridad del PRI, fueron las voces más disidentes, ancladas en la reivindicación del al Libertad municipal y de la soberanía de cada estado sostenida desde una visión federalista.
c) el crimen organizado. Con la guerra declarada por el gobierno federal en contra del crimen organizado; éste respondió en la parte más vulnerables del sistema político mexicano: la debilidad municipal y la facilidad de penetración por la narco política. El problema es tan grave que en el año 2010 fueron asesinados nueve alcaldes y candidatos a alcaldes (Velázquez, 2011). Siendo esclarecedor el escándalo de un diputado federal del PRD, desaforado por sus actividades delincuenciales ligadas a crimen organizado; más el asesinato del candidato a gobernador de Tamaulipas, y la erupción del rostro del crimen organizado en el estado de Coahuila. Y ahora;
d) Intento de cambiar de nombre a los Estados Unidos Mexicanos por México. Si bien es cierto que tiempo atrás se ha pensado en institucionalizar México, como nombre del estado nacional formalizado federalista en la Acta Constitutiva de la Federación , del 31 de enero de 1824; pero en particular del nombre que ratificaba dicha acta y sentido de gobierno federalista, plasmado en el protocolo de juramento en el artículo 101 de la Constitución fundacional del Estado mexicano, como Estado nacional, Como presidente y vicepresidente de la república, la pronunciación del texto siguiente: “Yo, N. nombrado presidente ( o vicepresidente) de los Estados Unidos Mexicanos…, que ejerceré fielmente el encargo que los mismos estados – Unidos me han confiado y que guardaré y haré guardar exactamente la Constitución y leyes generales de la Federación”. El cambio de nombre facilitará en el futuro presionar para retornar a un Estado unitario, sepultando los esfuerzos del pujante federalismo que se ha construido entre 1989 y nuestros días.

*Raymundo García García es mexicano, catedrático, investigador y doctor en Ciencia Política.








