La LVIII legislatura de Puebla olvida su Código de Ética
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La LVIII legislatura poblana periodo 2011 – 2015, primera dentro del contexto de un gobierno estatal alternativo al PRI; por su pluralidad político-representativa los poblanos esperamos un ejercicio legislativo histórico, éste se ha dado, pero para evidenciar el choque entre la barbarie del Poder Legislativo, frente al empuje civilizador que encabeza el titular del Poder Ejecutivo; del Poder judicial  mejor ni hablar.

Como nunca la mayoría de los diputados de dicha legislatura, han hecho evidente el olvido de su representación política, para resumirla en viejo estilo de representación sustentado en la satisfacción del interés personal, como reproducción del poder patrimonialista que tanto daña ha hecho a México. Ejercicio del poder faccioso, que lo vemos como natural porque es esencia de nuestra cultura, mejor dicho de nuestra civilización latinoamericana, magistralmente descrita por Samuel Huntington en su obra  El choque de las civilizaciones.  En la que marca las causas principales por las cuales el ingreso de México a la cultura occidental y en particular a la cultura de América del Norte, no es tarea fácil. La Cultura occidental y con ella su visión del Estado de Derecho, de la democracia política electoral, de la representación política, de la ciudadanía, de la libertad, etc. no obstante la copia al modelo NA, se práctica todo eso pero a la latinoamericana, y en nuestra tierra se hace a la mexicana, siempre con chapuza y pensando en el beneficio de los caciques, de la corporación, del grupo, de la banda.  

Llevamos veintinueve años de neoliberalismo y dieciocho de integración con Norteamérica, y es verdaderamente lamentable observar cómo nuestros político-legisladores adoptan conductas prístinas, conductas consideradas en la civilización occidental como de barbarie. Es cuestionable la actitud de los diputados de la LVIII legislatura poblana, porque ha sido la única que en su regulación interna –La Ley Orgánica del Poder Legislativo del Estado Libre y Soberano de Puebla- legisló para sí, el Capítulo V del Título Tercero la Ética Legislativa, que ha pisoteado con su inconstitucional “reforma electoral”. Basta reflexionar el texto del artículo 48º que dice: “El ejercicio de la función de los Diputados debe orientarse siempre a buscar el máximo desarrollo humano y bienestar de la sociedad como deber esencial del Estado. La actividad legislativa como función pública del Estado, se ejerce para satisfacer el interés de una sociedad plural por medio de la Ley y la representación popular. (Párrafo segundo) Los Diputados tienen la obligación de actuar bajo la estricta observancia de valores políticos y sociales como: justicia, legalidad, equidad, solidaridad, democracia, eficiencia, transparencia y con especial atención a la protección y promoción de los derechos fundamentales de la persona”

Lamentable el olvido o pisoteo de una Ética parlamentaria que en el primer momento se olvida y pisotea por sus propios autores, una Ética política parlamentaria apostada por  la legalidad, la constitucionalidad, el fortalecimiento de la democracia y de la eficiencia. Y es más grave cuando vemos al Poder Ejecutivo trabajando incansablemente a favor de la recuperación del Estado de Puebla para acabar con los viejos rezagos heredados por el PRI, cuando el esfuerzo se endereza por incorporar a Puebla dentro del proceso de modernización que la globalización exige; cuando todos aplaudimos las transformaciones que se están llevando a cabo en varios rubros fundamentales de la Administración Pública. Cuando después de que en la administración Marín, se escapó la planta de motores VW que nos ganó Guanajuato y hoy por todo lo que hace el ejecutivo poblano, se instalará Audi; simplemente con tristeza vemos que Puebla no merece a los diputados que sin ningún rubor pisotean nuestro régimen constitucional, solamente para satisfacer mezquinos intereses personales. Lamentable que en este mes de Septiembre, mes de la patria, mes de la libertad política; nuestras instituciones fundamentales, se haya intentado acribillarlas por la falta de oficio.

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*Raymundo García García es mexicano, catedrático, investigador y doctor en Ciencia Política.