De Timaná a la London School: un rosario lleno de providenciales oportunidades
Minuto a Minuto

- POLITING -

18 de enero de 2011

carlos salazar vargasNací en la heroica y muy ilustre Villa de Timaná, al sur del Departamento del Huila (Colombia) que al igual que Bogotá cumplió 470 años. Pero antes de cumplir un año -al terminar mi padre su periodo como alcalde de este municipio- y por insinuación –orden- del único hermano de mi madre que tuvo la oportunidad de estudiar dos carreras (fue abogado y economista de la Universidad Javeriana) me trajeron a Bogotá sin consultarme. En el lenguaje de los Andes en esa época, soy “calentano”, pero rápidamente convertido en “cachaco” y a las malas. Y es que en la tradición indígena, la autoridad del hermano de la madre asegura la línea sanguínea; así, mi tío José Vicente Vargas Salgado no solo tuvo influencia en mi vida personal, sino también en la nacional, pues fue un destacado líder conservador que ocupó importantes cargos. De ahí que éste, mi cuarto libro, esté dedicado “A la memoria de JVVS, hermano de mi madre, reconocido dirigente colombiano y mecenas de muchos líderes políticos,  industriales y económicos y, sobre todo sociales de Colombia y el exterior”.

En cuanto a mi familia, soy el mayor de ocho hermanos (en esa época apenas llegaba la televisión al país), y mi madre con ochenta años, está ahora muy animada navegando por Internet para estar en contacto con sus hijos, que son ciudadanos del mundo. Mi señora, Yolanda Castro Rojas, es una economista “rola”, a quien dedico mis libros. Con la “china” Yolanda no tenemos hijos, por eso nos dedicamos a cuidarnos mutuamente y a disfrutar de los frutos de nuestros hijos adoptivos que son mis cuatro libros y nuestra Schnauzer.

Becado en los Andes

Al terminar el bachillerato en el pre-seminario, pasé al Seminaro Menor San Benito, pues anhelaba ser Obispo, Cardenal o Papa, pero a mitad de sexto me botaron, porque según ellos, no tenía vocación. Por eso, terminé la secundaria en el colegio Champagnat, graduándome con notas sobresientes y pude entrar becado a los Andes a estudiar ingeniería. Posteriormente ingresé a cursar Economía Industrial y mucho después, en 1882, tras la muerte de mi padre, lo que me obligó a trabajar, me gradué como Administrador de Empresas.

La docencia

Combiné siempre trabajo con academia. Desde mi primer cargo en la Corporación Financiero Popular, hice mis primeros pinos como profesor de Marketing en las universidades Javeriana y el Rosario. Precisamente allí tuve como alumno a mi buen amigo Hnas- Peter Knudsen, actual Rector del Colegio Mayor y de quien fui su director de tesis.

“Para que un ‘opita’ aprenda política”,  en palabras del decano Javier Sanin S.J., me otorgaron una beca en la Maestría en Estudios Políticos de la Javeriana, y en la tesis titulada “Marketing Político” fui el primero en esas tierras latinoamericanas en estructurar este  campo; pero con una gran falencia: el 99% del Marketing Político es sólo mercadeo, y por ningún lado se ve la política. Por ello, como penitencia voy ahora por toda América Latina ofreciendo excusas y con el nombre de politing estoy corrigiendo, después de 20 años, este lamentable y perjudicial error.

Cuando ajustaba mi tesis de Maestría para su publicación, dos prestigiosas instituciones universitarias de nuestro país  (Javeriana y Rosario) tuvieron la singular osadía y muy posible atrevidad irresponsabilidad de presentarme para concursar por una Beca de Honor en Administración Pública y Políticas Públicas ofrecida por la Reina (God Save The Queen) en el Departamento de Gobierno de la mejor universidad del mundo: la London School   of Economics and Political Sciense, conocida como LSE. Mi tesis de grado se tituló “Marketing of Public Policy”  y fui corresponsal de Caracol en Londres, gracias a que la hija de mi ilustre tío “Jotavé” tuvo la temeridad de casarse con Yamit Amat.

Cuando regresé a Colombia en 1989, trabajé en la Javeriana durante varios años. Me dí a la tarea de buscar sinergias, reunir fortalezas y econtrar apoyos  entre las distintas instituciones académicas serias. En los dos periodos de mi Vicepresidencia Nacional de esta, mi querida Asociación –me afilié a AEXANDES desde el 76, antes de graduarme-, logré que mis amigos curas y colegas de otras universidades, dentro de ellos mis contertulios de la LSE, conocieran Uniandinos y admiraran nuestra hermosa sede. De esta época es mi artículo publicado en El Espectador, titulado “Tres universidades particulares… tres estilos peculiares” en donde resalto el posicionamiento distintivo de los Andes, la Javeriana y el Rosario, respetando sus particulares fortalezas y sus valiosas individualidades. En esa época también surgió mi idea de la “RUM-VA: “Red de Universidades en el mundo que Va”. Creo que es, actualmente, uno de los grandes y reales retos de la Asociación.

Fue precisamente por la querida Javeriana, mi otra Alma Mater, como llegué de profesor visitante a siete universidades de la Gran Bretaña y a la Iberoamericana, que con sus seis sedes pertenece al Sistema de Educación Jesuita de México (SEJ). A este último país fui por un semestre, en el 2001, pero por el asesinato de mi cuñado en Bogotá, llevo ya siete años en esas generosas tierras del tequila y del mariachi.

Mi más reciente libro

Irónicamente, fue en Colombia donde conocí al presdiente Vicente Fox y a su señora, Marta Sahagún, quienes en el Centro Fox en Guanajuato, están capacitando a toda una importante élite latinoamericana en las dos áreas de mi interés, estudio e investigación: el poling y las políticas públicas. Fue él justamente quien me hizo el honor de prologar mi reciente libro, financiado por la Fundación Konrad Adenauer y cuyo lanzamiento fue en Uniandinos: Políticas Públicas y Think Tanks.

El futuro

Mi futuro seguirá en la también heroica y muy ilustre Puebla de los Angeles (México) y desde aquí, con mi empresa CAS&A, Carlos Salazar & Asociados, estoy a las órdenes de todos los asociados para impulsar la Red de Uniandinos en el Mundo (RUM).

Precisamente, en el libro expreso “… unos públicos testimonios a México que está en mi mente íntimamente unido a un gran sentimiento de deuda, porque este querido país me abrió sus puertas, las univesidades mexicanas sus aulas, y la sociedad poblana sus corazones… mi eterno respeto, sincero agradecimiento  y fraternal cariño por esas gratas generosidades”.  Y es que realmente -tal como se comentaba con el señor Embajador de México en Colombia, licenciado Florencio Salazar-, las oportunidades son muchas, contínuas y muy grandes, pues lo que falta o escasea en estas generosas tierras mexicanas, florece en las añoradas tierras colombianas, y viceversa. Así que seguiré yendo y viniendo, pues ya cuento con algunos interesantes contratos en esta mi recordada Colombia, y muy pronto –y frecuentemente- en nuestra bella casa Uniandina, en donde, tal y como les consta a todos sus colaboradores, con marcada asiduidad desayuno, almuerzo y hasta visito el ameno, bohemio y algunas veces también tequilero bar la Pola.

Más de la obra de Carlos Salazar Vargas: