Nacer en Tuxpan, Veracruz (Artículo)
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3 de abril de 2021

 

Jesús Reyes Heroles

 

El hombre que naciera en Tuxpan, Veracruz, un 3 de abril de 1921, para orgullo de los veracruzanos y de los mexicanos expresa su testamento liberal y democrático en ese año de 1972. No traicionaría en sus siguientes 13 años de vida tales posiciones, sobre todo cuando se trató de mantener distancia de un Estado laico con otro de carácter religioso para el caso de México en sus relaciones con el Vaticano. Hombre de una palabra y de respeto a la Norma, tiene dos hechos que lo definen en la imagen central que obliga al respeto: En Hermosillo, Sonora, el 14 de diciembre de 1973, durante el acto de protesta del candidato del PRI al gobierno de Sonora, dedica sus palabras al tema de la <<no Reelección>>: “Pero, e insistimos en ello, padecimos en el siglo XIX los efectos de una oligarquía vitalicia. Durante prácticamente treinta años fuimos gobernados por los mismos hombres. Los tuxtepecanos, los porfiristas, nos dieron un ejemplo de lo que es una oligarquía que trata, por el poder, de ser vitalicia. La Revolución Mexicana, con el principio de la No Reelección, confirmó la eliminación de las oligarquías perpetuas a través de los nombres y las herencias políticas y sociales; pero esto que en lo general se ha logrado no debe inducirnos a la confiada ingenuidad de que se ha desterrado en definitiva. En la historia de un pueblo, pocas cosas, muy pocas en verdad, puede decirse que se ha logrado en definitiva, y la confianza ingenua es para los revolucionarios enfermedad incurable.”

Los devaneos con el tema de la “No Reelección” están presentes en nuestra vida, por desgracia, no hay conciencia ética de políticos de su nivel y fuerza histórica, que nos recuerde en este discurso el peligro de crear dictaduras; que se forman con apoyo de fuerzas económicas, las que cada día buscan tener más y más riqueza por encima de las necesidades de las grandes mayorías manipulando legislaturas, presidencias municipales y gobiernos de todos los niveles. “No Reelección” como vía para dar escape a toda fuerza social del país, para que los representantes de la misma se estén reciclando no en una sola persona, sino en las personas de dichas fuerzas sociales, que dan legitimidad al sistema al buscar la democracia. Era intransigente con los principios éticos y políticos. Lo es, y cito el libro de Federico Reyes Heroles, Horfandad / El padre y el político, publicado en el año de 2015, dice: “Díaz Ordaz caló en varias ocasiones si Reyes Heroles pretendía jugar a la grande, la candidatura presidencial. El presidente, hasta donde sé, fue quien esparció esa posibilidad. El cale fue de tracto sucesivo. Qué piensa usted del artículo 82 constitucional, le preguntó el presidente refiriéndose al impedimento de que hijos de extranjeros fueran candidatos a la presidencia. Reyes Heroles tenía una convicción muy clara: es correcta, podríamos tener un Smith en la presidencia. Tal posibilidad a mediados de los años sesenta era subversión pura. Pero Díaz Ordaz no pretendía modificar el 82, estaba claro de la resistencia. Entonces, ¿qué quería?” la posición de don Jesús de respeto a la Norma fue motivo de paz para Luis Echeverría Álvarez, que era el precandidato que más ansiaba el poder presidencial. Bien decía el veracruzano más o menos así: “No se preocupen del hijo del alemán —al referirse a Carlos Hank González, gobernador del Estado de México—, preocúpense del hijo del gringo”. Sus participaciones en la vida pública de México, con sus frases y dichos, eran compendio de historia, política, sociedad e ideología. Y la ambición no le ganó cuando de respetar el artículo 82 constitucional se refería al ser hijo de español. Y bien que se lo hizo saber al presidente de la República en su momento.

El hombre que naciera al venir la segunda década del siglo pasado. Imaginemos los sucesos antes de su nacimiento: en 1920 sucede la muerte del presidente de la República, Venustiano Carranza, en Tlaxcalaltongo de forma artera. No viene al mundo el niño Jesús Reyes Heroles en la ‘serenidad’ de quienes nacimos a mitad del siglo XX, sino en década que aún persiste en violencia postrevolucionaria. En 1923 sucede el asesinato del “Centauro del norte”, Pancho Villa, y a final de esa década, en el mes de julio de 1928, el asesinato de Álvaro Obregón. Son años de niñez para quién trae inteligencia que todo lo absorbe, como el genio que es. Sabe que la paz en una sociedad es fundamental para su desarrollo al hacerse adulto. Diez años de vida le hacen saber de oídas o por lecturas, que la guerra cristera está presente al otro lado de su país. Que los caudillos Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles, jefes indiscutibles venidos de la revolución, por debajo de la mesa o al abierto, se daban duro con el fin de demostrar su poderío. Las luchas intestinas y al abierto de los mandos militares es algo que se subraya en década de los veinte del siglo pasado, por la sed del poder político y económico. Niñez, adolescencia, hombre admirable en todas sus facetas. En la Serie: “Semblanzas y Perfiles Ideológicos de los Hombres de la Revolución Mexicana”, dedicada a Jesús Reyes Heroles, publicado en abril de 1985 por el Comité Ejecutivo Nacional del PRI, se dice: “…murió el 19 de marzo de 1985, en la ciudad de Denver, Colorado, Estados Unidos de América, donde se atendía de un cáncer pulmonar. Su vida, aunque dominada por el quehacer político, transcurrió en diversas vertientes: intelectual, maestro, historiador, administrador público y bibliófilo. De todas ellas existe testimonio escrito, en el que campea un estilo peculiar que fue decantando y enriqueciendo a lo largo de su fecunda vida: juego de ideas, empleo de la contradicción dialéctica, formulación de máximas de apuntamiento de tesis que pudieran explicar el momento histórico y, tal vez, cambiar posiciones en ejercicio y adaptación, que no copia, del pensamiento de Saavedra, Fajardo, Gracián, Burke, Gramsci, y otros, a la realidad mexicana.”

¿A qué horas leía tanto el ideólogo central del PRI que naciera como institución que busca consolidar las creaciones estatales de la revolución en 1946?... Cuenta Federico Reyes Heroles en su libro: “Una noche me lanzó sin demasiados preámbulos, ¿ya leíste a Hermann Heller? Sí, le dije con desenfado, un capítulo de la Teoría del Estado. ¿Un capítulo? ¿Y la soberanía? No, le dije. Te lees completa la Teoría del Estado y platicamos en Cuernavaca. Salí con una sensación de regaño. Y yo que pensé que le iba a dar gusto, que algo había leído de Heller, sabía de su pasión por ese autor. Pues ni modo, como a preparar un examen. La verdad, los dos nos tomábamos bastante en serio esas discusiones.” Tales palabras nos hablan de la necesidad apasionada por aprender del estudio de los libros, de los pensadores, de los hechos de la historia, para poder charlar, discutir o polemizar cuando fuera necesario. Era maestro y alumno a la vez el veracruzano en su laboriosa vida de político e intelectual, y cuando fue necesario de filósofo que hubiera sido de tiempo completo, si la pasión por la política no le hace ir del tango al tingo subiendo y bajando en la Alta Burocracia, donde las palabras mayores están a la orden del día de manera cotidiana. Prosigue en su relato Federico: “Llegó el fin de semana. Ya solos en la terraza me miró con ojos de inquisidor y me preguntó, qué es, en última instancia, el estado para Heller. Yo no estaba frente a mi padre. En ese instante yo no era su hijo. Él actuaba, una vez más, como maestro y yo como pupilo. No podía salirle con una bobada, me lo preguntaba en serio, era su materia, la teoría del estado, era uno de sus autores predilectos. No pretendía incomodarme o imponer su criterio, sino provocarme a ir a las profundidades de un autor. Al principio divagué un poco: la República de Weimar, socialdemócrata, no marxista, peleado teóricamente con Kelsen. Empezó la cátedra privada: judío, tuvo que huir a España, de hecho, uno de los primeros politólogos, porque siendo jurista fue más allá, indagó en aquello que escapa a las leyes. / De pronto me envolvió en una exposición apasionada de un autor que casi recitaba. Heller estaba en su mente, pero también en sus venas, en su corazón. Nunca he podido hablar de Heller sin recordar todo lo que de él había en mi padre. Por cierto, al final se contestó a sí mismo: cultura, el estado es cultura.” Nuestras clases, con tan heterogénea composición de alumnos, supimos en los años del ICAP que el estudio de Heller y Kelsen era obligación, nuestra segunda piel, para comprender que entrar a la política, era una aventura seria y apasionada por comprender el desarrollo del Estado, donde confluían todos los intereses sociales y todas las materias habidas y por haber. Ver llegar a Jesús Reyes Heroles al ICAP para conversar con invitados, politólogos principalmente, era motivo de buen comportamiento. Estaban ahí Reyes Heroles, González Pedrero, González Cosío y otros personajes de la política nacional, charlando sobre los asuntos del Estado nacional y el Estado y sus complejidades en el mundo.

 

Francisco Javier Estrada nació en Toluca, México. Es presidente de Casas del Poeta A. C. Fue director y fundador de revistas en tierra mexiquense; creador del Encuentro Internacional de Poetas del Estado de México y fundador de la editorial Casas del Poeta. Ha escrito más de cuatro mil artículos para revistas y periódicos en la entidad. Tiene más de ciento veinte títulos publicados en ensayo, cuento, poesía y antologías.
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