La disputa entre las elites
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Raymundo García García*

 

La lucha por el poder público en el Estado de Puebla, dentro del proceso formal de tipo electoral; lo único que ha venido a materializar, es la puesta en escena de la descomposición de una elite por muchos años en el poder que se redujo a prácticas de tipo aldeano; frente a otro grupo  que dentro de una visión política de mayor alcance, ha producido una lucha por el poder, al fin, en igualdad de condiciones, provocando que el tema crucial de la moralidad pública de los gobernantes priístas poblanos se pusiera a debate.



En la inteligencia que la elite gobernante, se ve realmente amenazada de perder el poder, entró dentro de un proceso de descomposición acelerado desde el inicio de este  último periodo de mandato; combinando el ejercicio errático de la violencia; la negación de los acuerdos establecidos en las leyes;  la obtención de consensos sustentados en la compra de los apoyos de los más necesitados; pero sobre todo, se encaminó dentro de un proceso de pérdida de la credibilidad enmarcados en una concepción faraónica  de mega obras, que no han podido consolidarse; obras que sólo han servido para impulsar acciones económicas de alta especulación, con obra pública muy criticada por sus costes, procesos y consecuencias sociales. Sin embargo, lo más significativo ha sido que ésta elite -en el poder y en picada- ha sacado en los últimos días los valores más descompuestos en los que se ha sostenido. La corrupción institucionalizada, apuntalada con una inmoralidad en el uso de las instituciones gubernamentales: Poder Ejecutivo, Poder Legislativo, Poder Judicial, Órgano de Fiscalización, que muestran que no han servido para sus fines sociales, sino sólo para sostener a un grupo que en varios flancos muestra un proceso de descomposición, que ha arrastrado a la parálisis al Estado de Puebla.

Que en plena contienda por el voto de los ciudadanos, se suba al debate “la moralidad pública de los actores participantes”, no representa otra cosa, que la actuación desesperada de mantenerse en el poder por el poder mismo; pero que para la sociedad representa recordar el proceso de lucha electoral que México vivió en las elecciones del año 2000. Observar como ciudadanos, que ante la caída libre en las preferencias electorales del candidato a gobernador por la CPA, se ha hecho necesario retomar el tema del “hoyo financiero”, ante la imposibilidad de polarizar una elección desideologizada y posmoderna. Así se corrobora desde el PRI, que como partido en el gobierno ha actuado de forma sospechosa, sin moralidad republicana, al provocar la sospecha en la sociedad, de que se ha aplicado la ley de forma facciosa, de que las cuentas públicas, no se fiscalizan, sino que, se protegen desde el Congreso del Estado, de que se construye una complicidad institucional desde el nombramiento y sumisión del Auditor General del ORFISE; y lo peor, de que los diputados del PRI, los más destacados, simple y sencillamente jamás hicieron su trabajo y se dedicaron a levantar la mano, para aprobar cuentas, que jamás conocieron. Mayor desvergüenza en el ejercicio del poder público en el Estado de Puebla, no se puede mostrar.

El PRI quiere seguir en el poder para seguir pisoteando la ley, para seguir pisoteando a las instituciones, para seguir simulando que legisla; para seguir simulando que representa la voluntad general; para seguir anunciando una lucha contra la corrupción corrompiendo; para seguir anunciando administración de justicia no juzgando; demostrando sínicamente la des-institucionalización en los órganos de fiscalización, convertidos en garrote contra los adversarios, o contra quienes no se postren y sometan al mando autoritario. En otras palabras el haber llevado la moralidad del poder al debate público, ha resultado plausible, porque los actores han hablado, han ratificado, el papel lúdico y patrimonialista que les anima en la búsqueda del ejercicio del poder. Y sobre todo del ¡cómo se utiliza para abusar!, ¡para enriquecerse inexplicablemente!, cuando hay actores que de no tener nada ahora poseen residencias millonarias de procedencia inexplicable. Todo esto no se sabría si no hubiera una auténtica lucha entre elites en disputa real del poder, en hora buena.

*Raymundo García García es mexicano, catedrático, investigador y doctor en Ciencia Política.

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