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- INTELIBELLEZA -
MI CONFIANZA, ¿A QUIÉN?
Por: Isabel Specia Cabrera*
30 junio 2009
A unos días de decidir por quien votar, resulta que me encuentro en un gran dilema. Si entre los lectores que me hacen favor de ver mis escritos en el portal, se encuentra un candidato o un diputado me gustaría me ayudara a resolver algunos conflictos para poder elegir “libremente” a quién entregarle mi confianza para que maneje aspectos que realmente son importantes en este país cada día más envuelto en problemas.
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La situación es la siguiente. Los partidos que buscan ganar un puesto de elección popular han postulado a sus mejores candidatos, pero resulta que quienes debemos elegir no los conocemos o más bien no nos han dejado conocerlos. Hay una gran cantidad de formas por las cuales los ciudadanos nos podemos informar del número de distrito al que pertenecemos, por ejemplo, para saber quien busca la diputación por el mismo y así poder entender y saber de sus propuestas, esto, claro, me llevaría a una mejor elección. Igualmente podemos conocer de sus actividades previas a la candidatura, a qué partido pertenecen, dónde viven, en fin quiénes son.
Pero si consideramos que el candidato requiere de mi voto para ganar, aparte de la buena cantidad de dinero que se llevan los diputados, un escaño en la cámara de diputados, ¿no debería ser él quien me busque y me informe sobre sus “negras y cochinas” o “blancas y limpias” intenciones? Sólo pregunto. No debería ser él o ella quien se acerque a mí y busque no sólo mi voto, sino mi confianza, para lograr su objetivo?
Pues creo que no es así. En la comunidad donde vivo, por cierto con graves problemas por la elección de jefe delegacional, escuchamos que debemos dar nuestro voto y confianza a un candidato, que a su vez entregará esa confianza a una ex candidata. Y eso no es todo, resulta que el contrincante más fuerte pertenece al partido que antes representaba la primera. ¡Claro!, por supuesto que está muy claro. Si mi amiguita no queda, me enojo y me voy a otro partido para lograr el voto a través de x persona. Así se estila en este país. Dicen que cuando no se gana, pues se arrebata.
No puedo entender tal situación, pero resulta que por aquí los demás partidos no se ven y mucho menos se escuchan. Hay una gran cantidad de basura, perdón, de propaganda colocada en cada poste o muro, pero ¿y sus propuestas?, sólo lemas de campaña que no dicen nada. Hace algunos días se acercó a la unidad en donde vivo una candidata a diputada, prefiero no dar nombres de partidos por respeto a mi misma. ¡Guaghhh!. Su propaganda mostraba un lema que decía: ”tu voz será mi voz”, y bueno como curiosa que soy busqué la forma de hacerle llegar mi voz. Realmente quiero un representante en quien pueda confiar. Busqué un correo electrónico, un teléfono, una dirección, un buzón, en fin algún sitio al cual yo pudiera enviar mis inquietudes. Nada, nada de nada.
Con lo atrevida que en ocasiones suelo ser, me acerqué para preguntar la forma en que podría hacer llegar mi voz a la candidata, inmediatamente la disculpa. Perdón, es un error, no se incluyó ni teléfono ni correo, pero te doy mi tarjeta”. Logro por fin un correo electrónico. Llego a casa y a escribir, propuestas, problemas, inquietudes, dudas, apoyo, en fin todo aquello que me permitiera decidir si ella debía obtener mi voto. Sigo esperando la respuesta y por supuesto buscando por quien votar.
Pedí a un candidato me explicara algunas cosas, bueno quiero reducir en algo muy simple mis cuestionamientos. ¿Me pueden explicar cómo puedo confiar en alguien que brinca de partido en partido, o en quien no busca acercamiento con los votantes, o en quien sólo conozco en momentos electorales, o bien en quien tiene propuestas que no representan metas alcanzables?
Este cinco de julio debemos elegir, en el Distrito Federal, a jefes delegacionales y diputados a la asamblea legislativa, para ello el Instituto Electoral del D.F. lanzó a un ejército de payasos promoviendo el derecho al voto. Encontramos invitaciones a votar en toda la ciudad, pero al IEDF se le olvida un factor muy importante, él no puede lograr que la ciudadanía confíe en quienes buscan un voto. Los ciudadanos seguimos escuchando lo mismo desde hace años, las mismas propuestas y promesas y seguimos, igualmente desde hace años, recibiendo la misma respuesta.
Votar es un derecho y una obligación si queremos que otros no decidan por nosotros, pero ¿qué pasa cuando no vale la pena ni siquiera levantarme temprano o dejar de hacer mis deberes para otorgarle mi voto a alguien que, seguramente, no buscará solucionar mis problemas o los de mi comunidad? Es algo así como confiar en quien en otras ocasiones ha defraudado esa confianza, ¿Será acaso que los candidatos piensan que los ciudadanos no aprendemos las lecciones?
* Isabel Specia Cabrera es periodista, académica y escritora mexicana radicada en el Distrito Federal.
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