La adulación como cultura política
Minuto a Minuto

13 de noviembre de 2015

 

-La Historía Jamás Contada-

Un componente esencial no reconocido, pero omnipresente en la política institucional hasta la actualidad, son las constantes lisonjas prodigadas a los gobernantes o que pueden serlo –es decir, a políticos profesionales en ciernes o ya “en el candelero”- por parte de quienes buscan obtener sus favores. Abyecta costumbre cortesana que sobrevivió a la sustitución del antiguo régimen monárquico por el republicano, uno de cuyos principios es que todo citoyen –en el sentido revolucionario francés-, independientemente de su origen, condición o posición social, merece la misma consideración que, incluso, los más encumbrados –la égalité de la proclama-.

Caricias -¿o cachondeos?- presentes tanto en las dádivas en especie –proporcionadas a su rango- que reciben, como en la unción con que son tratados, mucho más allá de la debida cortesía. Y no sólo por los directamente interesados en usufructuar la relación –si así puede llamársela-, sino por toda la cadena que éstos construyen con sus subordinados reales o virtuales –por extensión o agandalle en términos coloquiales-.

El tema ha sido abordado innumerables veces en el transcurso de la Historia, notablemente por la cultura popular, como lo hizo una conocida historieta de crítica política allá por los ’70, que dedicó todo un número al FUL: Frente Único de Lambiscones, cuyo logo –como diríamos ahora- emulaba al del Partido oficial.

Pero en los hechos duros, con personas reales, la farsa no resulta ya tan hilarante, pues implica stress, humillación y hasta riesgo físico claro y presente para los involucrados –usualmente a su pesar- en ella, siendo el sistema escolar básico y medio su matriz indiscutible y donde más y con mayor impunidad se practica, a simple capricho de los directores de escuela, que luego llaman a semejante abuso nada menos que… ¡CIVISMO! ¿Pues qué otra cosa son las ceremonias, festivales, desfiles, concursos, tablas, mosaicos and you name it, sino otros tantos pretextos para adular a quienes les conviene, que acuden como “invitados de honor”?

Personalmente recuerdo una ocasión, en 1967, que nos llevaron al Zócalo –Plaza de Armas- de la Ciudad a no sé qué ceremonia a las 10 de la mañana. Pasaban ya de las 12 y permanecíamos allí, en pleno rayo del sol, esperando al pendejo que daría el discurso oficial, cuando todo se me oscureció, quedando sólo una multitud de puntitos azules… Lo siguiente de que tuve conciencia fue estar en una banca de la Escuela mientras un conserje me daba a oler un algodón empapado en alcohol… ¡Me había insolado!

Casos como éste o aún peores, se repiten todos los días por el deseo de administradores escolares y sublambiscones que los rodean y siguen, de quedar bien con quienes consideran pueden promover sus carreras, economías o sueños de grandeza, haciendo de estas instituciones auténticas escuelas, sí, pero de lacayos -obsecuentes con los de arriba y déspotas con los de abajo- los hilos (humanos) con que los arribistas urdirán su telaraña de zalamerías por donde trepar al éxito.

Y ya podremos asombrarnos de estar como estamos, ¿no creen?

Imagen: usf.com.mx

Fernando Acosta Reyes (@ferstarey - es fundador de la Sociedad Investigadora de lo Extraño, SIDLE), músico profesional y estudioso de los comportamientos sociales.