IMPUNIDAD
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Por: Roberto Martínez Garcilazo*

 

 Impunidad es la condición del que está exento de castigo, de penalidad, por la comisión de acciones que trasgreden la ley en perjuicio de la comunidad.

 

La impunidad mina los fundamentos de la convivencia civilizada.


Anula la noción de justicia porque echa a tierra la idea de que debe existir correspondencia entre la naturaleza de los actos y su castigo o premio.
Si desaparece la práctica del reconocimiento justo de las acciones, entonces aparece el rostro bárbaro de la supremacía del más fuerte.

La impunidad es un retroceso a estados pre-civilizados de convivencia.

 

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Es el retrograda modo de vida impuesto a la colectividad por el poder de la fuerza, del dinero, de la ausencia de valoración ética del sentido de la vida.

Pero, esto de la impunidad rampante que incluso ha sentado a uno de los suyos en el máximo sitial de la república, no es cosa de un día para otro, no, esto viene de hace muchos años, es, como dice el médico cuando con benévola didáctica te explica el lento, inexorable, minucioso, implacable proceso de descomposición del tejido sano, por obra de la displasia, hasta dejar inútil primero un órgano y luego otro, en displasia avasalladora y mortal.

Este mal – la impunidad – es ahora una realidad imperante por la falta de previsión, por la molicie cívica, por la falta de disciplina saludable, por nuestros malos hábitos de vida social.

Cada uno de nosotros, en nuestro  propio ámbito de influencia, ha contribuido con su cuota de maligna irresponsabilidad para fortalecer el golem que ahora nos amenaza.

Existe una siniestra y próspera casta de políticos, plutócratas y delincuentes que, trasgrediendo impunemente la ley, han puesto en peligro la viabilidad del país.

Existe, también, la histórica pasividad cómplice de los ciudadanos – algún notable nos ha llamados los ciudadanos comunes y corrientes, que ha abonado la mala hierba de la impunidad, de la excepción del castigo por la comisión del delito y el crimen.

A cada quien según la calidad de sus acciones. Remuneración terrena de las acciones llaman a la justicia los exégetas bíblicos. Castigo al mal y premio al bien.

Esto es construcción del sentido de la vida a través de valoración ética de las acciones del hombre.

Si no hay justicia, no hay sentido y la vida se convierte en condena.

En lucha perdida del hombre en la selva de las bestias.

 

* Roberto Martínez Garcilazo es director de Literatura, Ediciones y Bibliotecas de la Secretaría de Cultura del Estado de Puebla, México. 

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