- La Historia Jamás Contada -
07 de agosto de 2015
Con la decisión de la Suprema Corte de Justicia -de allá, desde luego-, los Estados Unidos se convirtieron, en el lapso de un mes, en un país más de habla inglesa en rescatar del limbo legal las uniones matrimoniales entre personas del mismo sexo. (El inmediatamente anterior fue Irlanda, donde apenas el 27 de mayo pasado, la población votó mayoritariamente en referéndum por el SÍ a esta misma cuestión, dando lugar a la Enmienda 34 de su Constitución.)
Una soberbia –superb- manera de conmemorar la histórica revuelta de la calle Stonewall –Nueva York- aquel sábado 28 de junio de 1979 que iniciara el Movimiento de Liberación Homosexual -allá y en gran parte del Mundo, México incluido-. ¿Cómo fue que un pueblo básicamente puritano llegó por fin a reconocer su realidad humana y carnal, demostrada no sólo por estudios sistemáticos como los de Kinsey y similares, sino por su historia cotidiana?
Hablando con propiedad, la reciente decisión judicial solamente llegó a sancionar formalmente un comportamiento social existente. No fue algo caprichoso, sino que tuvo una (demasiado) larga y accidentada historia, pero que puede rastrearse en último término a la determinación de sus fundadores –conocidos y anónimos- de sacudirse el yugo monárquico, en su caso, de la Madre Inglaterra. (Recuerdo específicamente la frase en su Declaración de Independencia –redactada por Jefferson en 1776- que ennumera, entre los derechos inalienables, “…the pursuit of happiness.”)
Y es que hay una estrecha relación entre la libertad individual de los habitantes y la independencia política de un país, pues los Estados colonialistas pretenden normar hasta el estilo de vida de las personas bajo sus Gobiernos (¿?) subordinados, como se sabe por la Filosofía política, disciplina no cultivada aquí, seguramente para estar a tono con el pragmatismo característico del régimen –“prianista”, por su asimilación de la ideología del Partido a su derecha-. Algo postulado más radicalmente todavía por el controvertido Wilhelm Reich hace casi… ¡100 años! con su SEXPOL –Política Sexual-, la cual afirmaba que la liberación sexual era condición necesaria para la (liberación) política, que le valió ser expulsado del mojigato Partido Comunista, funesto destino que parece acompañar a los llamados Partidos “de Izquierda”, inclusive de aquí.
Son precisamente éstos los que, apegándose al pragmatismo –Realpolitik- de sus adversarios “conservadores” –abiertos y encubiertos- postergan indefinidamente –y no de ahora- la discusión parlamentaria de la cuestión (de la libertad) sexual, cerrando la posibilidad de estar nacionalmente a la par no sólo de Estados Unidos, Irlanda, Nueva Zelanda, Reino Unido y Canadá, sino también de Argentina, Brasil, Uruguay, Portugal y -¡quién lo dijera!-España…Pero aun así, la libertad personal se abre paso a través de la telaraña legal(oide), único fruto hasta ahora de la actividad legislativa local y nos enteramos que hace una semana dos mujeres, recurriendo al amparo, lograron su propósito matrimonial AQUÍ MISMO.
Mis congratulaciones también para ellas y quienes las acompañaron en su propia “persecución de la felicidad” y, señores legisladores: ¡Dejen ya de estar imponiéndonos a todos sus limitaciones!
*Imagen: e-consulta.com

Fernando Acosta Reyes (@ferstarey - es fundador de la Sociedad Investigadora de lo Extraño (SIDLE), músico profesional y estudioso de los comportamientos sociales.








