
Esta respuesta menos favorable se debería en parte a los cambios ocasionados en el sistema inmune a causa del envejecimiento (conocido como inmunosenescencia), que hace que estas personas presenten una limitada población de células vírgenes, encargadas de generar la inmunidad frente a los anticuerpos.
Además estos cambios podrían aumentar la susceptibilidad de este segmento poblacional a enfermedades crónicas no transmisibles, infecciones y cáncer.
Así lo revela la investigación de la fisioterapeuta Ivón Johanna Rodríguez Rodríguez, doctora en Ciencias Biomédicas de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) y miembro del Grupo de Investigación Inmunología y Medicina Traslacional, la cual indaga sobre la respuesta de los adultos mayores a las vacunas como la antitetánica y sobre las características de envejecimiento en pacientes con cáncer de mama.
Para su estudio, la doctora Rodríguez invitó a participar a adultos mayores de 65 años sin antecedentes patológicos, descartando a aquellos que tuvieran enfermedades cardiovasculares, diabetes, autoinmunidad y a quienes consumieran medicamentos que pudieran alterar la función inmune del organismo. A los participantes los vacunaron con toxoide tetánico y fueron comparados con un grupo control, en este caso jóvenes entre los 18 y 30 años (también vacunados).
“Medimos la respuesta a la vacunación, es decir, la generación de anticuerpos contra el toxoide y la expansión de unas células denominadas linfocitos T CD4+ foliculares helper (LTfh), que son de la familia de linfocitos T4, encargados de ayudar a los linfocitos B (tipo de glóbulos blancos) a madurar y generar anticuerpos específicos contra ese toxoide tetánico”, explica la investigadora.
Señala además que “en el estudio se encontró que después de la vacunación los jóvenes tenían una expansión significativa de esa población, mientras que los adultos mayores no. Al parecer, con la edad disminuyen las poblaciones vírgenes de este tipo de células que son importantes como reserva inmunológica para responder a los programas de vacunación y así lograr una diferenciación a unas células más específicas que van a generar esa inmunidad”.
Como consecuencia tanto de mejoras en el saneamiento básico como del desarrollo de los países y la calidad de vida de las personas, la esperanza de vida ha aumentado. En Colombia, el crecimiento de la población adulta mayor es de 3,18 % anual. Según el DANE, en 2018 el índice de envejecimiento era de 58,71, mientras que en 2005 fue de 29,21.
No obstante, que las personas están viviendo más no significa necesariamente que lo hagan de forma saludable, lo que trae consigo toda una carga de enfermedad asociada con el envejecimiento, como las enfermedades no transmisibles y una mayor tasa de infección.
“Esto se pudo evidenciar con la pandemia por COVID-19, en la que la población adulta mayor fue la más afectada”. Según la doctora Rodríguez, esto se debe en parte a que su sistema inmune empieza a deteriorar su función y no es capaz de lograr una defensa adecuada en el organismo contra patógenos ya conocidos o frente a patógenos nuevos como el SARS-CoV-2.
Esta situación también queda expuesta en el plan de inmunización en salud, que cada año cubre gratuitamente a esta población contra la influenza, ya que durante los picos, cuando hay mayor infección, aumenta la mortalidad de los mayores, quienes no solo se infectan con mayor facilidad, sino que además no estarían respondiendo adecuadamente a los programas de vacunación, lo que estaría relacionado con el sistema inmunológico.
Pese a que el tema del envejecimiento celular ha sido descrito por diferentes autores en todo el mundo, según la investigadora es importante analizarlo desde la población colombiana, debido a las particularidades del entorno y las condiciones socioeconómicas que estarían directamente relacionadas con todo a lo que se expone una persona a lo largo de su vida, como patógenos y parásitos propios del territorio, ajenos a personas extranjeras, lo que se conoce como inmunobiografía.
“Lo que investigamos permite que más adelante se propongan políticas públicas para evitar que todos empecemos a envejecer de forma poco saludable, sino que podamos vivir más años pero bien, sobre todo cuando tengamos una mayor población de adultos mayores”, advierte la experta.
Agrega que estas políticas públicas se deberán enfocar en la promoción de un envejecimiento saludable que favorezcan el ejercicio y la nutrición, lo que evitaría que con la edad aparezcan enfermedades asociadas con la obesidad y el sedentarismo, que promueven un ambiente inflamatorio.

Aunque existen diversos factores que inciden en la pérdida de masa muscular gradual (sarcopenia) propia del envejecimiento, el consumo de una dieta alta en carbohidratos y deficiente en proteínas, aunado a la falta de actividad física, acelera este proceso fisiológico en adultos a partir de los 50 años, subrayó la especialista en Medicina de Rehabilitación y profesora del Instituto Politécnico Nacional (IPN), Brenda Guízar Ramírez.
En ese contexto, la Secretaria de Educación Pública, Delfina Gómez Álvarez, ha destacado que las universidades e instituciones educativas de nivel superior han demostrado un enorme compromiso social con los mexicanos al vincular la educación con la solución de grandes problemas sociales.
Mientras que, el Director General del Instituto Politécnico Nacional, Arturo Reyes Sandoval, ha mencionado que los profesionales del Politécnico trabajan con gran compromiso social para incidir positivamente en la vida de los mexicanos.
La investigadora de la Escuela Superior de Enfermería y Obstetricia (ESEO) mencionó que la sarcopenia conlleva a la pérdida de la capacidad funcional (de movimiento) y al deterioro multiorgánico, por ello es importante profundizar estudios en torno a la detección oportuna para ofrecer tratamientos que incidan en una mejor calidad de vida.
En ese sentido, la doctora Guízar Ramírez advirtió que, con la colaboración de las investigadoras de la ESEO, Guadalupe González Díaz y Alejandra Valdivia Flores, inició un proyecto para adecuar los biomarcadores sanguíneos y urinarios a las condiciones específicas de los mexicanos, ya que “éstos no están diseñados acorde a nuestra población y es importante contar con nuestras propias métricas para plantear tratamientos más eficaces y eficientes”, afirmó.
La también catedrática de la Escuela Nacional de Medicina y Homeopatía (ENMH) precisó que la valoración de tales biomarcadores se complementa con estudios como la tomografía axial computarizada y el análisis de bioimpedancia -para determinar la cantidad de masa muscular, grasa y agua-. “Todos ello permite obtener de manera más precisa las variables que influyen en el proceso de pérdida de masa muscular, lo cual se traduce en mejores herramientas para diseñar modelos adecuados que apoyen el tránsito a la vejez de una manera más saludable y autónoma”, apuntó
Guízar Ramírez mencionó que el movimiento es un aspecto que ha sido determinante en la evolución y mantenimiento de la capacidad funcional del ser humano; por ello, para lograr una mejor calidad de vida, a través de este proyecto de investigación se propone una rehabilitación basada en el ejercicio físico aeróbico de resistencia, así como en el diseño de una dieta equilibrada rica en proteínas y minerales, lo cual permite un mejor mantenimiento de la masa muscular.
“Dicho estudio demostró que disminuir el estado inflamatorio crónico, proceso normal de envejecimiento; mejorar la alimentación con una mayor ingesta de proteínas y factores de crecimiento muscular inducidos por el ejercicio nos va a permitir mejorar la calidad de vida en el paciente”, refirió.

El suicidio es un tema incómodo; es una idea que se llega a tener, pero no se habla, no se expresa, no se ve y tampoco se acepta. En el marco del Día Mundial de la Prevención del Suicidio, Juan Carlos Pinacho Cruz, titular de la Dirección de Acompañamiento Universitario (DAU), señaló que a pesar de que el fenómeno del suicidio no es nuevo, la pandemia sí originó un incremento en las intenciones suicidas de ciertos grupos de la población.
Informó que la DAU, previo a la emergencia sanitaria, recibía al año un reporte de entre cinco y ocho casos de intención o ideas suicidas por parte de los universitarios; pero, de marzo de 2020 al mismo periodo de 2021, este número creció a 29 solicitudes de apoyo, de las cuales más del 80 por ciento corresponden a jóvenes de nivel superior y 15 por ciento a estudiantes de nivel medio superior.
Estos casos fueron canalizados con psicoterapeutas para recibir el acompañamiento necesario por parte de especialistas de la Universidad, a través de los servicios que ofrece la DAU. Lo anterior, insistió, refleja la importancia de solicitar ayuda, pues esta fortalece, principalmente cuando hay cuadros de estrés, depresión o ansiedad agudas.
El titular de la DAU detalló que estas 29 llamadas se relacionaron con la necesidad de atención por una intención suicida o una ideación suicida, ambos conceptos diferentes, pues la ideación sólo se queda en el pensamiento recurrente de poder morir, mientras que la intención implica llevar a cabo una serie de acciones que buscan concretar esos pensamientos.
De estas 29 solicitudes, 18 fueron hechas por mujeres y 11 por hombres, lo que es contrario, dijo, a la tendencia mundial que señala que de cada cuatro hombres que atentan contra su vida, solo una mujer lo hace.
“No es lo típico o usual, pero también se exploran otras situaciones que acompañan a esta situación, por ejemplo hay factores asociados a un manejo inadecuado del estrés, el cual se trata de una reacción normal o natural del organismo ante situaciones que lo desequilibran, aunque no siempre implican acontecimientos negativos; sin embargo, cuando no es bien manejado o no hay recursos suficientes a nivel de la personalidad para enfrentarlo de manera positiva, entonces ese estrés se convierte en distrés”.
El distrés, explicó, afecta una serie de esferas de interacción que conforman nuestra cotidianeidad, entre las que están las relaciones personales, el rendimiento académico o laboral, entre otras.
Otro factor asociado con la intención suicida es el abuso en el consumo de alcohol o drogas, que cuando se presentan desencadenan otros comportamientos que pueden dar como resultado un suicidio. Asimismo, la imposibilidad de comunicar eventos relacionados con la sexualidad, es decir, una persona que tiene una orientación sexual diferente y que ha encontrado rechazo o discriminación en su núcleo familiar o grupo social más cercano, también es motivo para sentirse vulnerable, tener una baja autoestima y desencadenar en otras ideas que atenten contra la vida.
Aunado a estos factores, el maestro Pinacho Cruz mencionó los abusos sexuales o violaciones, específicamente en poblaciones de mujeres, ya que este tipo de experiencias también se vinculan con la vulnerabilidad emocional que puede desencadenar un evento suicida.
“En términos de salud, son dos los factores que encontramos dentro de la DAU respecto al tema suicida. Uno es el trastorno del estado de ánimo, específicamente la depresión y los trastornos de ansiedad. Estas dos enfermedades de tipo psicológico y psiquiátrico inciden en el estado de ánimo de las personas justamente para motivar y despertar el sentido de muerte, por eso es muy importante la atención a la salud mental desde temprana edad y sobre todo contar con una atención emocional personal cuando se está viviendo algo parecido”.
Al respecto, recalcó que a pesar de que la DAU proporciona atención a las y los estudiantes que solicitan citas con personal especializado, son ellos quienes deben tener la posibilidad de un mínimo de convencimiento de que existe alguien que puede colaborar con él o ella, para superar la crisis relativa a su intención o idea suicida. “Es decir, si el joven o la chica no tiene un mínimo de motivación, a pesar de ir a la psicoterapia es posible que pueda llegar a cometer o atentar contra su vida, porque al final de cuentas la psicoterapia no es una receta mágica, por eso es importante que tengan apoyo y encuentren un enganchamiento a la atención emocional”.
Para este año la DAU realiza su tercera jornada de Prevención del Suicidio en el marco del Día Mundial para la Prevención del Suicidio, donde destaca el mensaje mediante el hashtag #PedirAyudaTeFortalece, con la intención de contraponerse a esa idea habitual que hace pensar que solicitar ayuda es signo de debilidad.

En el México del siglo XIX e inicios del XX, cuando ocurrió la Independencia nacional, no se hacía investigación en Física. Había escuelas de Ingeniería y algo de Astronomía, que se practicaba desde la época prehispánica. En el siglo XIX había astrónomos en el país estudiando las estrellas y existía el Observatorio Astronómico Nacional, ubicado en el Castillo de Chapultepec. Pero en esa época se hacía poca ciencia, afirmó Miguel Alcubierre Moya, investigador del Instituto de Ciencias Nucleares (ICN) de la UNAM.
En el Porfiriato dominaba la idea del positivismo, de “orden y progreso”, que fue un boom para la investigación científica en el mundo, incluido nuestro país, donde se empezó a traer investigación científica, se pensó que la ciencia era importante, y que era fundamental pensar de manera racional y entender la naturaleza. “Entonces hubo apoyo a la tecnología, y se desarrollaron los trenes”, señaló.
Los estudios formales de Física comenzaron a fines de los años 30 y los 40 del siglo XX. Manuel Sandoval Vallarta fue el pionero de los físicos en México.
Fue un físico teórico que nació en la Ciudad de México el 11 de febrero de 1899. Realizó sus estudios en la Escuela Nacional Preparatoria de 1912 a 1916, en la época más violenta de la Revolución. Publicó aproximadamente 60 trabajos, principalmente sobre mecánica cuántica, relatividad general y rayos cósmicos, donde se registran sus más valiosas aportaciones.
Fue director del Instituto Politécnico Nacional (1944-1947) y subsecretario de la Secretaría de Educación Pública (1953-1958). Miembro de la Legión de Honor de Francia en 1952, Premio Nacional de Ciencias y Artes 1959, doctor Honoris causa por la UNAM y por la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, así como miembro fundador de El Colegio Nacional.
Cuando en 1938 se creó la Facultad de Ciencias de la UNAM, todavía no se publicaban artículos en revistas internacionales. Los primeros físicos fundaron la carrera, la Facultad de Ciencias y el Instituto de Física.
“La primera persona en el país que empezó a hacer investigación en Física y a publicar en revistas internacionales fue Marcos Moshinsky Borodiansky, quien se había formado en México, pero vino con un doctorado de Estados Unidos con ese impulso de publicar”, recordó.
Marcos Moshinsky Borodiansky nació el 20 de abril de 1921 en Kiev, Ucrania, y emigró con su familia a México a los cuatro años de edad. Realizó sus estudios en la Preparatoria Nacional y en la Facultad de Ciencias de la UNAM, institución a la que se incorporó como investigador del Instituto de Física en 1942.
El doctorado lo obtuvo en la Universidad de Princeton, bajo la dirección del profesor Eugene Wigner, Premio Nobel de Física. Cursó sus estudios de postdoctorado en el Instituto Henri Poincaré, de París (1950), y en Princeton (1952). Fue jefe del Departamento de Física Teórica del Instituto de Física de la UNAM (1968-1974), e investigador y coordinador de asesores del Instituto Nacional de Energía Nuclear (1971-1984). Investigador Emérito del Instituto de Física de la UNAM a partir de 1984; también fue Investigador Nacional de Excelencia en el Sistema Nacional de Investigadores del Conacyt e integrante de El Colegio Nacional.
Alcubierre Moya afirmó que la Facultad de Ciencias de la UNAM fue la primera institución en el país que comenzó a hacer Física. Más adelante siguió el Instituto Politécnico Nacional.
“Es relativamente nueva la Física en México, no llega a cien años. Somos un país joven, aunque tengamos varias décadas hay países que tienen varios siglos, como Inglaterra, Alemania y Francia. Pero hemos aprendido mucho, al principio lo que se hizo fue enviar a nuestros estudiantes a estudiar posgrados en el extranjero, sobre todo a Estados Unidos”, comentó.
En la década de 1950 pasó a Estados Unidos la batuta del gran desarrollo en Física que se dio a principios del siglo XX en Europa (Alemania, Inglaterra, Francia). “Después de la Segunda Guerra Mundial estos países habían quedado muy dañados por la guerra y varios de los científicos (algunos perseguidos, de ascendencia judía) se refugiaron en Estados Unidos, donde había un boom de la Física”, dijo Alcubierre Moya.
En México, en los años 50 del siglo pasado, los físicos mexicanos iban a estudiar a EU sus posgrados a diversas instituciones. “Somos jóvenes en el estudio de la Física, pero hemos aprendido, hemos mandado a nuestros estudiantes a doctorarse al extranjero desde los años 50 del siglo XX y hoy en día tenemos varias escuelas de Física en el país y estudios bastante sólidos”, consideró.
Reconoció que hoy siguen siendo pocos especialistas en esta disciplina y tienen escaso presupuesto para realizar proyectos de investigación en grandes instalaciones como aceleradores de partículas, pero cuentan investigación de primer nivel, laboratorios de clase mundial y gente que va al extranjero y tiene importantes colaboraciones internacionales.
“Creo que la Física en México está claramente consolidada, es competitiva. Somos varias universidades en el país que dan esta carrera, hay centros de investigación importantes, estamos empezando a descentralizarnos desde hace 20 años”, añadió el experto.
El también exdirector del ICN consideró que el pensamiento positivista de finales del siglo XIX y principios del XX está superado a nivel filosófico, pero la idea de que la ciencia y el pensamiento racional es importante sobrevive dentro del gremio en el país.
Hoy, hay aproximadamente 15 mil profesionales de la Física y mil estudiantes, tomando en consideración de 200 a 300 que se suman cada año. Se cultivan áreas como Física Teórica, Cosmología, Física Nuclear, Óptica y Nanomateriales.

En sesión extraordinaria, el pleno del Consejo Universitario aprobó por unanimidad modificar el Estatuto General de la UNAM, en sus artículos 9 y 9 bis del Título Segundo, y 106 fracción I, del Título Octavo, derivado de la transformación del Centro de Ciencias de la Atmósfera (CCA) en Instituto de Ciencias de la Atmósfera y Cambio Climático.
El objetivo es potenciar las capacidades de esta entidad y de la UNAM para diseminar los conocimientos de las ciencias atmosféricas y del Cambio Climático, así como para la formación de profesionales de alto nivel capaces de enfrentar estos retos.
El dictamen contó con las opiniones favorables del Consejo Técnico de la Investigación Científica, del Consejo Académico del Área de las Ciencias Físico Matemáticas y de las Ingenierías, así como la opinión favorable de viabilidad presupuestaria de las secretarías de Desarrollo Institucional, y Administrativa de la UNAM.
“El CCA ha contribuido al monitoreo atmosférico, ambiental y climático en colaboración con diversas entidades de gobierno, tanto a nivel federal como estatal, y con especial relevancia, a la generación de Normas Oficiales Mexicanas (NOM) y para la Ciudad de México, especialmente en los últimos 10 años.
“Entre los logros más importantes del CCA destacan la creación del modelo termodinámico del clima, estudios del clima urbano, investigación en contaminación atmosférica, entendimiento del cambio climático y los estudios biológicos en relación con la atmósfera, así como la creación y edición de dos revistas indizadas, Atmósfera (ATM) y la Revista Internacional de Contaminación Atmosférica”, señala la opinión favorable del Consejo Técnico de la Investigación Científica, firmado por su presidente, William Lee Alardín.
El Centro fue creado en 1977 con 28 investigadores, 17 técnicos académicos, nueve ayudantes de investigación en climatología física, dinámica de la atmósfera, radiación solar, meteorología tropical sinóptica, instrumentación, química atmosférica y contaminación atmosférica.
Hoy cuenta con 53 investigadores y 35 técnicos académicos, en dos departamentos: Ciencias Atmosféricas y Ciencias Ambientales; y tres Unidades de Apoyo a la Investigación -Instrumentación y Observación Atmosférica, Cómputo y Súper-Cómputo, y Vinculación y Comunicación de la Ciencia-. El 91 por ciento del personal de investigación pertenece al Sistema Nacional de Investigadores (SNI), así como cuatro técnicos académicos.
La comunidad académica ha publicado más de mil 150 artículos de investigación especializada que han recibido más de 25 mil citas. Desde el año 2000 también han supervisado más de 700 tesis e impartido más de mil 300 cursos escolarizados en los posgrados de Ciencias Químicas, Ingeniería, Ciencias de la Tierra, Ciencias Biológicas y Ciencias de la Sostenibilidad.
El Consejo Técnico de la Investigación Científica destacó el papel que la Universidad debe jugar a través de esta entidad en el impulso no sólo de la ciencia, la docencia, la difusión y el desarrollo tecnológico en nuestro país, sino en la vinculación con la sociedad y la propuesta y generación de políticas públicas y mecanismos para su evaluación con base en el conocimiento científico para beneficio de la población.
“En este sentido consideramos que la propuesta no solo es pertinente dentro del marco de la situación actual del Centro, también está alineada con los objetivos generales de la Universidad, con su Plan de Desarrollo Institucional, con las necesidades de nuestro país y a nivel regional y con los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030”, agrega el documento.