Contaminación marina, un búmeran contra la vida
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CARIBE, 17 de agosto de 2021 — Agencia de Noticias UN-

“La contaminación marina es un búmeran porque la humanidad es la receptora final de todo el impacto o deterioro que causamos en el medio marino, todo se nos devuelve”.

Así resume los efectos causados por el hombre el biólogo marino Néstor Campos, profesor de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Caribe, quien durante 34 años ha investigado esta problemática desde el Instituto de Estudios en Ciencias del Mar (Cecimar).

Para el experto, quien participó en la charla “La contaminación marina, un búmeran de la humanidad”, el planeta se enfrenta a un deterioro a causa de la actividad humana, que ha producido cambios tan radicales que no permiten que los mares se recuperen por sí solos.

Al respecto, recuerda que a finales de mayo de este año se produjo el peor desastre ecológico en Sri Lanka, cuando un buque con combustibles y químicos (soda cáustica, ácido nítrico, metanol, bolas de plástico y alrededor de 350 toneladas de petróleo) se hundió y ardió durante más de 13 días ocasionando la muerte de 4 ballenas, 20 delfines y más de 170 tortugas marinas, eso sin evaluar el impacto en la fauna menor (peces, plancton, etc.).

En la lista negra de contaminantes aparecen todos aquellos compuestos catalogados como tóxicos por su persistencia y bioacumulación en el medio acuático, como el plástico, el petróleo y sus derivados.

El mercurio y el cadmio forman parte de esta lista debido a sus propiedades cancerígenas. En 1912, la enfermedad de itai-itai –o del ayayay– se presentó en Toyama (Japón), debido a una intoxicación causada por el cadmio, en la que las personas presentaron fuertes dolores en las articulaciones, la columna vertebral, calambres, debilitamiento muscular y alteraciones cardiacas.

Por otro lado, en 1956 se presentó la enfermedad de Minamata (Japón) debido a un brote de envenenamiento por metilmercurio, en el que la concentración de este fue de 11.000 µg/Kg en peces.

En la lista gris

En la lista gris figuran aquellos contaminantes que pueden causar la muerte por envenenamiento en el ambiente acuático, incluidos aquellos que aunque se pueden introducir en el medio, por ser altamente contaminantes deben ser controlados (cromo, plomo, zinc, arsénico entre otros) y sustancias que alteren el sabor de la carne de los organismos comerciales.

La contaminación por plomo data de hace más de 250.000 años, gracias al descubrimiento realizado en el sitio arqueológico de Payre en Ardèche (región del sureste francés), en los dientes de dos niños neandertales. Así mismo, un grupo de investigadores determinó que una de las posibles causas de la caída del Imperio romano se dio por la intoxicación por plomo a la que fueron expuestos los dirigentes de la clase política al tomar vino en recipientes de plomo, trayendo un debilitamiento mental a esta clase dirigente.

El profesor Campos se remite al estudio “Tropics”, realizado para Instituto Estadounidense del Petróleo, en Panamá, y comparte algunos de sus apartes: “el efecto del petróleo fresco, sin tratamiento y sin degradar es grave a largo plazo sobre la supervivencia de los manglares y fauna asociada, y efectos menores en la pradera de pastos marinos, los corales y organismos asociados”.

Agrega que “el uso de dispersantes puede exponer a los organismos submareales a cantidades mucho mayores de hidrocarburos, produciendo un daño más grande a los corales y a las fanerógamas marinas, aunque es menor la probabilidad de que los manglares se vean afectados”.

Aunque es cierto que el cambio climático –como lo sostiene un grupo de investigadores– puede ser un proceso natural, también lo es que ese proceso lleva miles de años, y “a lo que nos enfrentamos es a cambios que se han acelerado por la intervención del hombre”, afirma el profesor Campos.

El experto cita algunos ejemplos, como el caso de los cangrejos centollas y otros, en los que el magnesio en fluidos corporales no puede ser regulado a temperaturas muy bajas, ejerciendo un efecto anestésico y restringiendo la capacidad ventiladora y circulatoria.

También menciona que un umbral mínimo de 1 oC explicaría la ausencia de los litódidos en el mar de Weddell, en donde la temperatura del agua del mar se halla permanentemente por debajo de los 0 oC.

“Aunque la humanidad es consciente de lo que enfrentamos, solo me resta recomendar que seamos conscientes del deterioro y que la afectación finalmente recaerá sobre todos nosotros”, advierte el experto y recomienda “atender las recomendaciones del panel de expertos, pues ellos se basan en hechos reales, no en suposiciones ni conjeturas”.

fuente: agenciadenoticias.unal.edu.co
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