Origen de la fiesta de "San Juan Bautista"
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24 de junio de 2011

Platicaba el abuelo cómo se originó la festividad de San Juan el Bautista: En 1898, la viruela cobró muchas vidas. La Finca “El Yucal”, propiedad de la familia Delgado, radicados en la ciudad de México y acá, era administrada por una mujer de aspecto varonil llamada María del Refugio Garay, siempre secundada por Pedro, su capataz, cultivaban el campo del tubérculo llamado “Yuca”. Ya procesado, obtenían harina, misma que tenía mucha demanda en el comercio, además, tenían un trapiche de donde obtenían aguardiente y piloncillos, productos muy reclamados entre los comerciantes. La empresa iba de maravilla, pero llegó la viruela diezmando sin  clemencia al personal.

Ante tantos decesos, los deudos ofrecieron a San Juan, intercediera por ellos y como por un milagro, la peste desapareció. Al llegar la fecha del Patrono, la señora Garay, les recordó la deuda que había con el Bautista y como “pago de manda”, hicieron 9 rosarios al anochecer y el último fue en la enorme playa que los circundaba.

Cada uno llevó una jicarita con flores y en el centro un cirio, mismo que encendieron, y rezando, los fueron poniendo en el agua como una ofrenda que la corriente fue llevando.

Decía mi abuelo que fue algo verdaderamente hermoso y que la gente del pueblo que vio todo desde la ribera, los llamaron “las estrellas de luz”. Año con año se repitió esta acción, a la que se sumaban los habitantes de la Villa que esperaban el paso de los cirios para soltar los suyos.

En 1909 dada la inestabilidad del país que estaba en vísperas de la Revolución, se interrumpió la celebración y se retomó hasta 1912, que fue nombrado Jefe Político el C. Rodolfo Pardo Sánchez, quien invitó a la ciudadanía a rendirle culto al Patrono de quién él era devoto.

Y fue él, quien externó que no fueran jícaras iluminadas sino embarcaciones decoradas con flores, pendones coloridos y papel picado, cual guirnaldas; cada embarcación con música y las muchachas más guapas del pueblo.

Y se multiplicó el trabajo al decorador del pueblo Fermín Hazas… Los dueños de las flotillas de chalanes pusieron a disposición del Jefe y la Iglesia, sus naves, así las orillas del río y la playa del Yucal, en la víspera al gran día, se convirtió en un enorme taller.

Y quedó la nave que abriría el esperado paseo, estaba llena de enormes muñecos de cartón y tela llamados “La mojiganga”, seguía el segundo chalán donde irían “Juan El Bautista” y las autoridades eclesiásticas, y luego, un sinfín de embarcaciones asignadas a la Estandart Fruit Company, Cámara de Comercio, Sociedad Mutualista, Trabajadores de carga blanca y alijadores, La escuela y Banda de Guerra del Profesor Salazar y autoridades.

Cada año el evento cobró fuerza y fama en el Sotavento, pero en 1926 se volvió a suspender por la famosa “Guerra Cristera” de lo que no estuvimos excentos.

Fue en 1929 a un año de ser elevada de Villa a Ciudad, siendo Presidente Municipal Enrique Vélez, éste animó al cura de ese tiempo y a la ciudadanía, y así se retomó la hermosa festividad.

Siempre se contó con el apoyo de los dueños de las flotillas de Chalanes, ellos eran: Diego de la Cruz, Chalo Figueroa, Luis Rodríguez “El Toche”, Rafael García “Cañita”, Simón Maus, Juvencio Parra, y otros más.

También figuraban los músicos del pueblo: “La Banda Municipal” de Víctor Manuel Loyo, “La Lira Tuxtepecana” de Juan Silva, “El Alma India” de los hermanos Castillo, Los Jaraneros de Martín Pavón y “Los buenos del Barrio de Abajo” de Chicho Castro…

Y decían los Tuxtepecanos: ¡la mejor celebración a San Juan se dio en el año 1930 y que organizó el matrimonio formado por Isabel Rangel y Rafael Flores!
Ellos tenían una deuda pendiente con el Patrono, ya que meses atrás, la señora Isabel viajó a Otatitlán, a visitar a sus familiares con motivo del festejo de la Santa Cruz, pero a los pocos minutos de arribar, ¡falleció!; muerte que dictaminó el médico japonés “Kendo”.

La familia de Tuxtepec fue a su encuentro, depositaron su cuerpo sobre un catre como era la costumbre y la pusieron en una lancha para traerla por agua, la cubrieron con flores y comenzó el retorno. Los dolientes, todos apretujados se sentaron en la popa, la pala y los corredores de la embarcación. Ya casi llegando a Tuxtepec, ¡la difunta se incorporó y la gente fuera de sí, se tiró al agua!

Ya más controlados y ante la insistente pregunta de ¿qué me pasó? Narraron a Doña Isabel lo que había sucedido. Todo terminó en alegre fiesta y con la promesa de pagarle a San Juan, el hermoso milagro de resucitarla.

Las celebraciones se siguieron dando siempre con el decidido apoyo de las familias, Pardo Sánchez, Pardo y Ocampo, Prats Pardo y los altruistas Fernández Tamés, así como la inolvidable dama María Dolores Parallá.

En el año 1944, Tuxtepec desaparece a causa de una gran inundación. Cuando la población se recuperó le dio más importancia al inmediato suceso y se hacían grandes conmemoraciones venerando al “Señor del Desagravio”, pasando a segundo término la celebración de San Juan Bautista, no así la Iglesia que siempre lo ha venido honrando.

En los primeros años de los 50’s llegó la televisión. El invento absorbió la voluntad, el tiempo, la poca fe y muchas otras cosas, ese cajón mágico nos enajenó hasta el día de hoy… y así llegan a su fin aquellos bellos homenajes al Bautista.

Por hoy sólo hermosos  recuerdos como aquel… cuando ya cercanos los días al 24 de Junio, se sentía un gran gozo entre la gente del pueblo. Doña Tina Martínez y Virginia López visitaban las carnicerías de los tablajeros Manuel y Valentín López, para encargar la grasa de la res, con ella, hacían las tradicionales “memelas de manteca de vaca” o los “Tecollotes dulzones con sabor a anís”, ¡tan solicitados en las vendimias de San Juan!, además, alfajores de maíz, el pinole en cucuruchos de papel de estraza, palanquetas y melcochas en hojas de naranjo, cocadas y dulce de leche que se exhibían en la vitrinita portátil del famoso “Chaparrito” con su tijera de madera…

¡Ah… y la olla de popo espumoso y exquisito! ¡Cómo olvidar aquel grupo de mujeres del Castillo que llevaban el atole y las tortillas doraditas de coyol!... Hasta las arcadas de la Parroquia lucían la nobleza de esta palmera que con sus racimos en flor perfumaban el ambiente y la penca servía de adorno llena de festones y cadenas de papel crepé o china.

Y aquellos alegres muchachos en la torre mexicana tocando incesantemente un tamborcillo rústico, y abajo, otro grupo que tocaban sus armónicas, con melodías tristes o alegres que al pueblo le gustaban. Todos se ataban un paliacate rojo en la frente para evitar que el sudor le callera en los ojos, y a los pies del Santo; el popular “Concho León” con su desvencido violín de cuando fuera alumno de la Escuela Nacional de Música, al igual que él, el famoso “Mocho Díaz”, con su guitarra, dedicando al Santo, aquellas inolvidables mañanitas oaxaqueñas…

¡Oh Oaxaca tu cielo de zafir
Ya despuntan sus luces tornasol
Y en el campo se mira y a teñir
Con los besos dorados de tu sol!

Las alondras comienzan a cantar y las aves… mientras afuera los malvados e inhumanos descabezaban gallos en tropel con sus caballos, hacían  carreras de encostalados, palo encebado con un premio nada despreciable.

Las madrinas de estos eventos entregaban a los ganadores, una colorida banda de seda y ramo de isoras blancas, nuestra flor representativa.
Luego de la concelebración especial a las 12:00 del día, los fieles se dirigían a la calle de “Los Carriles”, hoy Vicente Guerrero para apostar en las carreras de caballos, ¡muchas chiriperas! Y lo estelar a las 3 de la tarde.

De inmediato regresaban a la esquina de Guerrero y Libertad, al coso taurino, para ahí, en un fuerte círculo de varazón de sauce, cumplir sus ansias de ser torero.

A las 7:00 de la tarde, sonaba el sacristán Felipito de Valencia, la vieja campana que invitaba al último acto en honor al Bautista ¡El Santo Rosario! Y terminado esto, en el atrio se iniciaba “El gran Fandango” y en la rotonda del Kiosco, el baile popular.

Frente al parque, en el domicilio de la modista del pueblo, la gente de la clase alta se daba cita para gastar la zapatilla en el flamante piso de ladrillo rojo por el almagre, donde se llevaba el ritmo de un vals que emanaba de la amplia bocina dorada de la vitrola, de la inolvidable dama Doña Carmen Uribe.

Gracias San Juan Bautista, porque en Tú nombre, pudimos hacer una parte de la historia de nuestro amado Tuxtepec.

¡Viva San Juan el Bautista!

SAN JUAN BAUTISTA

Mi pueblo ya está de fiesta
ya todo se ha puesto a tono
el habitante se apresta
a festejar al patrono.
La iglesia está deslumbrante
con su manita de cal
y la campana incesante
pues la misa va a empezar.
San Juan Bautista te luces
en el altar como un sol
con palmas, arcada y cruces
y olor a flor de coyol.
En el púlpito tallado
cual brocado reluciente
el cura todo ajuareado
le da el sermón a la gente.
Afuera la algarabía
con los puestos ya instalados
Chonita y su lotería
Y el carrusel de tía Cata.
¡Y viene la mojiganga!
que es obra de Minche Hazas
armando la guangaranga
muñecos de enorme trazas.
Por el río iba el paseo
con chalanes adornados
mil banderitas y flores
y muchachas un puñado.
Las notas de la marimba
y las jaranas tocando
el pueblo se divertía
mientras los cuetes tronando.
Por la tarde era el toreo
en Libertad y Guerrero
de cintas era el torneo
y sones pa’l fandanguero.
En la cantina de Chico
había “Carta Blanca” fría
con ella a empinar el pico
la moda de aquellos días.
Y la crueldad con donaire
se montaba en un caballo
y en un acto de barbarie
descabezaban los gallos.
Luego de tanta alegría
luego de tanta emoción
remataban ese día
con cadencias de danzón.
Con zapateo y jaranas
y marimba con afán
el pueblo así se ufana
de celebrar a San Juan.

Felipe Matías Velasco

Coordinación General: Felipe Matías Velasco
Coordinación Editorial: Luis Fernando Paredes Porras
Cuidado de la Edición y Producción: Eréndida Armas Aguirre
Ilustraciones: Cronos (En la versión impresa)
Producción: INCISO: Felipe Matías Velasco
Colección: Préstame tu Recuerdo

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