Se cumplió un aniversario más del fallecimiento de Constantino El Grande
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23 de mayo de 2022

 

ConoSER Bien

 

In hoc signo Vinces - "Con este signo vencerás".
Constantino I

 

El día  22 de mayo, se cumplen 1685 años del fallecimiento de Cayo Flavio Valerio Claudio Constantino, mejor conocido como Constantino I o Constantino El Grande, quien fue emperador de Roma desde su proclamación, el 25 de julio de 306, gobernando el Imperio, con gran influencia en Europa y caracterizándose por su constante crecimiento, hasta su muerte.

Y surge la pregunta ¿Por qué a más de un milenio y siete siglos de su fallecimiento, Constantino I sigue en la mente de la humanidad? Para contestar esta pregunta veamos qué dice la historia sobre él y cuál es su legado.

Se dice que Constantino I hubo de librar duros combates contra sus rivales hasta que, en la batalla del puente Milvio (312), se impuso a Majencio. Según lo recogió su biógrafo Eusebio de Cesarea en su obra “Vita Constantini”, cuando el emperador se dirigía a la batalla miró hacia el firmamento y sobre el Sol apareció una cruz rodeada por la leyenda “In hoc signo Vinces” (Con este signo vencerás).

Quedó tan impresionado por tal aparición que esa misma noche soñó con Jesucristo y como éste le dijo que si usaba ese signo en sus batallas lo haría invencible ante sus enemigos. Colocó este signo al frente de su tropa y en sus estandartes y se cree que por eso ganó la batalla, a pesar de contar con pocos hombres.

Gracias a esto fue que la cruz se hizo el símbolo del cristianismo, sustituyendo el símbolo que hasta entonces se había utilizado y que era conocido como IXTHUS (que representaba un pez y que era el acróstico de la frase “Iesous Xhristos Theou Hyios Soter” (Jesucristo, de Dios el Hijo, Salvador). Poco saben que la cruz no se comenzó a utilizar como símbolo de su religión hasta el siglo IV d. C., casi trescientos años después de cuando se crucificó a Jesús.

Al ganar la batalla Constantino I se convirtió al cristianismo, aunque no se bautizó hasta poco antes de morir. Fue él quien promulgó en el año 313 d. C. el conocido Edicto de Milán, que acabó con el culto estatal pagano en Roma y daba libertad religiosa y dejaba de perseguirse a los cristianos, quien unos años más tarde (exactamente en el año 325) decretó en el Concilio de Nicea que el símbolo de los cristianos debía ser la cruz.

En ese mismo Concilio de Nicea se estableció que la pascua podía celebrarse públicamente y sería el primer domingo tras la luna llena que sigue al equinoccio de primavera del hemisferio norte, hecho que permanece hasta nuestros días. La crucifixión fue abolida por razones de piedad cristiana, aunque el castigo fue sustituido por la horca para mostrar que existía la ley romana y la justicia.

Constantino reconstruyó y amplió la ciudad griega de Bizancio (la actual Estambul), a la que cambió el nombre por el de Constantinopla (330) y convirtió en capital cristiana del Imperio, en sustitución de Roma, símbolo del paganismo.

El emperador Constantino envío a su madre Flavia Julia Helena, conocida como Elena de Constantinopla, destacada por su ferviente cristianismo, a Tierra Santa para buscar la cruz donde murió el Salvador. Se cuenta que fue un tres de mayo que la encontró sepultada en un pozo y la mandó dividir en tres partes, una se envió a Constantinopla, otra a Jerusalén y la tercera a Roma, donde aún se conserva la reliquia, junto con un clavo, en la Basílica de la Santa Cruz de Jerusalén.

Otro legado de Constantino se traslada al 7 de marzo de 321, en donde emitió un edicto implantando la semana de siete días, copiada del calendario lunar de los mesopotámicos, además declarando que el domingo tenía que ser el día de descanso.

¿Por qué precisamente siete? Se piensa que fue concebida hace más de 4,000 años, cuando los mesopotámicos decidieron dividir el mes en períodos cortos. Su duración estaba ligada a la rotación de la Luna alrededor de la Tierra, 29.5 días, así que sencillamente redondearon ese número a 28 y lo dividieron en cuatro períodos de siete días.

Otra hipótesis indica que el siete, que es una constante en casi todas las culturas, tenía relación con los planetas que se podían observar a simple vista, los romanos nombraron los días en honor a sus dioses y los organizaron de acuerdo con un elaborado sistema de horas planetarias según el cual cada hora del día estaba gobernada por una deidad. La que gobernaba la primera hora de un día le daba su nombre.

Resultando en el siguiente orden: Dies Solaris / día del Sol / Domingo; Dies lunae / día de la Luna / lunes; Dies Martis / día de Marte / martes; Dies Mercurii / día de Mercurio / miércoles; Dies Jovis / día de Júpiter /jueves; Dies Veneris / día de Venus / viernes; Dies Saturni / día de Saturno / sábado. En la mayoría de los idiomas basados en el latín, los nombres de los días de la semana aún revelan esta conexión con los planetas clásicos.

En sus edictos Constantino mantenía un delicado equilibrio entre los principios religiosos y el pragmatismo económico. Si bien hoy se le recuerda como el primer emperador cristiano, estaba también asociado con el culto del Sol Invicto, que aparecía hasta en sus monedas.

Otros cambios de Constantino el Grande son: A un hombre condenado se le podía llevar a morir a la arena, pero no podía ser marcado en la cara, sino que debía serlo en los pies; Se ordenó la pena de muerte para todos aquellos que abusaran de la recaudación de impuestos recaudando más de lo autorizado; No se permitía mantener a los prisioneros en completa oscuridad, sino que era obligatorio que pudieran ver la luz del día; Los padres que permitieran que sus hijas fueran seducidas serían quemados introduciéndoles plomo fundido por la garganta; El propietario de un esclavo tenía sus derechos limitados, aunque aún podía golpearlo o matarlo; Los juegos de gladiadores fueron eliminados en 325, aunque esta prohibición tuvo poco efecto y por primera vez, las niñas no podían ser secuestradas.

Como se puede observar, amable lector, en el periodo en que gobernó Constantino el Grande se hicieron interesantes modificaciones a sus tradiciones y muchas de ellas existen hasta la actualidad.

 
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