
27 de junio de 2021
ConoSER Bien
Difícil ser mujer, universitaria y discapacitada en Estados Unidos a principios del siglo XX;
y más aún, siendo socialista.
Helen Keller
El día de hoy, 27 de junio (Día Internacional de la Sordoceguera), se cumplen 141 años del nacimiento de Helen Keller, escritora, oradora y activista política estadounidense. Mujer ejemplar que a pesar de sufrir discapacidad salió triunfante en su formación académica, lo que la hace digna de ejemplo. Fue la primera persona sordociega en obtener un título universitario. Este mundo y su complejidad nos demuestra a diario que nuestras quejas como humanos ordinarios son totalmente insignificantes al lado de los problemas reales de otras personas, como los de Helen.
Helen Adams Keller era una niña muy inteligente desde que era bebé. Nació con perfecta salud, a los 7 meses ya decía algunas palabras con claridad y había aprendido a caminar antes de cumplir el primer año. Su visión era precisa. Entre las primeras palabras que decía “agua” era su favorita, de hecho, esta misma palabra se quedó en la memoria de Helen luego de haber sufrido la enfermedad que le cambiaría la vida.
A los 19 meses de edad, la pequeña Helen comenzó a presentar síntomas de una enfermedad que en su época definirían como congestión cerebro-estomacal, pero de acuerdo con los médicos en la actualidad, todo apuntaba a ser sarampión, escarlatina o meningitis. A causa de esta enfermedad, Keller perdió la vista y el oído, lo que le impidió desarrollar el habla y adquirir otras habilidades durante sus primeros años de vida.
Sus padres tenían una granja y su padre había sido propietario del periódico Tuscumbia North Alabamian. Era una familia con comodidades y una buena situación económica. Sus padres contrataron a una institutriz irlandesa, Anne Sullivan, quien consiguió enseñarle el lenguaje de los sordomudos lo que cambió radicalmente su vida. Gracias a la dedicación de Anne, Hellen pronto aprendió a leer y escribir en braille y a pensar y hablar usando el método Tadoma: tocando los labios de otros mientras hablan, sintiendo las vibraciones y deletreando los caracteres alfabéticos en la palma de la mano.
Gracias a la constancia Helen realizó grandes progresos para poder comunicarse con su entorno hasta que, junto con su institutriz, cursó estudios especiales en la institución Horace Man School para sordos de Boston y en la Wright-Humason Oral School, en Nueva York, donde no solo aprendió a hablar, leer y escribir, sino que se capacitó para acceder a estudios superiores.
Siempre acompañada por su institutriz, desde 1900 hasta 1904, completó su formación en el Radcliffe College, donde se graduó con la mención Cum laude y comenzó a interesarse por la situación social y la desigualdad entre las personas. Militante activa del partido socialista, luchó por los derechos de los trabajadores y de las personas con discapacidades. Pronunció numerosas conferencias y recibió varias distinciones tanto en su país como durante diversos viajes a Europa y África.
Keller encontró en la escritura el modo de expresar su difícil experiencia. Sus libros pronto se convirtieron en un ejemplo de tenacidad y resistencia frente a las adversidades, especialmente las dolencias físicas. Entre sus publicaciones destacan La historia de mi vida (1902), Optimismo (1903), El mundo en el que vivo (1908) –libro que le valió su fama internacional y en el que describe el contraste entre la riqueza de su vida interior y la disminuida vida sensorial de la que Keller fue víctima-, Canción del muro de piedra (1910), Fuera de la oscuridad (1913), Mi religión (1927), El medio de una corriente (1929), Paz en el atardecer (1932), El diario de Helen Keller (1938) y Déjame tener fe (1940).
En 1932, Hellen Keller fue nombrada vicepresidenta del Royal Institute for the blind in the United Kingdom. En 1934 tuvo ocasión de devolver los favores prestados y la persistente dedicación de su institutriz Anne Sullivan, cuando ésta perdió la vista de forma imprevista. Keller publicó también algunos artículos en la prensa y en revistas especializadas.
En 1964, el president Lyndon B. Jonhson reconoció la labor de Helen Keller otorgándole la Medalla Presidencial de Libertad, la más importante condecoración civil estadounidense. Desde 1980, por decreto de Jimmy Carter, el día de su natalicio es conmemorado como el «Día de Helen Keller».
Es por lo anterior, estimado lector, que el Día Internacional de la Sordoceguera fue declarado el 27 de junio como homenaje al natalicio de Helen Keller.


Twitter @jarymorgado






