René Avilés Fabila ya es de Puebla
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martinez garcilazo.jpgRené Avilés Fabila ya es de Puebla
 

Roberto Martínez Garcilazo*

¿Qué significa recibir la copia de la real cédula, que firmó el rey Carlos V en 1538, mediante la cual Puebla obtuvo su escudo de armas?


Es de suponerse que aquel documento fue enviado a las autoridades de esta localidad. También podemos suponer que la persona que lo recibió era residente de estas tierras circundadas de volcanes y que además cumplió con su obligación de hacer pública aquella disposición real.

Es decir, hoy, cuatrocientos setenta y dos años después, la entrega de la copia de la real cédula es un acto simbólico que recrea aquel momento crucial de nuestra microhistoria  confiriendo, al que la recibe, el altísimo honor de ser –vicariamente-  el primer ciudadano de la ciudad que asume su novísimo escudo de armas con el que enfrentará el curso de los siglos y de las eventualidades humanas.

¡Qué mayor honor puede existir que recibir tal documento de manos de la primera autoridad de la ciudad! Tal vez ninguno, porque este es un acto de amistad cívica que reconoce que son tan elevados los méritos humanos y profesionales  de un ciudadano que –nacido aquí o en otra tierra-  merece poseer la escritura fundacional de la Ciudad; el acta de nacimiento  de Puebla.

Simbólicamente es –también- el otorgamiento de la ciudadanía, de la oriundez y de la paridad al otro en grado mítico, porque es un acto que refiere el origen de nuestra polis protegida por cinco torres, dos ángeles custodios y un verso sagrado de libro de los Salmos. Cinco más dos,  más uno; ocho: el número de la perfección perenne.  

Hoy, el cabildo de la Ciudad de Puebla de Zaragoza entrega a René Avilés Fabila (RAF) –a las 13.00 horas en el salón epónimo de la sede del poder municipal-  en justicia a sus méritos y en  homenaje a sus 50 años de escritor y 70 de vida, la copia de ese documento centenario.

Porque es un mexicano de excepción, un protagonista de la literatura mexicana contemporánea que tiene en su haber 35 libros publicados y que ha dedicado toda su vida a la literatura, a la docencia, al periodismo y a la promoción cultural. Y, además, porque su relación con Puebla es larga y fecunda y tiene dos caminos de realización: El primero; la docencia ya que de manera regular viene a la ciudad como profesor a impartir cursos, talleres y conferencias, tanto en la preparatoria Emiliano Zapata de la BUAP como en la Casa del Escritor de la Secretaría de Cultura . Y el segundo; por medio del trato  personal, que ha cultivado durante casi seis décadas, con poblanos eminentes como Vicente Lombardo Toledano, Gastón García Cantú, Germán List Arzubide, Elena Garro, Ernesto de la Torre Villar y Salvador Cruz Montalvo.

El próximo 15 de noviembre René Avilés Fabila cumplirá 70 años y llegará a la edad de la plenitud Socrática.

Escribo lo anterior porque Fernando Savater, en su libro “Historia de la Filosofía, sin temor y sin temblor” escribe que Sócrates al llegar a los 70 años fue acusado por algunos ciudadanos conservadores de Atenas de impiedad con los dioses de la ciudad; de corromper a los jóvenes con sus enseñanzas; y, en consecuencia, fue condenado a morir bebiendo cicuta por su propia mano.

Llaman mi atención los cargos que se le formularon al filósofo porque son los mismos que podrían enderezarse contra RAF si éste hubiera sido un ateniense del siglo IV antes de Cristo: incredulidad  ante los falsos dioses de la polis y liberación  de la juventud por medio de la enseñanza dialéctica.

Y es que ahora descubro que no es una trilogía, sino una tetralogía la que RAF ha escrito en contra de los dioses de la polis, es decir, en contra el poder:

Los Juegos (1967), contra el poder simbólico de las mafias culturales; El Gran Solitario en Palacio (1971), contra el poder político; Nueva Utopía y Los Guerrilleros (1973), contra el poder del fanatismo teleológico revolucionario; y El Evangelio según René Avilés Fabila (2009), contra el poder religioso. 

Sin duda, desde esta perspectiva analógica, René Avilés Favila sería también culpable de impiedad contra los dioses constituidos del estatus y de corrupción de la juventud (nótese que lo escribo con bastardillas, no vaya a ser que algún ingenuo lo crea a pie juntillas), porque en su larga trayectoria como profesor ha practicado cotidianamente la mayéutica socrática y ha promovido en su alumnos la indagación oracular délfica del “conócete  a ti mismo”. Muy griegas, también, son su ironía –que propicia dudas y búsqueda del conocimiento- y su naturaleza hedonista –que conduce a la creación estética y los placeres sibaritas.

Curioso lector, al principio de este escrito me preguntaba sobre el significado de recibir la copia de la real cédula. Ahora, al final de éste me interrogo sobre qué significa entregarla. Ensayo la siguiente respuesta: Al conceder la real cédula, la Ciudad (nosotros) está (estamos) seleccionando en los rasgos del recipiendario, los valores que quiere (queremos) para Ella (para nosotros). En este caso, los habitantes de la polis resguardada por las cinco torres, queremos para nosotros la inteligencia, el buen humor, la alegría de vivir y el espíritu crítico de René Avilés Fabila. Qué sea, para todos, hora buena. 
 

*Roberto Martínez Garcilazo es poeta y escritor poblano, director de Literatura, Ediciones y Bibliotecas de la Secretaría de Cultura de Puebla. 

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