El luminoso arte de la ópera I (Artículo)
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26 de febrero de 2019

El soplo de Euterpe

…Dioses del Tártaro…¡Devuélvanme a Euridice…!

La suavidad de la tenue lluvia enmarcaba la fría llegada de la noche. El oleaje agónico y gorgojeante golpeaba las guardas de las calles venecianas, mientras los góndolas con sus farolas bamboleantes esperaban sitio para que sus engalanados pasajeros desembarcaran. El rancio y untuoso olor de las acuosas calles se elevaba como sello característico de la gran Venecia. Los terciopelos y sedas daban color a la gris tarde, telas venidas de Utrech, sedas de oriente, bordados de Brabante, esmeraldas y diamantes brillaban por doquier, era un gran atardecer digno de la rica República veneciana. Pronto comenzaría la primera función de ópera de pago de la historia. La expectación se levantaba por momentos y no sin gritos y empujones, la concurrencia ingresaba a la parroquia de san Casiano ya abarrotada de público.  Al final del invierno aun soplaban los vientos del norte, no obstante, el ambiente era alegre y cordial .Corría el día del Señor del seis de marzo de 1637 y si bien se trataba de la primera representación pagada, el arte de la ópera tenía un largo cordón umbilical que comenzaba con el venerable teatro griego y el cristianismo medieval.

Un viajero inglés, John Evelyn, asistente a una de estas representaciones dejó escrita su experiencia: “Corría el año de 1643, una  noche, el embajador de su majestad, habiendo reservado  antes nuestros asientos, fuimos a la ópera donde se representaba con música recitativa comedias y otras obras teatrales por los más excelentes músicos vocales e instrumentales, con diversas escenas pintadas y montadas con no menos arte de perspectiva y máquinas para volar en el aire, y otros magníficos artilugios. Tomado en su conjunto constituye una de las más suntuosas y caras diversiones que el ingenio humano pueda inventar”.

La fecha de 1637 acaso tiene un pálido valor referencial. Atrás de aquella fecha se encuentran siglos de evolución musical. Bajo la inercia poderosa del Renacimiento, el mundo griego y latino aun tenían vigorosa presencia en Europa. Para los griegos el drama constituía una experiencia religiosa  que actuaba con poderoso influjo en muchas obras importantes pictóricas, literarias  musicales y extendió su presencia en los siglos posteriores. Mucho antes, la Iglesia medieval, anclada a la Escritura, no desestimaba cualesquiera recurso para difundir el mensaje cristiano, incluso en México se intentó el teatro y las pastorelas, para convencer a los oriundos ágrafos y analfabetas con el mensaje del cristianismo.

Estas obras litúrgicas, acompañadas de propaganda religiosa, se conocen desde el siglo X.  Una obra fundamental que contribuye a la afirmación que muchas obras ya contenían los elementos básicos de la ópera, son claros en un manuscrito francés que proviene de Saint Benoit-sur-Loire. Este manuscrito contiene al menos diez obras con fines evangélicos  con música e indicaciones sobre decorados y vestuario.

Paulatinamente estas obras de inspiración litúrgica, evolucionaron a formas más complejas que alcanzaron gran aceptación en el transcurso de los siglos XIII  y XIV. Estas obras se representaron con variantes por toda Europa, especialmente en Italia en donde eran conocidas como Sacre Repesentazzioni. El estudio actual es importante por su propio valor artístico y por la senda que condujo al oratorio y después a la ópera como tal.

Paralela a las obras de aire litúrgico, se representaban las mascaradas, con contenidos profanos en las cuales la danza ocupaba un preponderante lugar. Los textos no poseían gran coherencia, sin embargo, eran muy populares en los diferentes pueblos donde músicos y danzantes trashumantes las presentaban.

Por su parte, otra componente de acción dramática eran las pastorales, menos complejas y solo habladas en las cuales aparecían ninfas, pastores y deidades en una puro ambiente bucólico. Pronto apareció el intermezzi, es decir, pequeños intermedios durante los cuales se representaba alguna pieza dramática y algunas partes cantadas y levantar el ánimo del público. Estos intermezzi eran acompañados de madrigales, canciones entonadas por varios cantantes que combinaban las voces. Al final del siglo XIV, el intermezzi había alcanzado una real independencia del resto de la obra. La acción descansaba en mimos que daban vida a farsas, bromas o acciones sentimentales la mayoría improvisadas.

Los textos principales provenían de poemas a los cuales se acompañaba con música popular. Así se unió a la riqueza representativa, la venerable comedia madrigalesca. Una de las pocas obras de esta índole, data de 1282 y se conoce bajo el título en francés antiguo de Li Giens de Robin et de Marion.  Obra que contiene primitivos madrigales y acción actuada pero desligada una de otra.

Estas formas, aun no eran ópera en stricto sensu, la música no era un elemento inherente a la acción dramática.  Estudios y evolución musical e instrumental darían siglos después casa y cobijo al gran arte operístico.

Paulatinamente, los vientos refrescantes del Renacimiento, comenzaron a modelar el sentido de la vida. El mundo griego se elevó a modelo ideal de la búsqueda del hombre nuevo, el hombre que trataba de encontrarse a si mismo bajo el reconocimiento de su propia naturaleza.  El teatro tomó como ideal la tragedia griega en la cual, el coro entona pequeñas melodías.

En 1456, Constantinopla, la capital luz del cristianismo de Oriente, cayó bajo el dominio turco. Los caminos se cerraron y lentamente comenzaron a conocerse obras fundamentales de filósofos y dramaturgos griegos antes desconocidos. La Poética de Aristóteles llegó a Florencia en 1498 y de inmediato impactó las mentes de filósofos y teólogos occidentales.  Para aquellos pensadores, quedó claro que el gran Aristóteles creía que el arte imita la naturaleza y así se desarrolló un nuevo orden estético.  Bajo estas ideas, el nacimiento de la ópera fue bautizada por estudios profundos que intentaban reconstruir el teatro griego     

Los primeros estudios teóricos fueron realizados por aficionados que se reunían para debatir, aprender griego, experimentar e incluso representar obras griegas.  Este grupo de poetas, músicos y otros artistas se reunía en Florencia y se les conocía como La Camerata. Este notable grupo comenzó a reunirse periódicamente hacia 1580  en el palacio de Giovanni di Bardi. Uno de los más notables miembros era Vincenzo Galilei, padre del célebre físico.  Galilei estudió profundamente las formas del madrigal, al tiempo que sus críticos comentarios se dirigían a dilucidar la superposición de voces y el énfasis que se recargaba en algunas palabras. Galilei pensaba que la música se disfruta pero el canto es ininteligible. Hay música pero no hay idea clara.

La Camerata  propuso voces que dijeran poesía con una entonación musical.  A esta forma, La Camerata la denominaba nuove musiche. Galilei, para ejemplificar sus estudios, adoptó versos de La Divina Comedia, el siguiente paso consistía en elaborar la acción teatral adaptado a la nuove musiche, el dramma o per música.

Continuará

Para esta semana:

1.-Claudio Monteverdi: Cruda Amarilli. Madrigal a cinco voces.

  2.-Vincenzo Galilei: Contrapunto primo e secondo 1584. Interpretan Therry Meunier y Jean-Marie Poirer. 2009.

3.-Vincenzo Galilei: The well tempered Lute. Zak Ozmo laud. Hyperion Records. 2014.

 

Alejandro Rivera Domínguez, miembro de la Asociación de Estudios del Pleistoceno.

Correspondencia: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo..

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