El implante dental más antiguo de Europa
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23 de enero de 2018

En un yacimiento de La Chêne, al norte de Francia, donde se querían levantar viviendas, se descubrieron por azar cuatro cámaras funerarias. Nada más abrir las tumbas, el equipo de arqueólogos que se trasladó hasta el lugar del hallazgo se encargó de fotografiar todo al detalle. Después, se llevó los restos a sus laboratorios donde finalmente descubrieron que se trataban de cuatro tumbas del siglo III a.C.

A medida que avanzaron las investigaciones, los expertos de la Universidad de Burdeos (Francia) han desvelado que los restos de una de las cámaras correspondían a una joven que murió en el año 250 a.C cuando tenía unos 20 o 30 años. Además, según sus datos, todo apunta a que esta mujer llevaba el implante dental más antiguo que se ha descubierto hasta ahora en Europa occidental, tal y como se publica la revista Antiquity.

«La prótesis dental más antigua del este de Europa fue hallada en una necrópolis galo-romana en Essone (Francia). Ésta data del siglo II d.C. La prótesis que se encontró es cuatro siglos más antigua. Los etruscos en Italia eran los mejores maestros de la odontología durante el Antigüedad. Solían utilizar aplicaciones dentales en el siglo VII a.C», explica el investigador principal del estudio Guillaume Seguin. En concreto lo que hallaron en la excavación fueron restos de la joven, brazaletes para embellecerla y 32 dientes, entre ellos uno de metal. El investigador Seguin fue el que se dio cuenta de que, tras contar los dientes, en lugar de 32 había 31. De hecho utilizó las fotos tomadas durante la excavación para confirmar que el lugar donde debía haber un diente, en realidad lo ocupaba un trozo de metal de unos 2,4 centímetros de longitud.

Se han señalado tres teorías para explicar por qué se encontraba ahí la prótesis dental. La primera de ellas es que el diente pudo romperse, quedando tan solo la raíz por cuyo interior pasa un pequeño canal que se une a los nervios de la encía. Para solventar la ausencia del diente se colocó en ese canal el pequeño trozo de metal. Sin embargo, «las medidas del metal son más grandes e introducir ese metal hubiese sido bastante doloroso», explica Laura Martín-Francés antropóloga dental del CENIEH (Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana). Otra es que el diente se hubiese caído por completo, dejando así un vacío en la encía que se sustituyó por el trozo de metal. Pero hasta que el trozo de metal se acoplase a la perfección dentro de la encía se necesita tiempo para que «el hueso se vaya cerrando y quede sujeto», explica la investigadora. «Meter un metal en esta zona es arriesgado porque éste se infecta, así como la sangre, y el individuo podría morirse o tener un absceso», asegura.

Finalmente, la hipótesis más aceptada por Martín-Francés es que el trozo de metal se hubiese introducido en la mandíbula al poco tiempo de la muerte de la mujer, ya que ésta lo pudo haber perdido en vida. «Se le habría puesto el diente para embellecer el cadáver», apostilla. «Tal vez perdió el diente poco antes de morir. Después, le introdujeron el metal. Hay que tener en cuenta que si pierdes un diente el hueso se reabsorbe, en este caso el trozo de metal se consiguió introducir en el alvéolo del diente», añade la investigadora.

Museo de Odontología de la BUAP.

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