17 de abril de 2015
- La Historia Jamás Contada -
Uno de los determinantes a largo plazo del atraso endémico de muchas poblaciones y la confusión que provoca entre sus habitantes cualquier perturbación de su rutina diaria, es la ausencia de una historia objetiva, sustentada en hechos comprobables y consistentes entre sí, que pueda seguírseles el hilo de forma racional, lógica y sistemática a través del tiempo. Si no, cada uno será un fenómeno o dato aislado –inconexo-, susceptible de recibir una explicación cualquiera, incluso mítica o mágica, o ser desaparecido arbitrariamente sin afectar al conjunto.
Como sucedió con esta ciudad, cuya fundación se atribuye al sueño que tuvo el entonces obispo de Tlaxcala… la leyenda es bien conocida. Con todo y ser una fábula piadosa –religiosa- inscrita en la corriente visionaria y milagrera –la aparición de la Virgen de Guadalupe se dio a sólo 6 meses después- que acompañó la Reconquista de España y su posterior expansión en el mundo, se ha tratado de explicar a partir de ella el devenir de este asentamiento o “puebla”, resultando un amontonamiento de mitos sobre mitos, acrecentado con las sucesivas contribuciones de los “cronistas de costumbre”, historiadores hechizos –self made- desconocedores del método científico.
Es la razón de la afirmación del principio, pues si no existen referencias históricas definidas sobre las cuales tomar decisiones, sea gubernamental o individualmente, las respuestas a interrogantes como hacia dónde está el progreso –que significa “ir adelante”- o salir de una crisis, serán ilógicas –según la propia lógica de la Historia-, basadas en revelaciones, inspiraciones y parecidos eventos subjetivos.
¿Por qué se estableció una “puebla” precisamente aquí?, ¿qué función cumplía dentro del plan de colonización exhaustiva de la región?, ¿cuál era su relación con la capital de la Nueva España?, ¿un centro de acopio de insumos necesarios a la subsistencia de aquélla? Todas cuestiones no teológicas o “espirituales”, sino groseramente materiales. (Por cierto, ¿era fray Julián Garcés un visionario –que tenía visiones- como habría otros -y otras- aquí mismo? Pregunta nada ociosa.)
Puebla presenta asimismo indicios de haber sido un centro formativo de cuadros de Gobierno –otra vez una relación funcional a la Capital-, así como lugar de resguardo de bienes materiales y carnales –las jóvenes hijas de familias pudientes- de la aristocracia virreinal. (La recurrente alusión al “tesoro de Catedral” bien pudo surgir de ahí.) Y finalmente, algo de lo que no puede dudarse por existir vestigios materiales: el despliegue de una enorme riqueza desde sus primeros tiempos. ¿De dónde provenía semejante capital?, ¿de individuos y corporaciones inmensamente ricas que decidieron asegurarse una visa para el Cielo dedicándolo a construcciones y obras religiosas? Bastante improbable.
¡Hay tantas cosas aún por investigar sobre Puebla sin cortocircuitar ese empeño con mitos oníricos! Rastreando indicios y registros HISTÓRICOS en una ingeniería inversa hacia el pasado, se encontrará en un momento el punto cero de su fundación, habiéndose configurado en el proceso un modelo teórico que aportará respuestas racionales… ¡Basta ya de soñar, “que los sueños –como declaró acertadamente Calderón de la Barca- SUEÑOS SON”!
Fernando Acosta Reyes (@ferstarey - Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.) es fundador de la Sociedad Investigadora de lo Extraño (SIDLE), músico profesional y estudioso de los comportamientos sociales.








