27 de junio de 2014
“Ni siquiera la gente que quiere ir al cielo desea morir para llegar ahí”
Steve Jobs
La celebración del solsticio de verano, es tan antigua como la misma humanidad. Nuestros antepasados creían que el Sol no volvería a su esplendor total, ya que después de esta fecha, los días eran cada vez más cortos. Por esta razón los ritos de fuego de toda clase se iniciaban en la víspera del verano, para simbolizar el poder del Sol y ayudarle a renovar su energía y asegurar su renacimiento. El 21 de junio no es un día como los demás, la naturaleza, el hombre y las estrellas se disponen a celebrar una fiesta, cargada de gran poder y magia. Ese día se tiene un especial protagonismo: en el hemisferio norte es el día más largo y, por consiguiente, el poder de las tinieblas tiene su reinado más corto. En cualquier caso al Sol se le ayuda para que no decrezca y mantenga todo su vigor.
Se puede decir que todo empezó hace más de 5 mil años, cuando nuestros antepasados, apreciaron que en determinada época del año el Sol se mueve provocando días extremos que se les llamó solsticios (de sol significa Sol y sistere -quieto, refiriéndose a la aparente quietud del Sol en el cielo) de invierno y verano, los cuales ocurren los días diciembre 21 y junio 21 respectivamente, correspondiendo esta fechas al hemisferio norte, pues en el sur es al contrario. El día que veremos al Sol ponerse más al sur es el 21 de diciembre y el día que lo veremos ponerse más al norte es el 21 de junio.
Uno de los antecedentes de esta festividad es la celebración celta del Beltaine, cuyo nombre significaba “bello fuego” y era un festival en donde se encendían hogueras que eran saltadas por los más arriesgados. Así mismo los druidas hacían pasar el ganado entre las llamas para purificarlo y defenderlo contra las enfermedades, rogando a los dioses que el año fuera fructífero y no dudaban en sacrificar algún animal para que sus plegarias fueran mejor atendidas. Otra de las raíces de tan singular noche hay que buscarla en las fiestas griegas dedicadas al dios Apolo, que se celebraban en el solsticio de verano encendiendo grandes hogueras de carácter purificador. Los romanos, por su parte, dedicaron a la diosa de la guerra Minerva unas fiestas con fuegos y tenían la costumbre de saltar tres veces sobre las llamas.
En los antiguos mitos griegos a los solsticios se les llamaba “puertas”. La “puerta de los hombres”, correspondía al solsticio de verano a diferencia de “la puerta de los dioses” del solsticio de invierno. En la antigua religión romana, Janus es el dios de los comienzos y transiciones, y desde allí también de las puertas, las terminaciones y el tiempo. Por lo general se representa con dos caras, ya que mira hacia el futuro y hacia el pasado. Los romanos llamaron el mes de enero en su honor -ianuarius. Esta dicotomía fue rescatada por los cristianos relacionando a los solsticios con los dos Juanes (el Bautista en verano y el Evangelista en invierno).
Es por ello que el solsticio de verano está dedicado a San Juan el Bautista en un esfuerzo por cristianizar las numerosas fuerzas que se manifiestan en esta mágica jornada. ¿Por qué San Juan Bautista?: San Lucas narra en su Evangelio que María, en los días siguientes a la Anunciación, fue a visitar a su prima Isabel cuando ésta se hallaba en el sexto mes de embarazo. Por lo tanto, fue fácil fijar la solemnidad del Bautista seis meses antes del nacimiento de Cristo. Desde entonces se señaló esa noche, 24 de junio, como la de San Juan, muy próxima al solsticio de verano que ha heredado una serie de prácticas, y costumbres cuyos orígenes son inmemoriales en toda Europa y se han extendido por muchos pueblos de América. “San Juan Bautista es un Sol menor que abre camino al gran Sol que es Cristo, con una firmeza que hace temblar al mismo rey Herodes, es el único santo del que se celebra el nacimiento y no la muerte, y su fiesta, es una fiesta solar, de luz y de fuego, decantación de los más antiguos ritos de la humanidad en la más grande de todas las fiestas”. Mientras Jesús ocupa el solsticio de invierno, San Juan toma posesión del solsticio de verano porque fue imposible erradicar las ancestrales celebraciones solares.
San Juan Bautista abrió de par en par las puertas del cielo a los Juanes, que tras él entraron en legión, no lo cree así amable lector.

Jorge Rodríguez y Morgado (Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.) es catedrático universitario, conduce:ConoSERbien en Sabersinfin.com








