25 de junio de 2014
Los grandes derechos no se compran con lágrimas, sino con sangre
José Martí
Ayer se celebró por décima primera ocasión el Día Mundial del Donante de Sangre, designado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y aprobado por su Asamblea el 28 de mayo de 2005, en ésta se acordó celebrarlo el 14 de junio de todos los años. Los Estados Miembros reconocieron que “la donación de sangre de manera voluntaria y sin remuneración es la piedra angular del suministro nacional suficiente de sangre segura para satisfacer las necesidades de transfusión de todos los pacientes”. La fecha conmemora el nacimiento de Karl Landsteiner, científico que descubrió y tipificó los grupos sanguíneos y se le concedió el Premio Nobel de Fisiología y Medicina en el año 1930. A nivel global, el país anfitrión para este evento fue Sri Lanka, en la Región de las Américas, México.
El objetivo fundamental fue concientizar a la población sobre la necesidad de disponer de sangre y productos sanguíneos seguros y en agradecer a los donantes su contribución para salvar vidas humanas. La necesidad de una transfusión puede surgir en cualquier momento, tanto en las zonas urbanas como en las rurales y el hecho de que no haya sangre disponible para transfusión es causa de muerte y de sufrimiento para muchos pacientes. Cada año se recogen en el mundo 107 millones de unidades de sangre, aproximadamente un 50% de esas donaciones corresponden a los países de ingresos altos, que solo representan un 15% de la población del planeta.
El término sangre procede del latín “sanguis” que puede definirse como “suave”, dicho significado viene a expresar la textura que tiene la sangre al tocarse. A la sangre se la describe como “un líquido de tonalidad rojiza presente en el organismo de humanos y otros animales, cuya principal función de ella es garantizar que el oxígeno y los nutrientes se distribuyan entre las células de cada organismo, aunque también se encarga de recoger los elementos de desecho que surgen de estas mismas células”.
Se sabe que la sangre constituye alrededor del 7% del peso de la estructura corporal humana (una persona adulta tiene alrededor de cinco litros). Existen cuatro tipos de sangre: Grupos: A, B, AB y 0. Si una persona tiene un cierto grupo de sangre y le realizan una transfusión con sangre de otro tipo, enfermará y hasta puede llegar a morir. Es por ello, que es muy importante dar a conocer la existencia de los llamados bancos de sangre que se encargan de conservar la sangre que, de manera voluntaria y desinteresada, donan los ciudadanos para ayudar a todas aquellas personas que en algún momento requieran recibir una transfusión para poder seguir viviendo.
Investigaciones recientes indican que no todo el mundo puede donar sangre y quienes desean hacerlo deben cumplir con una serie de requisitos básicos. Según la Ley de Transfusión y Bancos de Sangre, para que la donación pueda ser realizada el donante debe tener entre 18 y 60 años de edad, pesar más de 50 kilos, tener presión arterial en niveles convenientes, no tener malestar o fiebre y no haber padecido alguna enfermedad de transmisión sexual o hepatitis después de los 10 años. Los donantes regulares, voluntarios y no remunerados son el grupo de donantes más seguros, puesto que son los que tienen la menor prevalencia de infecciones transmisibles por la sangre.
Pero, ¿por qué donar sangre y además gratis?, porque además de contribuir a salvar una vida, la donación de sangre mejora la salud del propio donante. La razón es que es una forma óptima de limpiar el sistema sanguíneo y reducir las probabilidades de padecer ataques cardíacos y accidentes cardiovasculares. Además, elimina las cantidades innecesarias de hierro en el organismo, beneficiando los procesos de circulación. En algunos lugares, no permiten donar sangre a personas tatuadas o con perforaciones. Lo que sí es importante es que el donante haya descansado el día anterior, comer cuatro horas antes y estar hidratado", y lo de porqué gratis es un valor moral.
Se relata que el Fausto, de Goethe, se hizo una pequeña incisión en la mano izquierda con una navaja, y que al tomar la pluma para firmar el contrato la sangre que brotaba de la herida formó las siguientes palabras: “¡Oh, hombre!, escápate”. Viene la observación de que el mal es un enemigo de la sangre y de que, por esta razón, Mefistófeles exigió que la firma se escribiera con sangre. Usted que opina estimado lector.

Jorge Rodríguez y Morgado (Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.) es catedrático universitario, conduce:ConoSERbien en Sabersinfin.com








