Educación Paradójica (1/2)
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RADIO Sabersinfin.com

 

 

 

4 de abril de 2014

Ahora que se presume está consumada la reforma  educativa del bisexenio  y los variados -pero de un solo origen- grupos de recta -¿o será “derecha”?- opinión –o presión- la saludan y hasta le quitan piedras del camino, mientras los proveedores –de aquí y allá afuera- del material y también del PERSONAL –“outsourced,” of course- necesarios para implementarla, se regocijan previendo sus ganancias no sólo monetarias sino IDEOLÓGICAS –porque de eso se trata en el fondo-, comenzamos a percatarnos de que está suspendida… en el aire… la pregunta fundamental, que todas las maniobras legislativas y propagandísticas no tomaron en cuenta y sus instigadores ni siquiera llegaron a formularse: ¿qué es la educación?

Porque si el párrafo anterior es enredado, la realidad de la que trata de captar una pequeñísima muestra lo es casi infinitamente más y la presunta -y presumida- reforma sólo contribuye a enmarañarla un poco –o un mucho, muchísimo- más todavía, cuando lo atinado hubiera sido comenzar a desenredarla.

Para hacerlo hay que lograr primero una definición y una referencia idónea es la de una figura central en el esoterismo que, una vez despojada de cualquier connotación sectaria, constituye un punto de partida válido para aproximarse al complejo hecho interhumano de la educación.

Me refiero al maestro-iniciador, cuya función es precisamente formar otro maestro a partir de un individuo común, pero dispuesto, mediante la transferencia sistemática de su experiencia de toda una vida dedicada al cultivo y eventual dominio de su arte, cualquiera que éste sea y partiendo de los elementos ya presentes en su discípulo: he aquí la educación en una cáscara de nuez.

¿Excesivamente simple? Para nada, pero su riqueza sólo puede apreciarse si se emplea esta especie de definición descriptiva como “piedra de toque” de las prácticas usuales dentro de los dispositivos humano-materiales destinados a educar, como las escuelas.

Así, el maestro debe primero dominar la materia –o el nivel o grado de ésta- que pretenda que su discípulo también domine: debe ser un maestro en ella. Un primer gran error del sistema es considerar que los mediocres –esto es, quienes se quedaron a la mitad- pueden hacerse cargo de INICIAR a los que no saben, pues esto sólo dificultará su camino.

Pero un maestro, aparte de su materia, debe dominar asimismo el arte de enseñarla, que en principio es diferente para cada una. (La falacia básica del modelo normalista es dar por hecho que todos pueden enseñar cualquier materia.) Pero no sólo eso, sino que su enseñanza debe estar adaptada a las cualidades específicas de su discípulo, pues si se apega servilmente a un modelo único, fracasará necesariamente.

Además, el discípulo no es un recipiente inerte, sino un ser con una subjetividad que tiene que ser convocada a colaborar en la tarea educativa, pues sin ella el educador no tiene nada. Es la situación en que nos encontramos actualmente…
 
Fernando AcostaFernando Acosta Reyes es investigador independiente de fenómenos extraños, amante de la música y estudioso de los comportamientos sociales.
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