UNESCO y la asfixia financiera del Estado rufián
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“Debilitar a la UNESCO es un acto perverso
para frenar el progreso”
Abel Pérez Rojas

La semana pasada la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) suspendió a Estados Unidos su derecho a voto en las decisiones que tome el organismo.

Lo anterior se debe a que desde el 31 de octubre de 2011 tanto Estados Unidos como Israel cancelaron su contribución financiera, porque la UNESCO aceptó como miembro a Palestina.

A simple vista pareciera que la suspensión del derecho de voto de los Estados Unidos es sólo una situación coyuntural que culminará con la decisión estadounidense de ponerse al corriente con sus contribuciones.

No es la primera vez que Estados Unidos suspende su cuota a la UNESCO, ya lo hizo entre 1984 y 2003 argumentando sesgos del organismo hacia el tercer mundo y excesivo burocratismo.

La actual suspensión financiera se sustenta en una ley del Congreso de Estados Unidos que dispone no apoyar a ningún ente de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) que acepte como Estado a Palestina.

La UNESCO sabía que aceptar a Palestina como un Estado miembro le sumiría en una profunda crisis económica, pero no se amilanó y paga las consecuencias.

Las contribuciones de Estados Unidos a la UNESCO representan el 22 por ciento del presupuesto del organismo, es decir, 240 millones de dólares anuales menos para proyectos internacionales en educación, ciencia y cultura.

En el fondo, la decisión tomada por la UNESCO de retirar el derecho de voto es mucho más que una medida administrativa, Irina Bokova, Directora General, fue precisa sobre la naturaleza del asunto: "Esto no es sólo acerca de la financiación. Esto es acerca de los valores. Esto es sobre el poder inteligente que se necesita hoy, para sentar las bases de una paz duradera y un desarrollo sostenible".

Pero en el ambiente internacional especializado en asuntos educativos la actitud norteamericana tiene otras lecturas.

Si bien la suspensión de cuotas del gobierno norteamericano  tiene sustento legal interno, también es cierto que existe un creciente interés de algunos sectores multinacionales conservadores de debilitar a la UNESCO.

Esto se debe a que en las décadas de los años sesenta y setenta del siglo pasado, la UNESCO representó la punta de lanza en el ejercicio real del derecho de todos a la educación.

Gracias a las investigaciones  y recomendaciones de la UNESCO en esas dos décadas se logró duplicar la escolarización y se cuadruplicó el gasto per cápita en educación en el mundo.

Desgraciadamente, en las dos últimas décadas del siglo XX se dio marcha atrás a la visión social de la educación.

Los documentos del Consenso de Washington y de la Organización Mundial del Comercio fueron permeando en el sentido de desaparecer la noción de educación como derecho de todos y pasarla al ámbito del mercado.

Actualmente las potencias mundiales han colocado a la  Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) sobre la UNESCO, es decir, economistas desplazando a educadores.

Dice Julio Rogero en su artículo “De la UNESCO a la OCDE. Del derecho a la educación a su mercantilización”: “Es verdad que la profunda crisis del capitalismo avanzado y el fracaso del neoliberalismo han puesto en cuestión todos los objetivos marcados por todos los gobiernos del mundo que se mueven en el marco del sistema capitalista. El problema es que la ocultación del derecho a la educación y su conversión en pura mercancía que se compra y se vende en el mercado educativo debilita los demás derechos humanos y aniquila la democracia”.

Tiene razón Irina Bokova, se necesita poder inteligente para el progreso; no chantaje financiero de un Estado rufián, como acertadamente ha calificado Noam Chomsky a los Estados Unidos.

Abel Pérez Rojas (@abelpr5) es escritor y educador permanente.

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