14 de agosto de 2013
- Sabersinfin -
“La voz inocente de Madre Tierra rebota sin conmover.
En cada oído cerrado la bestia gana. La vida pierde”.
Abel Pérez Rojas
Franklin Pierce, quien en 1854 era presidente de los Estados Unidos, envió una carta al jefe Seattle de la tribu Suwamish para comprarle territorios del noroeste de los Estados Unidos. Un año más tarde el jefe Seattle le responde a través de una carta de la cual le comparto las siguientes líneas:
“¿Cómo se puede comprar o vender el cielo o el calor de la tierra? Esa es para nosotros una idea extraña.
“Si nadie puede poseer la frescura del viento ni el fulgor del agua, ¿cómo es posible que usted se proponga comprarlos?
“Cada pedazo de esta tierra es sagrado para mi pueblo. Cada rama brillante de un pino, cada puñado de arena de las playas, la penumbra de la densa selva, cada rayo de luz y el zumbar de los insectos son sagrados en la memoria y vida de mi pueblo. La savia que recorre el cuerpo de los árboles lleva consigo la historia del piel roja.”
Por supuesto la cosmovisión del jefe Seattle sostiene que la naturaleza es nuestra madre y que cada componente de ella es sagrado.
Es que Madre Tierra, Pachamama Santa Tierra o Tonantzin es un sistema complejo en el cual interactúan dependientes unos de otros, sin jerarquías, siendo lo mismo: las aguas, los animales, la vegetación, los cielos, el suelo, el aire, los seres humanos. Cualquier daño al ambiente, por pequeño que sea, es una agresión a todo el planeta.
Por otra parte, en grupos reducidos, mujeres y hombres están dando su esfuerzo para defender a Madre Tierra.
Los divulgadores ambientales son de esos seres que tratan de crear conciencia en las sociedades que se mantienen al margen del llamado de auxilio de Tonantzin.
Hace poco conversé con un joven divulgador ambiental; me refiero al biólogo mexicano Jacinto Hernández Navarro, quien los dos últimos años ha dedicado gran parte de su tiempo a difundir temas diversos sobre el medio ambiente.
Jacinto, además de interactuar a través de la radio por Internet, ha fotografiado en su hábitat natural a casi 500 especies de aves que habitan en México. Jacinto sabe que debe darse prisa, porque se estima que de los años 1500 a 1850 desapareció en el mundo una especie de ave cada 10 años, pero ahora el ritmo podría haber aumentado a tal grado que cada hora desaparecería para siempre del planeta una especie de ave.
Para conocer un poco más sobre lo que provocan los desastres ambientales dé una lectura al libro "1491", que a la luz de la ciencia moderna revisa la gran catástrofe ecológica y cultural que significó la “conquista” de América.
Si la labor global de organizaciones como Green Peace parece diminuta ante la gigantesca catástrofe ambiental, ahora imagine la labor de un divulgador ambientalista independiente como lo es Jacinto Hernández y tantos otros que discretamente siguen el llamado de sus convicciones.
En el fondo de su ser los divulgadores ambientales se resisten a creer que las palabras del jefe Seattle son inevitables:
“¿Qué ha sucedido con el bosque espeso? Desapareció.
“¿Qué ha sucedido con el águila? Desapareció.
“La vida ha terminado. Ahora empieza la supervivencia.”
Como la esperanza puede más que el terror de las cifras, los divulgadores ambientales prosiguen su labor día a día preferentemente en Internet, en algún rincón periodístico impreso o cara a cara en cualquier espacio, y por supuesto principalmente consigo mismo para no desfallecer. ¿Por qué no los ayudamos también?
Abel Pérez Rojas (Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. / @abelpr5 / facebook.com/abelperezrojas) es poeta, comunicador y doctor en Educación Permanente. Dirige: Sabersinfin.com.








