LA SOCIEDAD DEL CONOCIMIENTO
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Es una evidencia que la escuela está en crisis. Cuando hablamos de escuela, no nos referimos sólo a la escuela de educación básica, esto es preescolar, la primaria y la secundaria, sino a todos los niveles diversos de enseñanza.

LA SOCIEDAD DEL CONOCIMIENTO

Por: Raúl García Tlapaya[1]  

 

Introducción

Es una evidencia que la escuela está en crisis. Cuando hablamos de escuela, no nos referimos sólo a la escuela de educación básica, esto es la preescolar, la primaria y la secundaria, sino a todos los niveles diversos de enseñanza. En todos ellos hay “algo que no funciona” y que, por eso, de un año para otro, los problemas son mayores y más complejos.

              El problema de la escuela preocupa a todos los países y, a pesar de la urgencia y las inversiones, no se ha hallado todavía la estrategia adecuada para solucionarlo.

              Ante esta situación, los sistemas educativos modernos establecidos por los estados han contribuido, en gran medida, a formar no sólo a los individuos, sino también a transformar la sociedad entera. De ahí que se encuentren sometidos a las críticas de la opinión y exigencias excesivas, cuando la sociedad evoluciona. Todo país, por esa razón, con frecuencia reforma su sistema escolar en lo que atañe a métodos pedagógicos, contenidos programáticos y de gestión. Sin embargo, por completas que sean esas reformas, es verosímil que la enseñanza escolar siga cumpliendo en el próximo siglo las principales funciones que desempeña hoy día, y su supervivencia dependerá esencialmente, de nuestra capacidad de preservar su “calidad” y su “pertinencia”.

                 No hay duda de que a medida que se desarrollan las actividades productivas se exige una preparación mayor en el personal. Es decir, se necesita una capacitación previa de los candidatos que formarán parte de la fuerza de trabajo. Aparece, pues, el factor encargado de dicha capacitación: el proceso educativo. Cabe aclarar, que la capacitación como fuerza de trabajo, no es el único objetivo del proceso educativo, ya que tiene, también, la gran responsabilidad de fortalecer los lazos culturales y de preparar sujetos sociales, críticos, que estén en condiciones ideológicas y científicas de generar y orientar los cambios que exige nuestra sociedad.

La globalización hoy.

Nuestro mundo está cada vez más interrelacionado: las personas y las mercancías se trasladan con mayor facilidad, mientras que la información circula con gran rapidez y en múltiples direcciones. Acontecimientos de índole diversa, ocurridos en cualquier parte del mundo, pueden repercutir en los lugares más alejados.

      La globalización no se inicia en nuestra era: tiene antecedentes remotos y distintas manifestaciones históricas. La modernidad y la modernización son su antesala y a la vez su expresión.

              Se reconoce una extraordinaria influencia de la globalización sobre América Latina. Aldo Ferrer afirma que “no es probablemente exagerado sostener que, en los cinco siglos transcurridos desde las epopeyas de Colón y de Vasco de Gama hasta la actualidad, América Latina es la región del mundo en que la globalización a impactado más profundamente” y que la persistencia del subdesarrollo latinoamericano en el inicio de este siglo “sugiere que, en el largo plazo, han prevalecido las malas sobre las buenas respuestas al dilema del desarrollo en el mundo global”.

              Hay coincidencia en concebir a la globalización actual como un proceso vertiginoso de cambios que afectan las relaciones entre países, como integrantes de una sociedad planetaria, y que su vigencia y expansión se expresa en tres dimensiones complementarias: una económica, caracterizada por la concentración del capital en poderosas corporaciones transnacionales, el predominio del capital especulativo sobre el capital productivo, la libre circulación de bienes y servicios, y una nueva organización del trabajo y de las denominadas industrias de la inteligencia; una cultural, influida por los efectos de la computadora y los avances insospechados en la informática y las comunicaciones; y una geopolítica, que expresa un nuevo balance del poder político en la esfera internacional, el debilitamiento de los Estados nacionales y el replanteamiento de la clásica noción de “soberanía nacional”. Lo económico es determinante en este proceso, al extremo de que hay quienes consideran a la globalización como “la parte económica del proceso de universalización y mundialización de la vida”.

         Fernando Enrique Cardoso, presidente del Brasil, subraya la directa relación de los efectos de la globalización con la gobernabilidad en nuestros países: “Lo principal es que, efectivamente, al mismo tiempo que existe este proceso de globalización, no existe un proceso simultáneo en el plano político, de reglas legitimadoras e implementadotas de las decisiones en el ámbito mundial. Hay un déficit en la capacidad política de control sobre las decisiones que afectan a la humanidad, que sea correspondiente a la globalización del sistema productivo. Este es un problema que tiene que ver con la gobernabilidad, con la renovación del pensamiento democrático que obliga a una reflexión que, en lo que respecta a la gobernabilidad, ya no puede restringirse únicamente al nivel nacional”.

             Nuestra época se caracteriza por profundas transformaciones en prácticamente todos los órdenes de la vida humana. Como ha sido señalado en diversos foros, el cambio “y el reclamo del cambio” ha sido característica y exigencia del fin del siglo veinte. Las transformaciones sociales, económicas, políticas, culturales y educativas, de tan intensas y cotidianas, tienen alcances que apenas se vislumbran.              El proceso de globalización económica, la interdependencia mundial y la conformación de bloques regionales constituye el nuevo contexto internacional en el que deben operar las instituciones de educación superior, con todos sus desafíos y oportunidades.

              La mayor interdependencia mundial conlleva riesgos para los países. Aquellos que sean más competitivos en la escena mundial serán los que sobresalgan y el mundo enfrenta el riesgo de una polarización aún mayor a la que hoy vive. Los efectos de la globalización y la liberalización tal como se dieron en el último tramo del siglo XX refuerza la desigualdad: un segmento social reducido, moderno y abierto al mundo, y una mayoría circunscrita a las preocupaciones de la supervivencia cotidiana y marginada del desarrollo económico. Como se ha visto la educación constituirá un factor fundamental para una mejor inserción de México en el contexto mundial. La sociedad en su conjunto tendrá que seguir realizando un gran esfuerzo para incrementar el nivel educativo de su fuerza de trabajo. Desde la educación básica hasta la superior, se requieren programas emergentes para la necesaria formación de las personas calificadas que protagonizarán el desarrollo económico, social y político del país.

La educación como prioridad.

              El informe a la UNESCO redactado por la Comisión de Educación para el Siglo XXI considera a la educación como herramienta y estrategia esencial para ayudar a los pueblos a prepararse ante los embates de la globalización y a enfrentar sus posibles repercusiones. Es, además, un instrumento potenciador de los cambios económicos, sociales y culturales que deberán llevarse a cabo para asumir victoriosamente los procesos de interdependencia que caracterizarán el siglo XXI. De acuerdo con este Informe, el mayor acceso a las oportunidades educacionales por parte de individuos y colectividades contribuirá a una mejor comprensión del mundo propio y el de los demás, a un mejor acceso al conocimiento y al desarrollo de actitudes, competencias y destrezas que los actuales individuos y grupos sociales requerirán para convivir en armonía y aprender a ser y desarrollarse en un mundo cada vez más complejo.

              Especialistas connotados han llegado a la convicción de que el crecimiento y la apertura económica, si bien son indispensables, no son suficientes para enfrentar males endémicos como la pobreza. Gracias a una educación más extendida y más calificada, será posible que una persona esté en mejor condición de vivir bien su vida cotidiana; las capacidades culturales serán para los sectores pobres tan o más importantes que las materiales para subsistir con dignidad. La emancipación de la persona pasa por la educación, es la llave que permite establecer y consolidar la democracia; abre la vía de un desarrollo sostenido a escala humana y de una paz fundada sobre la tolerancia y la justicia social. En un mundo donde la creatividad y los conocimientos tienen un papel cada vez más importante, el derecho a la educación es simplemente el derecho de todas las personas a participar plenamente en la vida del mundo moderno.

La sociedad del conocimiento.

              El siglo XXI se caracterizará por ser la era de la sociedad del conocimiento, que hoy apenas se vislumbra con todo y sus impactos de los que todos son testigos. El conocimiento constituirá el valor agregado fundamental en todos los procesos de producción de bienes y servicios de un país, haciendo que el dominio del saber sea el principal factor de su desarrollo auto sostenido.

                 Una sociedad basada en el conocimiento sólo puede darse en un contexto mundial abierto e interdependiente, toda vez que el conocimiento no tiene fronteras.

              La sociedad del conocimiento, sin embargo, no se reduce a su dimensión económica. Será una sociedad con capacidad para construir y retener su propia historia, sistematizar sus experiencias, enfrentar los desafíos de los mercados y de los cambios tecnológicos y, al mismo tiempo, de incorporar los puntos de vista de sus miembros y fundamentar el sentido de sus acciones.

              En el nuevo orden mundial los países que destaquen serán aquellos que además de dominar y aplicar productivamente el conocimiento logren aprovechar las fuerzas del cambio y se adapten a la crítica y productivamente al entorno cambiante. El desarrollo de las naciones dependerá, fundamentalmente, de la capacidad de generación y aplicación del conocimiento por su sociedad.

              El valor estratégico del conocimiento y de la información para las sociedades contemporáneas, refuerza el rol que desempeñan las instituciones de educación superior. El dominio del saber, al construir el principal factor de desarrollo, fortalece la importancia de la educación; ella constituye el principal valor de las naciones. Una sociedad que transita hacia una etapa basada en el conocimiento, ofrece nuevos horizontes a las instituciones educativas, tanto en sus tareas de formación de profesionales, investigadores y técnicos, como en la generación, aplicación y transferencia del conocimiento para atender los problemas del país.

              La educación superior del futuro será una puerta de acceso a la sociedad del conocimiento, quizá la puerta más importante por su situación privilegiada para la generación y transmisión del saber humano. En la sociedad del conocimiento, la universidad tradicional coexistirá con las universidades virtuales y con otras formas de universidad, como son las “universidades corporativas” de las empresas, creadas para satisfacer la demanda de educación permanente de su fuerza de trabajo en diferentes niveles ocupacionales. Estas universidades poseen una fuerte base tecnológica y se caracterizan por una estructura y un funcionamiento reticulado, bajo el principio de llevar la educación al individuo y no al individuo a la educación. Las universidades tradicionales se enfrentarán cada vez más a una fuerte competencia por parte de estas organizaciones educativas de las empresas y el reto salta a la vista.

                En la sociedad del conocimiento, la educación se concibe como un proceso integral sin limitaciones temporales de edad, de nivel o de establecimiento escolar. El acceso a la información y a la creación se desarrolla a lo largo de la vida, puesto que la sociedad de la información ofrece nuevos horizontes a la educación. Las instituciones de nivel superior no deberán concebirse más en una perspectiva de educación Terminal, ni restringir su misión educativa al otorgamiento de títulos y grados. Ellas están llamadas a desempeñar un papel estratégico para la actualización de los conocimientos de los hombres y mujeres, sea con propósito de actualización profesional y técnica, o bien por el simple deseo de acceso a nuevos saberes. “La educación superior deberá, así, incorporar el paradigma de la educación permanente, que implica dotar a los estudiantes de una disciplina intelectual bien cimentada para el autoaprendizaje en las diversas situaciones en que se encuentre. “La educación permanente plantea a la educación superior una nueva exigencia de mayor magnitud que la formación básica, pues para desempeñarse con éxito en el tiempo de sociedad en la cual se está desenvolviendo, necesitará cambiar sus concepciones y paradigmas de trabajo en materia de enseñanza y de aprendizaje. Al mismo tiempo, deberá  buscar nuevos socios y nuevas alianzas y trabajar de manera preactiva en un ambiente reticulado y pluralista, lo cual requerirá de cambios estructurales y funcionales profundos”.

              La sociedad del conocimiento no puede florecer en contextos autoritarios. Solamente con ciudadanos informados, formados y con posibilidad de expresar sus ideas, podrán superarse los retos a los que se enfrenta la sociedad. La información tendrá que incorporar valores acordes a la sociedad que se desea construir en el futuro, fincada en la democracia, la libertad, y la justicia social.

              En la era del conocimiento, la educación no cumple sólo papel estratégico para el crecimiento económico. Amplía sus fronteras a la configuración de un modelo de sociedad que proporcione bienestar a sus habitantes; disminuya las brechas entre regiones y grupos sociales; impulse la democracia como forma de vida en todos los campos de acción humana; promueva la tolerancia y el respeto para la convivencia social; coadyuve a la madurez política y facilite medios para que los hombres y mujeres de un país transformen e innoven constantemente sus condiciones de vida desde una perspectiva integral del desarrollo humano.

              Para que la educación en general y la educación superior en particular puedan cumplir con los nuevos roles que demanda la sociedad del conocimiento, éstas deben constituirse en la inversión prioritaria del país. Sociedad y gobiernos tendrán que elevar significativamente la inversión a este sector estratégico para el desarrollo de todos los sectores de la sociedad. Un nuevo pacto social entre gobiernos, sociedad e instituciones de educación superior deberá llevar a la definición de una política de Estado que haga viable las transformaciones estructurales que se demandan con una visión de largo alcance.

              Por todo esto, es casi seguro que las profesiones del porvenir serán radicalmente distintas a las del presente. Las universidades e institutos superiores, si desean sobrevivir, deberán considerar en serio una transformación de su quehacer, enfocar sus actividades principales a formar profesionales de nuevo tipo, capaces de identificar y resolver problemas más complejos que los del presente, que demandarán colaboración con sus iguales en otras partes del mundo. Será un profesional caracterizado por sus conocimientos amplios y su dominio de métodos y símbolos, más que por el acopio de información; que posea habilidades y destrezas para construir y transformar conocimientos, apto para diseñar procesos productivos y para participar activa y críticamente en el cambio social y el mercado mundial.

              Los futuros profesionales deberán saber generar sus conocimientos o buscarlos en el lugar del mundo donde éstos se encuentren. Las recetas simples o conocimientos digeridos, atentan contra el futuro.

REFERENCIAS:

-          Enrique G. León López. Víctor Bravo Ahuja y su Contribución a la Educación Tecnológica en México. Noriega Limusa, 1998.

-          Jacques Delors. La Educación Encierra un Tesoro. UNESCO, 1997.

-          Jesús Palacios. La Cuestión Escolar, Críticas y Alternativas. Fontamara, 1999.

-         Paul Black and J. Myron Atkin. Matemáticas, Ciencia y Tecnología – Innovaciones Educativas, Grupo Editorial Iberoamericana, 1977.  

-          Carlos Ornelas. El Sistema Educativo Mexicano, La transición de fin de siglo-Fondo de cultura económica, 1998.  

-          José Rivero. Educación y exclusión en América Latina – Tarea, 2000.  

-          Anuies. La Educación Superior en el Siglo XXI – Publicación Anuies, 1998.                   


[1] Raúl García Tlapaya es Director General del Instituto Tecnológico Superior de Libres y candidato a Doctor en Educación Permanente por el Centro Internacional de Prospectiva y Altos Estudios (CIPAE), Sabersinfin.com le agradece su anuencia para publicar el presente ensayo.

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